Los hijos de Húrin y el origen de los tiempos
Saturday, April 26th, 2008Nataly Villena Vega
Nataly Villena Vega (Cuzco, Perú, 1975) es doctora en literatura comparada por la Universidad París III, Sorbonne Nouvelle y especialista en literatura latinoamericana, imagología, mediación cultural y cosmopolitismo. Ha publicado diversos artículos acerca del neo-fantástico. Es también autora de la novela Azul (2004), tiene cuentos publicados en diferentes revistas y antologías. Es editora de noticias de Literaturas.com
Los hijos de Húrin y el origen de los tiempos
Quien crea encontrarse frente a una novela enteramente desconocida de John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) se equivoca. Los hijos de Húrin (Ed. Minotauro, 2007) es producto de una paciente labor de reconstrucción llevada a cabo por Christopher Tolkien después de 33 años de la muerte de su padre. De ahí, pues, el carácter singular de este libro – aunque no sea en realidad el primero en haber sido publicado después de su muerte y previa edición, pues El Silmarillion apareció bajo el mismo procedimiento en 1977. El libro, además, viene ilustrado por Alan Lee, que había realizado el mismo trabajo para El Señor de los anillos y Bilbo el Hobbit.Uno se pregunta hasta qué punto la edición interviene en la naturaleza de un texto. La duda es despejada por el propio editor: “Después de un largo estudio de los manuscritos, he intentado construir un texto coherente sin invención editorial”, escribe Christopher Tolkien en la página web dedicada a la obra de su padre. Desde este punto de vista, estaríamos frente a un trabajo en el que Christopher Tolkien hace realidad el deseo de su padre de escribir una historia independiente acerca de la descendencia de Húrin.
Más que un collage, este libro es una suerte de integración narrativa de los distintos pasajes relativos a la historia de los hijos de Húrin en un solo texto completo de continuidad cronológica. Esta historia se encuentra parcialmente en El Silmarillion (junto a Beren y Lúthien y La caída de Gondolin) y Cuentos Inconclusos – segundo tomo del Libro de los Cuentos Perdidos. El resto de episodios provienen de textos que Tolkien dejó inconclusos.
Los hijos de Húrin corresponde a la primera etapa en el trabajo de Tolkien, quien a pesar de haber comenzado por la autobiografía, abandonó rápidamente dicha vía para entrar definitivamente en el género de la fantasy, que consideraba una literatura de evasión capaz de emocionar profundamente al lector.
Entre 1916 y 1917, comienza a escribir El libro de los Cuentos Perdidos, introduce ya la Tierra Media y redacta las primeras versiones de las leyendas del Silmarillion. Algunos años más tarde, entre 1920 y 1925, Tolkien escribe el libro de Los hijos de Húrin que abandona para ocuparse del The Lays of Leithian. En 1977 se publica finalmente El Silmarillion, comprendiendo algunas leyendas que serán integradas en Los hijos de Húrin: el Ainulindalë, el Valaquenta, el Quenta Silmarillion, y dos piezas independientes el Akallabeth y Of the Rings of Power and the Third Age.
Este libro es distinto a los que Tolkien publicó en vida. Es un texto ambicioso que se sitúa cronológicamente cientos de años antes de la historia contada en El señor de los anillos, cerca del final de la Primera Edad. Los hijos de Húrin es el relato del inicio de la Tierra Media. Podría entonces afirmarse que estamos frente al texto fundador de una saga. Es también uno de los más narrativos: la trama es compleja y ambiciosa, hay un formidable trabajo en los diálogos y un aliento épico fuera de lo común. La trama se sitúa en el contexto de la guerra contra Morgoth a la que algunos personajes hacen alusión en El señor de los anillos. La historia cuenta la implicación de los hombres en esta confrontación a través de la historia de Húrin y la de su hijo Túrin Turambar, pertenecientes a la casa Edain de Hador de Dor-lómin.
Empieza cuando Húrin se enfrenta a Morgoth, fuerza poderosa y maléfica, en la Batalla de las Lágrimas Innumerables y es hecho prisionero. Capturado, desafía a Morgoth quien lanza una maldición sobre su descendencia. El libro entero gira casi exclusivamente en torno a la vida de Túrin.
