
LA PAZ. (Reuters)- El presidente de Bolivia, Evo Morales, dijo que Perú no debería convertirse en un “centro de delincuentes”, al cuestionar por segundo día consecutivo que Lima otorgue asilo político a ex ministros bolivianos procesados por magnicidio y delitos económicos.
La declaración del mandatario indígena prolongó un cruce de duras declaraciones entre los dos países miembros de la Comunidad Andina, a una semana de que se abra en Bolivia un largamente demorado juicio de responsabilidades contra el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y sus ministros.
Visiblemente molesto por la decisión de Lima de otorgar asilo a por lo menos uno de los ex ministros procesados y considerar beneficio similar para otros dos, Morales acusó al presidente Alan García de violar no sólo normas internacionales sino las propias leyes peruanas sobre refugiados.
“La hermana República de Perú no puede ser un centro a donde los delincuentes se escapan y son protegidos por el Gobierno de Perú”, dijo Morales a corresponsales extranjeros, calificando al asilo anunciado en Perú como “una abierta provocación al pueblo boliviano y al Gobierno nacional”.
Los comentarios renuevan los constantes roces entre Morales y García en los últimos años. En una de las más recientes disputas, el presidente boliviano dijo que la “gordura” estaba afectando a su colega peruano, por unas declaraciones sobre la pretensión de La Paz de su salida al mar.
En Lima, el vicepresidente peruano, Luis Giampietri, calificó de “inaceptable” la reacción de Morales respecto al asilo.
“Nadie puede decirle a ningún país del mundo a quién debe o no debe asilar. Creo que eso es una interferencia inaceptable a la política interna de un país”, dijo a periodistas.
La ministra de Comercio Exterior y Turismo de Perú, Mercedes Aráoz, afirmó por su parte que su país es soberano en el manejo de las solicitudes de asilo y que el respeto debe ser mutuo.
“No aceptamos insultos, creo que no son las formas correctas de trato internacional”, refirió.
RESPETO A BOLIVIA
El presidente boliviano afirmó que al asilar a acusados de delitos de lesa humanidad, García “no respeta al pueblo boliviano que ha sido víctima” de la muerte de al menos 60 manifestantes durante disturbios del 2003, cargo principal que enfrentan Sánchez de Lozada y sus ex colaboradores.
“Es clarísimo”, apuntó, citando partes de leyes peruanas según las cuales el asilo no debería beneficiar a personas que han cometido delitos de lesa humanidad.
Morales volvió a llamar “colega chabacano” a García y le pidió “de Presidente a Presidente, que deje de proteger a delincuentes”.
Fuentes de la cancillería peruana dijeron que el ex ministro boliviano asilado desde la semana pasada en Perú es Jorge Torres Obleas y que se evalúa solicitudes de los ex ministros Javier Torres Goitia y Mirtha Quevedo.
Los tres integran una quincena de ex funcionarios y jefes militares enjuiciados junto con Sánchez de Lozada, en un proceso que ingresaría a fase de debate el 18 de mayo, mientras que el ex presidente neoliberal está en Estados Unidos, en una situación que ha provocado críticas de Morales a Washington.
Sánchez de Lozada fue el principal impulsor de una ola de privatizaciones que Morales -quien buscará la reelección en diciembre- ha comenzado a desmantelar desde el 2006, primero con la nacionalización de campos de gas que abastecen a los mercados de Argentina y Brasil.
El juicio a Sánchez de Lozada es una de las principales promesas políticas de Morales, un seguidor del venezolano Hugo Chávez que llegó al poder en enero del 2006 cerrando un ciclo de inestabilidad con cinco presidentes en menos de un quinquenio, incluido el ahora procesado ex mandatario.
Chávez también tiene una disputa con Perú por haber otorgado hace dos semanas asilo político por “razones humanitarias” al líder opositor venezolano Manuel Rosales, quien enfrenta en su país acusaciones de corrupción y afirma que es perseguido político del Gobierno.
Tras la decisión, Venezuela anunció el retiro de su embajador en Perú y puso en evaluación las relaciones con Lima.
Morales y Chávez son aliados y ambos afirman llevar adelante una “revolución” socialista en sus países. En tanto García es un ferviente promotor del libre mercado y ha criticado fuertemente las políticas estatistas en la región.