El presidente de República Dominicana Leonel Fernández se anotó el viernes mil puntos al lograr lo que parecía imposible: La reconciliación de tres líderes de América Latina, aliados al castro-comunismo, con otro líder que ha sido su piedra de tranca en la región. Daniel Ortega, Hugo Chávez y Rafael Correa terminaron abrazándose con Álvaro Uribe después de una jornada en la que cada uno tuvo toda la libertad de hablar. De decirlo todo. De hablarse de tú a tú. Allí vimos a un Hugo Chávez muy distinto del que se mostró en rueda de prensa al lado de Correa, el día miércoles. Ahí frente al mundo entero estaba un Chávez conciliador, pacifista. Barney el amigo de todos. El Chávez del crucifijo y el perdón del 13 de abril del 2002. En ese momento, con Uribe frente a frente no hubo aquello de bandido, asesino, delincuente, miserable, mentiroso, paramilitar, etc., etc., que fueron los calificativos dirigidos por Chávez a Uribe en las últimas semanas, sobre todo después de la muerte de Raúl Reyes, llorada y repudiada por el Presidente venezolano. De los protagonistas, el único que no pudo disimular que la paz no le cuadraba, fue el presidente de Ecuador, Rafael Correa. Después de todo, el carácter de este personaje, que fue capaz en una oportunidad de llamar “gorda horrorosa” a una periodista cuya pregunta no le gustó, no le permite otra cosa.
La actitud de Hugo Chávez fue más bien de alivio. Después de todo lo que está dentro de las computadoras, no es cosa fácil. Y Uribe aceptó en apariencia dejar las cosas así.
Pero la realidad, es que las palabras, o los insultos más bien, se los lleva el viento, pero la información contenida en las computadoras de Raúl Reyes, sigue estando allí, y las computadoras en manos del FBI y la DEA. Raúl Reyes sigue estando muerto, y el secretariado de la FARC diezmado por las acción del Ejército colombiano. El gran triunfador sin duda fue Uribe, que se fue de República Dominicana limpio de culpas pero dejando en el ambiente la responsabilidad de Chávez y Correa en cuanto a la relación y financiamiento de grupos terroristas. Esa raya, no se las quita nadie. Y Uribe no se va a detener en la lucha contra la guerrilla, cada vez más exitosa. De este lado, Hugo Chávez se queda con el sinsabor de que su Fuerza Armada no le respondió como él quería cuando habló de guerra. La única que se cuadró para acudir a la batalla fue la patética Lina Ron. Los cuarteles están llenos de solicitudes de baja –al igual que la FARC- y el factor disciplina se ha resquebrajado notablemente. El Comandante no comanda. Y a eso se le suma que Cuba no quiso tomar parte en el conflicto. Raúl Castro pone sus barbas en remojo toda vez que tiene sus propios líos a enfrentar. Según Radio Martí, emisora que depende del Gobierno Federal (USA), a Raúl Castro le están instruyendo un expediente por delitos de lesa humanidad por los fusilamientos de 1959. No es su momento para apoyar en locuras a Hugo Chávez, pues. Chávez está cada día mas solo y el impasse con Colombia sólo sirvió para demostrárselo. Se despierta de su sueño bélico y allí siguen los mismos problemas que lo atormentan: La ineficacia de quiénes lo rodean, la corrupción, el desabastecimiento y el repudio del pueblo que antes lo adoró. Si bien en la Cumbre de Santo Domingo lució aletargado, su tranquilidad no durará mucho y tal como estamos acostumbrados, Uribe volverá a estar en su boca dentro de poco como un “delincuente, asesino, pro imperialista, etc., etc.…” cuando el Presidente colombiano vuelva a aparecer en escena, porque volverá, con la cabeza de otro jefe de las FARC.