Aventuras y desventuras de Miami…
Saturday, September 13th, 2008Por JF Reyes
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La ciudad de Miami es única en el mundo. Tiene un Sol que te quema hasta los tuétanos, cuando llueve, es un “palo de agua” lo que cae del cielo y en la corta temporada invernal, usas un simple T-shirt en horas matutinas, para terminar transformado en un abrigado esquimal.
Miami es una ciudad de múltiples ruidos y sonidos. Igual se escucha en sus coloridas calles el trepitar de un molesto claxon que traduce el iracundo ánimo de un conductor hasta un gutural sonido, hueco e hiriente, cual salido de las cavernas, un extraño boom, boom, boom… proveniente de un auto lleno de artilugios vehiculares, con un chofer oculto y más bien acostado, al frente del timón.
Pero ahí no paran las cosas. El aparatico que suena en cualquier lugar, sea una funeraria o una cena familiar, el invento del siglo, el celular, que llegó para quedarse, es un personaje inseparable de estos lares.
Deténgase un momento y mire a su alrededor. No menos de diez personas deben de estar colgados del ya necesario móvil. Aquel celular que tenga incluido varias operaciones telefónicas a su vez, distingue a su dueño del resto de los mortales, le da “prestigio y categoría social”. No es igual portar un humilde “metropichies” que un lujoso Blackberry.
Conozco de personas, y lo digo con toda la seriedad del mundo, que los vemos muy ocupados en una conversación celular, lo curioso de tal cuestión es que no existe nadie al otro lado de la línea. ¿Es un caso de equizofrenia o de bobería extrema?
Y no hablemos de los estereotipos bio-sociales. “Los hombres las prefieren rubias”, título de una conocida película que se acomoda perfectamente a la norma rigurosa, por no decir religiosa de nuestras hermosas mujeres, quienes han convertido sus largas y onduladas cabelleras negras en peinados cortos, “planchados”, teñidos con todas las gamas del rubio: plateados, amarillos, y hasta anaranjados.
Pero sería un crimen de lesa humanidad no mencionar a nuestras bellas y esculturales féminas, capaces de llevar al tope a sus raquíticas tarjetas de crédito por tal de convertir sus cuerpos y rostros en admiración de todos. Gloria eterna al botox, la silicona y el bisturí.
Y la onda retro ha vuelto a sentir su furia dentro del new fashion. Grandes gafas de sol, que cubren casi todo el rostro. Espejuelos de marcas reales o falsificados, con el letrerito bien identificado en la armadura. No es lo mismo un Gucci que un Mickey Mouse de escaso rango.
Y hablando del ratón Mickey, fue esta una de las primeras expresiones idiomáticas que me golpearon en pleno rostro cuando llegué por estos arrabales. Aunque sea práctico, funcional, y hasta elegante, pero posee el defecto de costar menos de 100 ó 200 dólares, cualquier mercancía en la escala de valores adquiere la dudosa categoría de Mickey Mouse, cruel destino para tan afamado nombre.
Minifaldas o babydolls, que dejan al descubierto torneadas o famélicas piernas; chancletas o sandalias que muestran dedos bien formados o por el contrario, atacados por una cruel artrosis; bigotes cortos, bien recortaditos, al mejor estilo de Errol Flyn, pero eso sí bien entitados de negro que casi llegan al tono azuloso; gruesas y numerosas cadenas de oro que penden de un débil cuello que ya pide a gritos que lo lleven a un quiropráctico, son entre muchas cosas, el paisaje diario que vemos en esta babilónica urbe de Miami.
Y perdonen ahora pues no puedo continuar con esta historia, dentro de poco tengo una cita y debo llegar a tiempo. Para ello le pedí prestado a un amigo su Mercedes Benz, porque en esta apartada orilla señores, lo más importante es el “figurao”.
joser@rmundial.com