Seguimos, pues, la primera infancia de Túrin en Dor-lómin, reino de Húrin y Morwen, hasta que éste es asediado. Acompañamos a Túrin durante su viaje y exilio en Doriath, territorio de los elfos, donde Thingol y Melian lo hacen su hijo adoptivo. Morwen se queda con su hija Niënor, demasiado joven para enfrentar tan duro viaje. Túrin no volverá a verla hasta que se haya convertido en una jovencita.
Túrin se convierte en un guerrero imbatible y lucha contra los orcos en las fronteras de Doriath, pero una riña degenera en la muerte accidental de un elfo, que le obliga a auto-exilarse. Sin embargo, aunque su compañero de lucha Beleg parte en su búsqueda para anunciarle que ha sido perdonado por el Rey Thingol, Túrin se deja llevar por el orgullo y decide quedarse con la banda de los sin-ley a la que se ha unido. Junto a Beleg, Túrin la convierte en una suerte de guerrilla dispuesta a luchar contra los Orcos de Molgorth, sin embargo, al ser traicionados, la banda es aniquilada y Túrin hecho prisionero. Beleg va a rescatarlo a la caída de la noche, pero Túrin, quien no imagina lo que sucede, lo mata por error.
Luego, se dirige al reino de los elfos de Nargothrond, donde se convierte en un gran líder guerrero, uniendo fuerzas contra Morgoth durante mucho tiempo. A pesar de ello Nargothrond es invadido por los orcos, dirigidos por el dragón Glaurung. El dragón engaña a Túrin instándolo a volver a su casa en búsqueda de su madre y hermana. Así, la elfa Findulias, quien estaba enamorada de él, es asesinada antes de que Túrin pueda volver a rescatarla.
Su retorno a Dor-lómin es desastroso y está rodeado de muertes. Allí se entera de que Morwen y Niënor se han ido a Doriath para estar en seguridad. Pero Túrin no desea volver al reino de Thingol, y prefiere reunir a los hombres de Brethil para luchar contra los orcos. Su madre y Niënor, la hermana que no conoce, van a buscarlo, y ella encuentra al dragón Glaurung quien utiliza su magia haciendo que pierda la memoria. Túrin la encuentra vagando por el bosque y como no la conoce, la llama Níniel y más tarde se casa con ella.
Túrin retorne y reúne a los hombres de Brethil para enfrentarse a Glaurung, quien es vencido. Antes de morir, éste revela el carácter incestuoso de la unión entre Túrin y Níniel. Ésta, sumida en el remordimiento, se da la muerte. Al descubrirlo, Túrin elige el mismo destino. El libro termina con el encuentro final entre Húrin y Morwen.
Es bien sabido que Tolkien tenía una particular predilección por la historia de la antigüedad así como por los relatos y leyendas de los primeros tiempos, y estas influencias son perceptibles en Los hijos de Húrin. Manifestó además, en numerosas ocasiones, pretender crear una mitología inglesa a la manera de las mitologías griega y romana, ambición literaria que ha sido plenamente lograda.
Hay tres aspectos que merecen destacarse en Los hijos de Húrin, en primer lugar la tentativa de creación de una “primhistoria” literaria, luego la creación de una mitología de los orígenes y finalmente la visión singular que Tolkien imprime a la figura del héroe. Aunque estos aspectos no están ausentes del resto de sus libros, reciben aquí un tratamiento particular.
El fantasy y la primhistoria
El género fantástico – y más específicamente lo que la literatura anglosajona conoce como fantasy – se nutre esencialmente de la dificultad del hombre para encontrar su identidad, su lugar en el orden natural, y finalmente el sentido de su propia vida.
Sabemos que el mito proporciona claves para comprender el mundo y que éstas ayudan a responder a cuestionamientos individuales. Desde los tiempos antiguos el hombre recurrió a los mitos y a la cosmogonía para lanzarse a esta difícil tentativa y ambos fueron tomando progresivamente la forma del cuento.
