Por Pedro Campos

ESPAÑA. (AGENCIAS)- “Los derechos civiles y políticos, en todos los tiempos, han sido armas usadas por los revolucionarios para defender los intereses del pueblo.
Gracias a los derechos civiles que respetaron dignos militares, Fidel y Raúl salvaron sus vidas cuando el Moncada y ellos dos, junto a los demás asaltantes que sobrevivieron a la sanguinaria revancha del ejército, fueron procesados a pesar de la mediatización de la legalidad, sentenciados y luego amnistiados ante la presión popular y la necesidad del régimen de mejorar su imagen pública.
Pero como toda la tiranía fue una violación de todos los derechos civiles y políticos de todo el pueblo cubano, éste no paró hasta echarlo del gobierno por la única vía que él dejó abierta: la insurrección armada”.
“La Revolución Cubana se hizo, precisamente, para restaurar todos los derechos civiles y políticos del pueblo pisoteados por aquella dictadura.
Fue el respeto a las libertades democráticas, el gran factor que movilizó, unió y dio fortaleza a todo el proceso revolucionario encabezado por Fidel Castro, que después devino antiimperialista y luego proclamó la intención de construir el socialismo. 50 años han pasado desde el triunfo revolucionario del 59″.
“Recientemente Cuba firmó los pactos de los derechos civiles y políticos y de los derechos económicos, sociales y culturales, pero todavía no los ha ratificado.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual Cuba es signataria, aún es desconocida por muchos cubanos; algunos, por los que todavía parece no haber pasado la gran obra cultural de la revolución la consideran ‘burguesa’, mientras otros creen que la aplicación de sus preceptos en Cuba debe condicionarse al levantamiento del bloqueo, idea que convierte a los derechos del pueblo cubano en rehenes de la política norteamericana”.
“¿Algo más plattista? Tal idea contradice lo que escribió recientemente Fidel en una de sus reflexiones, acabado de ratificar por el Presidente Raúl Castro, en la reunión de los NOAL en La Habana, en el sentido de que la soberanía del pueblo cubano no es negociable.
La versión neo-estalinista de socialismo que fue ganando terreno en Cuba desde mediados de los años 60, parte de una concepción burocrática estatista, anti-libertaria y anti-socialista de los derechos humanos, que tiende a limitarlos, como garantía del control estatal sobre la sociedad, cuando debería ser al revés: la sociedad ser quien controle a sus instituciones estatales”.
“Conlleva como concepción de la ‘dictadura del proletariado’, el control institucional de un Partido sobre toda la sociedad, que administra un capitalismo de Estado estancado, distante de la idea original de los clásicos del marxismo de la república democrática de los trabajadores asociados -la sociedad más democrática y libre-, e impide, donde quiera que se aplica, la socialización de la propiedad, el poder y las decisiones y posibilita que la burocracia, generada naturalmente por el control estatal sobre la economía, ponga los órganos de represión concebidos para combatir la contrarrevolución, en función de custodiar su poder absoluto sobre la economía, la política y la sociedad, ejerciéndose la dictadura no solo contra el enemigo de clases, sino sobre el propio pueblo trabajador”.
“…En Cuba se está repitiendo aquella amarga experiencia del socialismo ‘real’, aunque sin las peores aristas del estalinismo hasta ahora. Salir de este entuerto, pasa por los cambios que promueve el Socialismo Participativo y Democrático en lo económico, político y social.
Mientras los trabajadores constituyan una clase asalariada, y por tanto explotada, seguirán siendo una clase en sí, pero no una clase para sí; seguirán sin ser los dueños efectivos o usufructuarios de los medios de producción; seguirán siendo una clase desposeída, sin control sobre sus condiciones de existencia; sin poder controlar sus destinos; seguirán siendo una clase subordinada, sus derechos seguirán siendo conculcados y seguirán sin convertirse en el sujeto de la revolución socialista: la nueva clase de los trabajadores asociados, la nueva clase revolucionaria portadora de las nuevas formas de producción y de una nueva conciencia social”.
“La conversión de los trabajadores de clase en sí, en clase para sí lleva a la transformación de los trabajadores asalariados en trabajadores libres asociados; en nuestro caso implica avanzar gradual y progresivamente del actual sistema estatista asalariado al predomino del trabajo libre asociado, de las cooperativas de todo tipo, empresas auto y cogestionadas de propiedad colectiva, comunal y estatal, trabajadores por cuenta propia, la propiedad familiar y otras que la realidad concreta demande, como ya varias veces se ha explicado, hasta convertir la sociedad toda en un sistema autogestionado complejo y único, la ‘unión de cooperativas’ le llamaba Marx”.
“Avanzar en este proceso demanda un trabajo de concientización, de educación política e ideológica, tanto del Partido de los comunistas, como de la propia clase trabajadora. ¿Pero cómo hacer el socialismo sin trabajo político, si el aparato político de la Revolución no comprende la necesidad de este proceso, no está dispuesto a realizar este trabajo y en todo caso obstaculiza y hasta impide la divulgación de este pensamiento?”.
