Por Elías Amor

¡Qué casualidades nos depara la historia! Justo ahora cuando se cumplen seis años de la Primavera Negra de La Habana, hemos visto como se suceden peticiones expresas al nuevo presidente de Estados Unidos para que suprima el embargo; la última procedente de Lula desde Brasil, que parece convertirse en un aliado de Obama en la Región, en tanto que diversos países de América Latina renuevan sus relaciones económicas y comerciales al más alto nivel con Cuba.
Es el caso de Costa Rica, o de Panamá, que parecen haber descubierto motivos para cambiar el diseño de sus políticas con el régimen castrista. En las primeras semanas del año, la acumulación de visitas a la Isla por parte de mandatarios de diversos países del continente, Argentina, Ecuador, Chile, República Domincana, y la gira de Raúl Castro a Rusia, Angola y Libia, confirmaron que el castrismo está “calentando motores” en su diplomacia con el objetivo de recuperar un espacio internacional desde el que poder conservar sus estructuras políticas intactas. Esta es la nueva estrategia del régimen y su responsable no es otro que Raúl Castro.
Mientras que todo el mundo parece querer ofrecer al régimen castrista vías para el diálogo y el entendimiento, estos revolucionarios del siglo pasado mantienen en la cárcel a más de 200 personas, algunos de ellos durante seis largos años, sin que se reduzca la represión que se ejerce sobre los que desarrollan actividades opositoras en la Isla.
En los últimos días, varios grupos de exiliados en Miami y organizaciones internacionales que abogan por la defensa de los derechos humanos han realizado actos conmemorativos y de solidaridad por los presos de conciencia cubanos con ocasión del sexto aniversario de la Primavera Negra, la ola represiva que envió a prisión a 75 disidentes en el 2003.
Sin embargo, la solidaridad de los gobiernos, salvo contadas excepciones, deja mucho que desear. La atención de los grandes medios de comunicación social ha sido bastante escasa, y la opinión pública de la mayoría de países, inmersa en las secuelas de una grave crisis económica, ni siquiera se interesa por el drama en que viven día a día los cubanos. Esta es la realidad y frente a ella es preciso actuar.
La renuncia de los gobiernos democráticos, entre ellos el socialista español de Zapatero, a seguir ejerciendo una presión constante sobre el régimen castrista para que evolucione hacia las libertades y el respeto a los derechos humanos, no puede confundirse con el “embargo”. Nada que ver una cosa con la otra.
Aunque es cierto que Fidel Castro utilizó durante décadas ambos elementos para mantenerse en el poder, los hechos recientes evidencian lo contrario. Mientras que Estados Unidos suaviza las medidas para facilitar los viajes a Cuba de los exiliados, el envío de remesas a las familias en la Isla y la posibilidad de adquirir medicinas y alimentos con financiación, el régimen se enroca y ataca.
Nada que agradecer a quiénes hacen todo lo posible por devolver a los dirigentes del castrismo a la realidad de estos tiempos que nos tocan vivir. Mientras tanto, los cubanos padecen una existencia miserable y se encuentran sometidos a un nivel de represión insostenible.
El apoyo internacional a la Causa de los 75, a las organizaciones disidentes y opositores en la Isla, como el movimiento cívico de las Damas de Blanco es fundamental para que Cuba evolucione a la democracia y la libertad.
No se puede aceptar que la mera firma de acuerdos económicos y comerciales con Raúl Castro vaya a servir para que los luchadores por la democracia en Cuba vean como se respetan sus derechos y su dignidad. El ex presidente de gobierno español Aznar lo ha dicho con notable claridad: “Sin los disidentes, nada; con los disidentes, todo”.
En numerosas ocasiones, la disidencia interna ha agradecido la solidaridad de los gobiernos que la apoyan y dan cobertura. Cualquier estímulo, gesto, apoyo, premio o iniciativa en favor de los oprimidos, recibe el agradecimiento de aquellos que luchan por la libertad en la Isla contra la asfixiante represión.
La identificación con estos grupos que defienden los mismos valores en que creen las sociedades occidentales, debe trascender al ámbito político, para que los dirigentes castristas comprendan que no se les va a permitir mantener su opresión de forma continua.
Las organizaciones del exilio y los partidos y asociaciones que simpatizan con nuestra causa deben mantener la actitud de reivindicación de las libertades y derechos para todos los cubanos. Ahora más que nunca, para que finalmente Cuba sea democrática y libre.
fuente/Misceláneas de Cuba