El cuento sirve entonces para codificar la relación del hombre con las fuerzas elementales o divinas. Éste tiene además cuatro funciones que Dominique Besançon define como: didáctica, lúdica, artística y social. Así, el cuento permite expresar deseos y temores, hacer una interpretación del mundo y transmitir un saber. El subgénero que mejor ha aprovechado el nexo con lo mitológico es el cuento de hadas. Este género ha mantenido vigentes algunas de sus características, como el relativo arcaísmo en la narración y sus atmósferas de corte medieval.
Sin embargo, el género ha ido evolucionando hacia textos que siguen el formato de héroes confrontados a una fuerza maligna cuyo objetivo es destruir los valores de la humanidad. El fantasy es, pues, heredero directo de la mitología. Y es también el caso de Tolkien, quien se erige hoy como uno de sus mayores representantes.
Un componente de gran interés en el fantasy es la temporalidad, ya que éste recrea reinos imaginarios situados aún en el pasado del mundo conocido, eso que algunos denominan “primhistoria”. A diferencia de la protohistoria, este término define a un pasado alternativo de la humanidad, paralelo a la protohistoria, que se funda en mitos, leyendas, religiones y tradiciones. Tolkien se plantea el desafío de construir una primhistoria vasta y coherente en la cual todos sus libros están enmarcados.
Así, El Silmarillion sitúa los hechos narrados en un tiempo muy anterior al de El señor de los anillos, siendo este último, a su vez, y según el propio Tolkien, una suerte de anticipación mitológica de lo que hoy conocemos por Inglaterra. El Silmarillion relata los primeros tiempos de la Tierra Media, que según los especialistas de Tolkien coincidiría cronológicamente con la aparición del hombre en el planeta 1 y las primeras guerras de los Eldar (los altos elfos) contra el Vala Melkor, un mal que va en aumento.
La dimensión de su tarea va todavía más lejos, pues cada una de las novelas y relatos de Tolkien forma a su vez parte de un complejo y vasto entramado de argumentos que engloba enteramente la saga que éste ha creado. Las intrigas de cada uno de sus libros se inscriben en una intriga aún mayor, la de la propia primhistoria, que inicia con El Silmarillion y termina con el último libro del Señor de los Anillos. Es la primhistoria la que garantiza la cohesión de todos los volúmenes. Las analepsis (flashbacks) y prolepsis (anticipaciones) aseguran la continuidad del ciclo. De este modo se va tejiendo una poderosa red intertextual que se apoya en referencias a hechos y lugares, así como en la constante reaparición de personajes de otras epopeyas.
La historia, entendida como el paso a través del tiempo, aparece en los libros de Tolkien como un movimiento desde la luz hacia la obscuridad y el posterior retorno a la luz. La historia de la Tierra Media está dividida en cuatro Eras. Cada una de éstas dura mil años. La Primera corresponde al Mundo Antiguo, con la creación y la pérdida de las Joyas, una en el mar, otra en la tierra y otra en 1 Cabe resaltar que Tolkien aporta referencias cronológicas al señalar que la Guerra del Anillo tiene lugar 4 000 años a. C. y 37 000 años después de la creación de Arda.
los cielos. La Segunda Era es un tiempo de batallas, los elfos exilados son conminados a quedarse en el oeste, en la isla solitaria de Eressëa, pero los hombres de las Tres Casas deben habitar en la isla perdida de Númenor. Durante este período hay una interacción entre hombres y elfos, en particular a través de Túrin Turambar y su hermana Niënor o Níniel. A esta era corresponden las leyendas de Beren y Lúthien, La Caída de Gondolin y la de Eärendil el viajero. En este mismo período Sauron aumenta su poder y las Sombras se extienden por encima de los hombres. La Segunda Caída de los hombres determina el final del Mundo Antiguo y de las leyendas, y el inicio de la Tercera Era. La Guerra del Anillo precede así la desaparición del mundo mágico, de elfos, orcos, enanos y otros, y anuncia el reino de los hombres, etapa en la que Tolkien se detiene.