“Como se sabe, nada de lo que escribimos los partidarios del Socialismo Participativo y Democrático es publicado en la prensa cubana, aunque la mayoría de nuestros artículos son enviados a todos los periódicos nacionales; últimamente la revista digital de izquierda kaosenlared está siendo víctima de censura en la red cubana y hasta se sanciona a compañeros por usar Internet y el correo electrónico en sus centros de trabajos por tratar estos temas, cuya discusión fue impulsada por Fidel y Raúl.
Recientemente en algunos comentarios a los artículos de compañeros partidarios del socialismo participativo y democrático, han aparecido veladas amenazas y se han tomado otras medidas que por el momento no vamos señalar”.
“Así, la ‘dictadura del proletariado’ existente en Cuba se está ejerciendo para obstaculizar el avance hacia la socialización, hacia el socialismo, restringiendo el derecho de expresión de los propios revolucionarios. La única explicación está en el temor de la burocracia a perder su control actual. Arguyen que el enemigo imperialista y sus acólitos internos -siempre la misma justificación- podrían aprovecharse de las libertades políticas y civiles para quitarle el poder a la ‘Revolución’, como si ésta fuera un ente separado y distinto de los trabajadores y el pueblo, quienes serían los receptores del verdadero poder, el económico, en el proceso de socialización”.
“El imperialismo y sus acólitos internos poco o nada pueden hacer por ellos mismos para obstaculizar ese avance, son fácilmente identificables ellos y sus acciones, sobre todo no tienen el poder; pero sí pueden obstruirlo los camaleones de la burocracia vestidos con trajes revolucionarios, que pretenden camuflarse en la fraseología ‘revolucionarista extremista’ pequeño burguesa engañosa (…) Pero ya el pueblo va aprendiendo a conocer quienes son los que hacen el juego al imperialismo y a sus planes de explotación de la mano de obra y de los recursos naturales del pueblo cubano, y a identificar a quien trata de hacer avanzar el socialismo y a quien lo impide”.
“…Hoy se hace evidente que la limitación de los derechos civiles y políticos se ha llevado al propio campo revolucionario, al seno del Partido, a los centros de trabajo, a los que luchamos por la profundización del socialismo, por la socialización permanente, lo cual está constituyendo la principal amenaza al futuro del socialismo en Cuba”.
“…Los propios derechos laborales de los trabajadores han sido profundamente afectados por las medidas neoliberales del Período Especial, con la llamada idoneidad, las atribuciones de la administración para sancionar y el predominio de los contratos laborales provisionales que la administración puede romper en cualquier momento por cualquier consideración suya, sin compromiso alguno. Las decenas de miles trabajadores que laboran en las empresas mercantiles de las FAR, cuando comenten alguna violación son juzgados y sancionados por las leyes militares, como si fueran soldados. Nunca los trabajadores habían estado más desprotegidos ante las administraciones. Los sindicatos no ocultan ser verdaderos apéndices de las administraciones y la política estatal”.
“Se habla de la unidad en la diversidad. ¿Cómo es posible lograr esa unidad reprimiendo la diversidad? Rectificar siempre es posible y para luego es tarde. La Revolución se abre a la diversidad de sexo, de género, de raza y religión, ¿para cuándo quedan la diversidad ideológica y política? ¿Puede haber plena libertad en todo eso si el trabajo del que depende el hombre no lo es?…”.
“…El sabotaje, el terrorismo, las acciones militares y paramilitares, la subversión pagada por el imperialismo y toda acción no pacífica, incluida la que se haga desde la burocracia, dirigida a impedir el avance hacia más socialismo, deberán ser reprimidas con toda la fuerza de la ley, pero sin afectar los derechos civiles y políticos de todos los ciudadanos, los derechos de reunión, asociación y expresión, incluidos los derechos de quienes no comparten las ideas socialistas. La Revolución estará más fuerte y más consolidada, mientras más democrática…”.
“Los mayores peligros para la Revolución Socialista hoy, no provienen de la oposición interna, aliada al imperialismo, débil y dispersa, sino de una parte de los revolucionarios mismos, ‘los únicos capaces de revertirla’, según expresó Fidel el 17 de noviembre de 2005, de esos que están atrapados en el inmovilismo, por el burocratismo y la corrupción, adversarios de la socialización, cuyos adláteres cercenan las libertades que impiden la divulgación del pensamiento socialista que puede ayudar a los trabajadores a liberarse definitivamente del yugo del trabajo asalariado (…)
La lucha ideológica solo es posible con adversarios libres en sus derechos. Quien dude del valor y la capacidad de sus ideas, no tiene derecho a triunfar. Quien tema la represión tampoco”.