
MEXICO, DF. (Reuters)- Lejos de la imagen típica del narcotraficante, con pistolas brillantes o cadenas de oro en el cuello, una nueva generación de jóvenes hijos de capos están cambiándole la cara a los cárteles de la droga con educación universitaria y bajo perfil para esquivar a la policía.
Dos hijos de líderes de los cárteles de Juárez y de Sinaloa, vestidos a la moda, fueron detenidos en las últimas semanas en lujosos barrios de la Ciudad de México bajo cargos de lavado de dinero.
Uno de ellos, Vicente Carrillo Leyva, es hijo del legendario narcotraficante Amado Carrillo Fuentes, apodado el “Señor de los Cielos”, quien trasladaba por avión grandes cantidades de cocaína en la década de 1990.
Según el Gobierno, Carrillo Fuentes murió en 1997 durante una cirugía plástica para cambiarse el rostro, en momentos en que se construía un extravagante palacio de cuatro pisos en la ciudad de Nogales, en el estado de Sonora, en el norte del país.
La apariencia del hijo del “Señor de los Cielos”, de 32 años, al momento de ser detenido mientras corría por un parque, era la de un joven cualquiera de clase media o alta, vestido con ropa deportiva.
Estos jóvenes, apodados “narcojuniors”, forman una camada diferente de líderes entre los cárteles de la droga mexicanos, cuya violencia dejó sólo el año pasado 6,300 muertos y que se han convertido en el principal problema de seguridad del país.
“Estas personas suelen tener mejor preparación, mejor educación y en este sentido son muy útiles para los cárteles porque son profesionales”, dijo el analista político Jorge Chabat, del Centro de Investigación y Docencia Económica.
“Es más complicado identificarlos porque no es el típico narcotraficante (…) Se requiere un labor de inteligencia mucho más sofisticada”, agregó.
Usualmente, estos jóvenes se dedican más bien a lavar el dinero de los cárteles, lejos de los enfrentamientos con la policía y bandas rivales cerca de la frontera.
Puede que viajen en lujosas camionetas, pero nunca lo harán en coches demasiado llamativos ni usarán las típicas botas tejanas del norte del país o cinturones con la hoja de marihuana en la hebilla.
EDUCADOS Y RESERVADOS
Otro detenido días antes que Carrillo Leyva fue Vicente Zambada Niebla, hijo del histórico narcotraficante Ismael “El Mayo” Zambada y actual aliado de Joaquín “El Chapo” Guzmán, el capo más buscado del país y líder del cártel de Sinaloa.
Zambada Niebla, que vestía pantalones de mezclilla, una camisa a rayas y un discreto saco azul cuando fue presentado tras su detención a los medios de comunicación, se desplazaba protegido por cinco guardias armados.
Pero su aspecto no difiere mucho de los jóvenes profesionales que llenan bares y restaurantes de la Ciudad de México.
Carrillo Leyva, apodado “el Ingeniero”, creció entre una élite adinerada, fue educado en el exterior y viajaba frecuentemente a Europa. Supuestamente habla fluidamente inglés y francés y habría invertido en una lujosa tienda de ropa que vendía artículos Versace.
Los vecinos dicen que tenía una vida reservada.
“Ni fiestas ni ruido. Esos vecinos eran muy discretos. El joven salía a correr por las mañanas y la señora era muy amable”, dijo un residente de la zona donde vivía Carrillo Leyva, citado por el periódico El Universal.
Tony Payán, un experto en narcotráfico de la Universidad de Texas en El Paso, sobre la frontera con México, dijo que la diferencia de los “narcojuniors” con sus padres es que éstos hacían todo el trabajo, desde los operativos de tráfico de drogas hasta el combate a los enemigos.
“Estos jóvenes se encuentran muy cómodos moviéndose más bien en la parte financiera de la organización para tratar de legitimar el negocio”, explicó.
Los jóvenes “narcojuniors” aparecieron por primera vez en la década de 1990, cuando el clan de los Arellano Félix en Tijuana reclutó a sus hijos e hijas y amigos para traficar drogas y encargarse de asesinatos. Zambada Niebla y Carrillo Leyva, más educados y refinados, ocuparon directamente papeles de liderazgo.
El nuevo estilo no significa que los jóvenes capos sean menos despiadados o violentos. Hombres fuertemente armados asesinaron el año pasado al hijo de “El Chapo” afuera de un centro comercial.
Mientras que pueden no matar a rivales ellos mismos, sí ordenarán ataques para permanecer al frente ser respetados dentro de las organizaciones, dicen analistas.
La nueva generación plantea un reto a la pobremente equipada y frecuentemente mal entrenada policía mexicana, pues se requiere de sofisticada inteligencia para atraparlos.
“Ellos están prestando mucha atención en desarrollar a sus capos”, dijo el experto mexicano en seguridad Alberto Islas.
“Nosotros no estamos tan alertas como ellos ni tan bien armados. Creo que esa es la razón por la que estamos perdiendo esta guerra”, añadió.