La historia de Húrin y sus hijos corresponde así, en esta cronología, a un tiempo oscuro, marcado por la tragedia, en el que los protagonistas se enfrentan a un destino poderoso e ineluctable. Es además, un tiempo de batallas, de dolor y de lucha por la sobrevivencia. Las fuerzas del mal parecen acabar, uno a uno, con los pocos territorios en los que aún resisten hombres y elfos. Primero Húrin y luego Túrin Turambar protagonizan sangrientas batallas, el primero en la Batalla de las Lágrimas Innumerables y el segundo en las cruentas luchas de Doriath, Nargothrond y Brethil. A pesar de ello, el Mal persiste latente y aún cuando los enemigos son destruidos, esas victorias nada pueden en un tiempo global e irremediablemente adverso.
Tolkien proporciona, sin embargo, un alto valor simbólico a los actos individuales dentro de la primhistoria. Aunque el destino de las sociedades sea determinado por fuerzas demasiado poderosas para que un solo hombre pueda hacerles frente, los actos de resistencia cotidianos harán que se mantenga la esperanza e irán minando progresivamente las fuerzas del mal hasta la llegada de una nueva era. Del mismo modo, todo acto contrario a la virtud tendrá una consecuencia globalmente nefasta. De este modo, Tolkien incorpora el destino individual en el flujo de la historia.
Una mitología de los orígenes
El que haya un fuerte componente mitológico no es ningún misterio, pues Tolkien ya lo había manifestado claramente, como lo señalamos en la introducción. Sin embargo, esta mitología de los orígenes presenta características singulares. Los temas, motivos y manifestaciones importantes y persistentes son aquellos de la humanidad arquetípica.
Si tenemos en cuenta que el mito es esencialmente una historia de transgresión, observamos que en este libro la transgresión es el motor de todas las acciones. La transgresión es a menudo de orden involuntario y es motivada por debilidades profundamente humanas como el orgullo y el rencor. Las acciones de los protagonistas tienen, así, un carácter ejemplar. Toda transgresión tiene un castigo. El libro en sí mismo, gira en torno a la transgresión del tabú mayor: el incesto.
Así, aunque la historia de Túrin es el tronco narrativo de este libro, el verdadero nudo gordiano es revelado por el título: se trata de la unión entre los hermanos Túrin y Niënor, presente solamente en los capítulos finales de Los hijos de Húrin. El personaje de Niënor, aparece brevemente en uno de los primeros capítulos y reaparece sólo en la segunda mitad del libro, cobrando progresivamente importancia hasta conducir la epopeya a un desenlace trágico. La alusión del título al destino de ambos jóvenes hace que su unión se convierta en el elemento clave de esta historia.
La búsqueda del equilibrio dramático es una característica de gran interés. Tolkien evita los tópicos y las leyes de causa y efecto funcionan pero la lógica que las gobierna es inesperada. El bien no siempre atrae lo bueno, y el mal se extiende aún allí donde el lector menos lo imaginaba.
Es difícil no ver en este libro algunas claras referencias al Antiguo Testamento, narración por excelencia de los orígenes. Entre las numerosas referencias bíblicas, tenemos por ejemplo la confrontación entre Morgoth (Melkor o Vala) y el Único, que se asemeja a la del Dios de los cristianos y Satanás o el ángel caído.
Detrás del rol que juega el dragón en la relación que establecen Túrin y Nienor, hay, creemos, un guiño al de la serpiente en el paraíso. El dragón con su insidia, sería así el elemento desencadenante de la tragedia que extraerá a los personajes de la relativa tranquilidad de su hogar.
Pero hay otra fuente de inspiración más clara aún, reivindicada por Tolkien y los especialistas en su obra, algunos elementos del Kalevala. El Kalevala es un poema épico finlandés compilado por Elias Lönnrot en el siglo XIX a partir de fuentes folclóricas. El héroe de este poema es Kullervo, un joven pastor, héroe trágico quien se enamora de su hermana sin saberlo.
Este poema está compuesto además por otras historias y es una grandiosa epopeya en la que luz y obscuridad son confrontadas, que termina con la llegada de los reyes mortales, el alejamiento de los dioses de la Tierra y la fundación de Finlandia como estado independiente.
