Plácido Domingo
Wednesday, May 20th, 2009![]()
Paris. (Agencias)- Plácido Domingo se ha convertido en el equivalente canoro de Indiana Jones. Comparten ambos la temeridad y el espíritu intrépido. También les emparenta la vocación y la curiosidad arqueológica. Hasta el extremo de que el tenor madrileño ha buscado, encontrado y exhumado muchas partituras degradadas por el tiempo, las modas, o la incomprensión.
Fue Plácido Domingo quien repuso en los teatros ‘Le Cid’ de Massenet y quien rehabilitó el legado de Meyerbeer (‘La africana’, ‘El profeta’). Misiones todas ellas en territorio francés que no contradijeron sus incursiones en Verdi (Stiffelio) ni el empeño que ha demostrado para interpretar ‘Sly’ de Wolf Ferrari en los teatros punteros del planeta.
Semejante catálogo implica un replanteamiento del repertorio y se atiene a la curiosidad voraz de Domingo, aunque también responde a las necesidades y obligaciones vocales del propio cantante.
Plácido es consciente de los límites de la madurez. Carece de los medios para antojarse proezas en el trapecio y alardes pirotécnicos, de modo que las indagaciones en nuevos horizontes, incluidos el barroco y los estrenos contemporáneos, le consienten emplearse en una calculada plenitud.
Sirvan como ejemplo los clamores que anoche suscitó en el Châtelet de París su interpretación de ‘Cyrano de Bergerac’. La ópera de Alfano, escrita en 1936, forma parte de los hallazgos ‘espeleológicos’ de Domingo -encontró la partitura en un almacén de la milanesa casa Ricordi- y se atiene a los extremos que su voz y su animalidad pueden consentirse.
Era la primera vez que la obra se interpretaba en la capital francesa desde su remoto estreno. Quizá porque la reputación de Alfano se ha resentido de un papel gregario -se le conoce por haber terminado la ‘Turandot’ de Puccini- o porque ha predominado en París un cierto chovinismo respecto a la adaptación operística del mito literario y antropológico de Rostand.
Domingo se encargó anoche de desencorsetar las precauciones. Tenía a su favor la complicidad de Nathalie Mafrino, soprano emergente de extraordinario interés, pero asumió el peso de la ópera, sujetó la dramaturgia, manejó a su antojo el poder absoluto de la sugestión.
El público ya se había excitado y predispuesto en cuanto Domingo hizo ver su narizota. Mérito de su trayectoria titánica y de su personalidad escénica, aunque los bravos y los elogios y la devoción de la platea no alojaban la condescendencia solidaria hacia una ‘vieja gloria’.
Al contrario, la longevidad de Domingo impresiona por la juventud y por la frescura de su voz. Penetra en la sala como un cuchillo, permanece homogénea, No hay síntomas de ‘vibrato’ ni podría suponerse que el tenor de los tenores está muy cerca de cumplir 70 años (si no lo ha hecho ya).
Cyrano de Bergerac está escrito a su medida. Un papel vocalmente ‘central’, provisto de pasajes declamatorios y de libertades interpretativas, Ya pudieron escucharlo en febrero los espectadores valencianos -adjuntamos testimonio audiovisual- y pudieron confirmar entonces que Domingo se acuerda de José Ferrer cuando sube al escenario.

