COLUMNA
 

 

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Por Aldo Rosado-Tuero
Hablemos de los presos que nadie menciona
 

El enemigo ha logrado meter en la cabeza de los informadores que hablar de otros presos cubanos que no sean los disidentes, o no sean los 75 de la llamada "Primavera de La Habana", es algo políticamente incorrecto. Por esa razón de la sinrazón, existen en las ergástulas castristas compatriotas que abandonaron las comodidades del exilio y fueron a Cuba arriesgándolo todo, a luchar por la libertad con las armas en la mano, a los que no se menciona. La inmensa mayoría de los cubanos de ambas orillas ignoran su existencia y sus sufrimientos. Nadie organiza campañas  internacionales para lograr su libertad.
 

Hombres que han hecho más, mucho más en contra de la tiranía que todos los publicitados líderes de la disidencia de terciopelo que pretenden cambiar el régimen desde sus torres de marfil con altisonantes declaraciones, proyectos “pierde tiempo” y plañideras peticiones de diálogo a los verdugos de nuestro pueblo. Hombres que llevan sobre sus hombros el decoro que falta a tantos otros. En fin, hombres con mayúscula que, venciendo obstáculos y trabajando en silencio, prepararon planes bélicos y los llevaron a cabo a costa de su libertad.
 

De esos hombres quiero hablar en mi columna de hoy, porque siempre han estado a la intemperie. No los han cobijado ni los fondos, ni los pertrechos, ni el dinero, ni la maquinaria propagandística de ninguna agencia de ningún gobierno extranjero.
 

Para ello he hurgado en los archivos del propio enemigo, extrayendo la verdad entre tanta mentira y bazofia propagandística, o recurrido a los eternos irreductibles que no se han dado por vencidos y que contra la luz roja de los "aliados" se han lanzado a la lucha, sin reparar en riesgos, con la intención de irlos rescatando del olvido de la mayoría. Porque, por la magnitud de su callado sacrificio, merecen estar en los corazones de los que en realidad quieren a Cuba y sueñan con una solución digna, que reivindique el honor ultrajado de nuestra nación.
 

Queremos dar las gracias a nuestro hermano Héctor Alfonso Ruiz "Fabián" por su cooperación. A pesar de su precaria salud y su apretada agenda, nos ha ayudado a conseguir nombres y datos.
 

Muchos de los que mencionaremos cayeron en manos del enemigo castrista desde los años noventa del siglo pasado y, según las informaciones que tenemos, todavía están presos. Agradeceríamos cualquier actualización sobre su situación que puedan facilitarnos los lectores de Radiografía Mundial. De muchos de ellos no tenemos ni siquiera fotografías.
 

Comenzamos hoy refiriéndonos a algunos de los presos del Directorio Insurreccional Nacionalista (DIN), como Alexis Lázaro Macías y Adalberto Ramos Monteagudo, capturados el 17 de septiembre de 1991 mientras realizaban una misión de infiltración en las costas cubanas. Se les ocupó la balsa en que desembarcaron, dos pistolas y una planta de radio.
 

Gustavo Rodríguez Sosa y Tomás Ramos Rodríguez, atrapados en la zona de  Santa Cruz del Norte, cuando conducían una infiltración armada patrocinada por el DIN y el PUND (Partido Unidad Nacional Democrática), el 14 de octubre de 1990.
 

Daniel Santovenia y Pedro de la Caridad Álvarez Pedroso, capturados  junto al mártir Eduardo Díaz Betancourt, que fue fusilado el 29 de diciembre de 1991. Esta fue una operación conjunta de Comandos L, el DIN y Alpha 66.
 

Gustavo David Torna, Miguel Angel Alfonso González y Eduardo González Torres, hechos prisioneros cuando procedían a desembarcar  en la Playa Carbó, en Yaguajay, Sancti Spíritus, el 19 de octubre de 1992.
 

José Benito Menéndez del Valle e Irelio Barroso Medina, hechos prisioneros el 4 de septiembre de 1994, cuando penetraron en Cuba por la zona de Palo Quemado, en Caibarién, Villaclara. A estos patriotas que no se quedaron en sus casas a ver pasar los acontecimientos, les fueron ocupados un fusil AKM plegable, una escopeta calibre 16, una subametralladora, tres pistolas y abundante parque.
 

Pedro Pablo Pulido Ortega, a quien se le ocupó  un cargamento de armas, consistente en cuatro fusiles (dos tipos SKS y dos AKM) cinco pistolas Makarov, una escopeta Winchester, parque para esas armas, bengalas, equipos de navegación "GPS", una brújula marina,  binoculares, un teléfono celular, una lancha Boston Whealer de 13 pies  de dos motores y otros pertrechos, así como proclamas impresas contra la tiranía castrista, cuando se le capturó el 16 de septiembre de 1996, en la zona de Punta Alegre, Ciego de Ávila.
 

Mencionemos también a otro irreductible olvidado de la gran prensa y de los “disidentes pacifistas” de intramuros. Me refiero a Armando Sosa Fortuny, que fue arrestado después de una exitosa infiltración el 15 de octubre de 1994. Fue sentenciado a 30 años de cárcel y permanece en la Prisión de Kilo 7, de Camagüey.  Otro olvidado al que los cubanos de vergüenza tenemos que reivindicar. Uno que después de cumplir una larga condena de prisión llegó al exilio y se volvió a enlistar en las filas de los irreductibles, y volvió con las armas en la mano, no merece el silencio cómplice de los "pacifistas",  ni la indiferencia de los "Ojataleros", ni el desprecio irreverente de los que al año y un día se van a Cuba a festejar y dejar su dinero en las arcas de los  opresores. Pero mucho menos merece el olvido de los patriotas de verdad.
 

Este patriota, junto a su hermano Arturo, al principio de la dictadura desembarcó por la provincia de Oriente fusil en mano, desbordante de coraje. Cumplió una larga condena de cárcel junto a los presos plantados y cuando fue liberado y llegó a Miami, lejos de dedicarse al descanso o a hacer dinero, volvió  a montarse en un barco para desembarcar en su tierra con las armas en la mano.          
 

Estos hombres no tienen quienes desfilen por ellos, ni existen comités por su liberación que puedan mover recursos y hacer campañas  internacionales reclamando su liberación después de tantos años de encierro. Sólo reciben la poca ayuda que a ellos y a sus familiares les pueden enviar esporádicamente sus compañeros de los movimientos independientes que los entrenaron y ayudaron a organizar misiones.
 

Y nosotros nos preguntamos: ¿Son estos hombres menos patriotas que los presos de ahora? ¿Tiene más valor caer preso por escribir una crónica periodística para el exterior, que por desembarcar en su propia tierra para llevarle armas y pertrechos a sus conciudadanos con el objetivo de luchar contra la tiranía?
  ¿No es hora de acordarnos de estos héroes anónimos y ponerlos a la par de los presos políticamente correctos? Usted, amigo lector, tiene la palabra.


 

 
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