Tolkien descubrió esta leyenda a través de una traducción hecha por W.F. Kirby en 1911 y empezó a trabajar en una versión de ella tres años más tarde. Esta versión se llamó “La historia de Kulervo”, donde retoma uno de los hilos narrativos centrales del Kalevala. Este texto nunca llegó a completarse, pero es el germen de la historia de Túrin, en torno a la cual gira Los hijos de Húrin.
Se sabe que Tolkien, como filólogo y profesor de literatura, primero en Leeds y luego en Oxford, había demostrado un remarcable interés por la mitología finlandesa, no así por la anglosajona, cuyas reescrituras del siglo XIX como la del Anillo de Wagner le parecían meras copias. Lo que Tolkien parece haber apreciado en la mitología nórdica es la fuerte presencia del pathos, siendo éste la íntima emoción presente en una novela, que despierta otra similar en el lector. Contrariamente a las grandes gestas de la tradición heroica, donde no cabe el sentimiento, en dichas leyendas el pathos es poderoso. Además, es probable que el carácter fundador de este poema con relación a la literatura finlandesa haya determinado en Tolkien el camino por seguir en el dominio literario inglés.
En cuanto a los lazos de la obra de Tolkien con la mitología anglosajona, Michael D.C. Drout muestra por ejemplo en su libro “A Mythology for Anglo-Saxon England”, que Tolkien creó una prehistoria anglosajona de la mitología, y cita como ejemplo la referencia que hace éste a los Geatas – que Tolkien conocía por ser una tribu del sur de Suecia –, cuya historia mitológica aparece tanto en El señor de los anillos como en Cuentos inacabados y El libro de las leyendas perdidas en su segunda parte. En dicho texto, los Geatas son los Goths y éstos a su vez son los ancestros de los anglosajones. Por este medio, Tolkien estaría emparentando su creación mitológica a los patrones míticos proto-germánicos.
El tema del incesto tampoco es nuevo, pues esta figura está muy presente en las leyendas acerca del Rey Arturo y Carlomagno.
Por otro lado, es interesante observar que en el imaginario de Tolkien hay también una fuerte presencia de la naturaleza. Es particularmente notoria la búsqueda del balance entre las fuerzas masculinas y femeninas (Valar y Valier) del aire, agua, tierra, espíritus de los muertos y de los sueños, hazañas y proezas. Así, cada Valar (a excepción del agua) tiene su equivalente femenino que gobierna un dominio similar. Tenemos por ejemplo a Manwë (aire), cuya pareja femenina es Varda (estrellas); luego a Aulë (tierra) que está unido a Yavanna (frutas); los Fëanturi (amos de los espíritus): Námo (Mandos) (guardián de las casas de los Muertos) está unido a Vairë la Tejedora (las redes del riempo) e Irmo (Lórien) (el amo de las visiones y de los sueños) está unido a Estë la sanadora; Tulkas (Astaldo) el valiente (Hazañas y prorezas) está unido a Nessa la bailarina (la amante de las hazañas); Oromë el cazador de monstruos, amante de los árboles, está unido a Vána la Siempre-joven (flores) (hermana de Yavanna). Los únicos en estar solos son Nienna la tranquila (lamento), hermana de Fëanturi, y Ulmo, quien controla el agua.
El héroe frente al destino
Joaquín María Aguirre manifiesta en un estudio sobre el héroe que éste “es siempre una propuesta, una encarnación de ideales”, y añade que la condición de héroe “proviene tanto de sus acciones como del valor que los demás le otorgan. Esto permite que la dimensión heroica varíe en cada situación histórica dependiendo de los valores imperantes. La sociedad engendra sus héroes a su imagen y semejanza o, para ser más exactos, conforme a la imagen idealizada que tiene de sí misma.”
