Por John Chalmers

PEKIN (Reuters) – “Más rápido, más alto, más fuerte” es el mensaje que resonará el viernes en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín y durante la batalla del país asiático con Estados Unidos por la supremacía deportiva global.
Pero los Juegos Olímpicos son mucho más que deporte, por supuesto.
En el camino hacia los Juegos, el presidente Hu Jintao buscó presentar a China como un país “armonioso” cuyo crecimiento no es una amenaza para nadie.
Para un analista, sin embargo, la imagen del Partido Comunista de China regodeándose con un triunfo nacional en medio de estadios relucientes podría ser un “momento Sputnik,” similar al impresionante lanzamiento de un satélite por parte de la emergente Unión Soviética en 1957.
Momento que, para muchos occidentales, inspirará tanto miedo como admiración.
Pero esa imagen pasa por alto la fragilidad de una nación acosada por polución, tensiones energéticas, descontento social y pobreza rural, todo lo que fue puesto al descubierto en el período previo a los Juegos.
Estas cuestiones se han convertido en motivos recurrentes en la historia de los Juegos de Pekín, junto con la condena a la política de China en derechos humanos, la ira respecto de sus restricciones a los medios, y las dudas occidentales acerca de su voluntad de reformar y actuar como una potencia global.
“Cualquiera que sean las implicaciones a largo plazo de los Juegos, lo que ha ocurrido hasta ahora no parece cercano a los sueños de gloria olímpica de Pekín,” expresaron desde el Consejo de Relaciones Exteriores, con base en Estados Unidos, Elizabeth C. Economy y Adam Segal en un reciente artículo titulado “La pesadilla olímpica de China.”
“En lugar de estar disfrutando de la admiración del mundo, China se encuentra acosada por protestas internas y condena internacional,” continuó el informe.
LOCOMOTORA CRUCIAL
La economía de China, en rápida expansión, se ha convertido en una locomotora crucial mientras la recesión se avecina en todo el globo. El país ya no es “el hombre enfermo de Asia,” y los Juegos de Pekín serán una confirmación para el resto del mundo.
“Para China, se trata de la cristalización de tres décadas de modernización, una enorme exhibición, su gran momento en el sol,” dijo Victor Cha, director de estudios asiáticos en la Universidad de Georgetown, en Washington y antiguamente asesor sobre Asia en la Casa Blanca.
A pesar de todos los dividendos de las florecientes conexiones comerciales y financieras de China con el mundo exterior, una “China naciente” es vista por gran parte de Oriente como una amenaza.
Estados Unidos, en particular, está preocupado por las ambiciones regionales de un país de 1.300 millones de habitantes cuyo gasto militar está aumentando bruscamente.
La superpotencia mundial también desconfía de los intereses económicos que China está reclamando en Africa y América Latina mientras registra la Tierra en busca de materia prima.
Además, el país norteamericano está inquieto por la influencia de Pekín como un acreedor “peso pesado” de deuda estadounidense y como fuente principal de sus importaciones.
“Lo que se va a transmitir son las construcciones y el esfuerzo impresionante que es todo esto. Este no es un régimen tambaleante, tampoco un caso perdido, y los Juegos van a poner de manifiesto este hecho,” dijo Drew Thompson, director de estudios de China en el Centro Nixon en Washington D.C.
“CERRADO, AGRESIVO Y FURIOSO”
Una lluvia de furia patriótica anteriormente este año, dirigida hacia objetivos occidentales vistos como simpatizantes con las protestas y disturbios tibetanos contra el Gobierno, evidenció gran parte del lado oscuro del auge de China.
Productos franceses fueron boicoteados luego de que manifestantes intentaron tomar la antorcha olímpica en su desfile por París. Además, algunos periodistas extranjeros en Pekín fueron bombardeados con correos electrónicos de odio.
“Lo que extranjeros vieron no fue una China racional, abierta y tolerante, sino una China cerrada, agresiva y furiosa,” escribió Zhao Lingmin en un comentario publicado en la revista de actualidad china South Breeze.
Cha apuntó que aunque el Gobierno a veces manipula arrebatos de nacionalismo, éste es una espada de doble filo. “Es algo muy peligroso para la conducción,” afirmó.
“Hoy se dirigirá hacia (la cadena) NBC por su transmisión negativa sobre los Juegos, pero mañana podría apuntarse en contra de la conducción,” reflexionó.
La cobertura de los disturbios en Tíbet fue seguida por la de un terremoto en la provincia de Sichuan que mató al menos 70.000 personas y que convirtió, de la noche a la mañana, la desaprobación global en empatía.
Para Kerry Brown, directivo del Programa de Asia en el comité de expertos de la organización Chatham House en Londres, estos dos sucesos mostraron -de modos muy diferentes- la fragilidad de la China moderna.
“Este enorme monstruo económico que asusta y preocupa a tanta gente afuera de China contiene en sí mismo profundos problemas y debilidades,” escribió en el sitio de internet www.opendemocracy.net.
El directivo dijo a Reuters que una debilidad principal es la enraizada pobreza y desigualdad social, particularmente entre los cientos de millones de trabajadores itinerantes “a partir de cuya sangre, sudor y lágrimas la China moderna es construida,” pero quienes actualmente se encuentran privados del derecho a voto..
“Después de los Juegos, el nivel de expectativas extranjeras aumentará, no decrecerá,” dijo Cha. “La gente le pedirá a China que haga más,” agregó.
(Reporte adicional por Chris Buckley y Paul Eckert’ Editado en español por Patricia Avila)