Oír a Tania
Wednesday, January 28th, 2009Por Luis Cino
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En 1969, una joven escritora llamada Tania Díaz Castro advertía: “Un día tú verás que comienzo a escribir poesía / y todos me van a tener que oír”.
Dicen que los poetas son también profetas. Desde entonces, hemos tenido que oír a Tania. En todas las tesituras. Clara, directa y convincente. Excepto cuando la policía política la obligó a abjurar del movimiento de derechos humanos en 1990.
Por entonces, era secretaria general del partido Pro-Derechos Humanos, del cual era fundadora. Seguridad del Estado pensó que la había destruido. Casi lo logra.
Tania fue lo suficientemente hábil como para no hacer aportes literarios al guión tonto que le forzaron a “confesar” en el mejor estilo de los arrepentimientos estalinistas.
El régimen fue lo bastante torpe y aberrado para creerse que seis meses en las celdas tapiadas de Villa Marista son la metodología idónea para reconvertir a revolucionarios desencantados.
En aquellos días terribles que siguieron a la “confesión”, sumida en la soledad y la peor de las depresiones, con su espíritu desgarrado por las dudas y las contradicciones, Tania llegó a pensar que de veras, con el lavado de cerebro, la habían convencido, y que había vuelto al seno de la revolución de Fidel Castro.
Pudo tener motivos para haberlo hecho. Sus padres eran comunistas, cuando serlo en Cuba era un pecado peligroso. Si no hubiera nacido hembra, se hubiera llamado Vladimir. De todos modos, se enorgullecía de su nombre ruso.
Soñaba con ser una bailarina famosa. Escribía poemas que quemaban. Pensaba que la revolución había venido para salvarla. Tenía 20 años en 1959.
Sólo muchos años después comprendió con dolor que ser revolucionario es un sueño efímero. La poesía perdura siempre.
Tuvo agravios suficientes para la decepción. En 1973 fue excluida de la Unión de Periodistas de Cuba. Su matrimonio con un japonés evidenciaba su diversionismo ideológico. Fue ésa la razón esgrimida por los comisarios culturales para sacarla también de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y prohibir la publicación de “Mientras giran las hojas del arce”. Estaba inspirada por Japón, el monte Fuji y el budismo zen. Lo consideraron ideológicamente nocivo.
En 1982 la separaron también del Instituto Cubano de Radiodifusión. Había ganado premios en los festivales nacionales de radio y televisión. En 1988 la encarcelaron por un incidente durante una visita a su esposo, preso político.
Tania Díaz Castro ha sido precursora en muchos sentidos. Tanto en la poesía coloquial cubana como en la defensa de los derechos humanos. Nicolás Guillén lo dijo alguna vez: “Es la más valiente”.
Hojeaba por estos días su poemario “Flores amarillas cortadas al anochecer”. Lo escribió en los dos primeros meses de 1991. Reflejan la tormenta que atravesaba la autora. Los censores no supieron leer entre líneas. Ella y sus hechos se encargaron de las aclaraciones para hacerse entender. Fue el último libro que le publicaron en Cuba. Fue en 1996.
Tania se definió en algún momento: “Soy el caso retorno”.
Se mudó de La Habana para buscar por la ventana el verde de la vegetación y el canto de los pájaros. Vive en un pequeño apartamento de Alamar, rodeada de libros, acompañada por sus perros y gatos inclaudicables. Lee sin descanso. A Erich Von Daniken, a Lawrence, a Akutagawa. Su silencio sólo lo rompen la música de Armstrong, Ellington o Beethoven.
Hace periodismo independiente y poesía. Sin poses, modesta y sincera. Versos y crónicas no se estorban entre sí.
Su poesía reflexiona sobre el origen del hombre, los contactos extraterrestres y las mitologías más diversas. En sus poemas canta lo mismo a un amante lejano, irreconocible por el demasiado tiempo esperado, a sus abuelos, el canario y Caruca, a las serpientes con gafas de las paredes de una cueva, a los perros y caballos apaches que, corriendo por los raíles, fueron los primeros en regresar a tierra arizona.
Tania Díaz Castro, cuando sueña la patria libre, puede ser luminosa. Lo es: “Además, el poeta, tan iluso, / es el único animal que a veces se pone / a ver casas en el fondo de un vaso vacío”.