Desde este punto de vista, el modo en el que el heroísmo de Túrin es presentado por Tolkien podría ser revelador en cuanto a la visión de este escritor frente a la Inglaterra de inicios de siglo. Podríamos así deducir que presentando a un héroe víctima de su propio orgullo y terquedad, Tolkien haría una crítica velada a la sociedad inglesa. Es interesante tener en cuenta que el período creativo de Tolkien tuvo como eco la guerra anglo-irlandesa, la división de Irlanda, la anexión de Irlanda del Norte a Inglaterra y las luchas independentistas del IRA. Esta construcción literaria de una mitología anglosajona podría entenderse como un esfuerzo creador en favor de la reconciliación y de la puesta en valor de los orígenes comunes. Como cualquier interpretación de la obra de un autor, esto merece, sin embargo, un estudio mucho más detenido y cuidadoso.
La historia de Túrin, hijo de Húrin fue escrita y reescrita por Tolkien en numerosas ocasiones. El autor afirmó haberse inspirado para este personaje de Edipo, de Sigurd the Volsung y del finlandés Kullervo, héroe del Kalevala.
A través de este personaje, Tolkien aborda el tema del exceso de heroísmo. Túrin es un personaje valiente pero impulsivo. Sus errores terminan por producir la muerte, primero la de su mejor amigo, la de una elfa que lo ama y luego la de Niënor, su esposa y hermana. Estamos frente a un héroe que es al mismo tiempo un anti-héroe.
En este libro de Tolkien, como en toda su obra, hay un interés particular por temas como el destino, la suerte, el azar y la relación de todos ellos con la libertad individual. En Los hijos de Húrin el destino es una fuerza silenciosa que termina por atrapar, una y otra vez, al hombre y su albedrío. El destino le da un precio a la libertad de Túrin, y ésta es ejercida a cambio del sacrificio de quienes lo aman o admiran. Esta ley imperceptible e inevitable, actuará en la tragedia de Beleg, muerto en el instante preciso en que éste libera a Túrin, y aún en su libre elección del amor, que lo une a Niënor, haciendo que ésta se quite la vida.
Otro aspecto recurrente en este libro es la cuestión de la identidad. Tanto los protagonistas como una gran parte de los personajes secundarios cambian de identidad al menos una vez en toda la narración. Cada uno de estos cambios sucede a situaciones traumáticas en las que los personajes sobreviven a batallas o experimentan tragedias personales.
El cambio de nombre no sólo es una tentativa de ocultar la identidad con el fin de sobrevivir, también implica recobrar un nuevo aliento y reconstruir el Yo en función de nuevas circunstancias. Túrin será así, sucesivamente: Neithan (el desposeído), cuando vive con los delincuentes; Agarwaen (el sangriento) nombre que se atribuye después de haber dado muerte a Beleg; Thurin, nombre que le da la elfa Findulias en Nargothrond; Adanedhel (el hombre elfo) como lo llaman los habitantes a su llegada a Nargothrond; Mormegil (la espada negra), nombre que le atribuyen como capitán del ejército de Nargothrond; y finalmente Turambar , como se hace conocer en Brethil y cuando se une a Niënor. Ésta a su vez, es Niënor (el duelo) y luego se convierte en Níniel (la hija de las lágrimas), así como Beleg también es conocido como Cúthalion.
Después de la lectura de Los hijos de Húrin nos sentimos tentados a cuestionarnos sobre el verdadero lugar que tiene el héroe en el imaginario de Tolkien. En esta magnífica novela, cargada de emoción y de una fuerza épica sorprendentes, el héroe es, pues, aquél capaz de renacer de las cenizas. Pero es también ése a quien el destino someterá a las más duras pruebas.
Bibliografía
Aguirre, Joaquín María. «Héroe y sociedad: El tema del individuo superior en la literatura decimonónica.» Revista Espéculo. Besançon, Dominique, et Sylvie Ferdinand. Gnomes, lutins, korrigans : Farfadets, trolls et autres génies du monde. Terre de Brume, 2006. Drout, Michael D.C. «A Mythology for Anglo-Saxon England .» in J.R.R. Tolkien and the Invention of Myth, de ed. Jane Chance, 335-62. Lexington, KY: University Press of Kentucky, 2004. Tolkien, J.R.R. Los hijos de Húrin. Barcelona: Ed. Minotauro, 2007. Vernant, Jean-Pierre. L’univers, les dieux, les hommes. Paris: Seuil, 2002.
