Editorial del Washington Post (Especial de Radiografía Mundial. COM)
Tuesday, April 29th, 2008“No hay espacio para disidentes”
Miami. (RM)- Hace pocas semanas, el Presidente cubano Raúl Castro introdujo un puñado de micro reformas al opresivo y en bancarrota régimen dejado por su hermano. Ahora los cubanos tienen autorización oficial para comprar teléfonos celulares, computadoras y hornos microondas; los trabajadores del estado pueden obtener la propiedad de las viviendas que han arrendado por décadas y los campesinos podrían vender parte de lo que producen a precios de mercado. Las medidas no tendrán mucho impacto (aún cuando evidentemente han preocupado al oficialmente retirado Fidel Castro): la mayoría de los cubanos no puede comprar productos electrónicos y las reformas en la agricultura se han quedado detrás de las tomadas por Corea del Norte hace unos años.
Las movidas del nuevo líder, sin embargo, han causado una oleada de curiosidad y especulación entre los observadores del tema cubano en los Estados Unidos y Europa, algunos de los cuales han comparado a Raúl Castro con Mijaíl Gorbachov. Los apologistas europeos de la dictadura de Castro liderados por el gobierno español reclaman que la Unión Europea normalice las relaciones diplomáticas con La Habana. Demócratas como el Senador Christopher J. Dodd (D-Conn.) han renovado sus llamados para levantar el embargo [en contra de Cuba], mientras se oponen al tratado de libre comercio con la democrática Colombia.
No sorprende que esos mismos partidarios de Cuba no hayan tenido mucho que decir acerca de otra señal que el Sr. Castro envió la semana pasada después que Las Damas de Blanco se acercaron a su oficina en la Plaza de la Revolución en La Habana. Cerca de diez miembros de este grupo se reunieron en un parque situado al borde de esa plaza diciendo que querían hablar con el nuevo Presidente sobre sus familiares: periodistas independientes, intelectuales y activistas políticos que fueron abruptamente arrestados y sentenciados a largas penas de prisión, cinco años atrás, durante la Primavera Negra de Cuba.
Cincuenta y cinco de los 75 disidentes encarcelados en aquel momento permanecen prisioneros junto con otros 175 presos políticos. Las mujeres no pudieron hablar con el Señor Castro, quien en cambio, envió a la policía y a grupos de matones del Partido al parque maltratarlas y sacarlas de allí rápidamente en un ómnibus. Inmediatamente la prensa estatal comenzó una campaña propagandística en contra de las mujeres usando el slogan habitual: “No habrá espacio en Cuba”, dijo el diario oficial Granma, “para adversarios, quintacolumnistas y mercenarios internos”.
Sí, cualquier cubano que no dependa del salario promedio anual, puede ahora comprar y activar un teléfono celular. Pero hay pocos indicadores de que el Sr. Castro considere aún el tipo de cambios que han transformado en dictaduras más prósperas a antiguos países comunistas como China y Viet-Nam. Y mucho menos una apertura política. Una prueba justa sería que el Sr. Castro respetase el Acuerdo Internacional de Derechos Civiles y Políticos que su gobierno firmó recientemente. El acuerdo garantiza no solo la libertad de reunión sino también el derecho a salir libremente del país. Recientemente los dirigentes oficiales cubanos han dado a entender que las restricciones que actualmente limitan los viajes al extranjero del ciudadano promedio puede que cambien. Ojala que así sea. Entonces el Sr. Castro podrá descubrir cuantos de los 11 millones de cubanos están deseosos de continuar soportando un régimen, que piensa que reformar el país es nada mas permitir la venta de hornos microondas.
