La Beca, el secuestro de la inocencia
Thursday, May 21st, 2009Por JF Reyes
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Estar becado en Cuba no es una excepcionalidad otorgada en premio por la brillantez intelectual o docente. En la Isla, la beca más que un recinto o internado de estudios combinados con el trabajo, es un lugar en que se arrebata impunemente la magia y los sueños de un simple mortal, de un sencillo adolescente o joven, es en fin, un sistema instituido en el que llanamente es raptado ese tesoro inigualable que es la inocencia del hombre en ciernes, en que todavía la adolescencia está dando sus primeros repuntes de madurez, allí aún la fantasía y los sueños del niño están presentes en la mente de un cuerpo en formación, y se secuestra la posibilidad de compartir y festejar en el seno familiar la alegría y el sonrojo por el inicio de vellos incipientes o el paso natural y biológico que debe tener toda niña en tránsito a la adultez.
Y acerca de ese supuesto “ingenio colectivo de enseñanza”, el doctor José Antonio Soto, ha escrito un libro que titula La beca o la nueva escuela, en que prima el lenguaje sencillo, rayano en lo coloquial. El autor se encarga de desentrañar y desbaratar, empleando una deslumbrante fuerza testimonial, los entresijos de lo que fue y sigue siendo una suerte de paradigma de un sistema educativo, que pinta más de doctrinal que de científico o humanista.
Miles de cubanos, quienes pasaron en sus tiempos adolescentes y juveniles por La beca, de seguro se sentirán reflejados en esta obra del doctor Soto, quien va desmontando pieza por pieza, con narraciones y testimonios, el andamiaje institucional de esos centros, que contaban con el pretendido y fallido objetivo de formar un hombre de nueva generación, el hombre nuevo seguidor de un guerrillero que perdió su heroicidad en un pueblo siempre fácil de olvidar su nombre. En las páginas de La Beca se huele y se toca la doble moral de los rectores educativos, se llega a conocer como los legítimos deseos de aprender y amar de noveles estudiantes se ven truncados ante la necesidad ineludible de hurtar alimentos en los almacenes de la propia escuela para suplir así las calorías que la dieta diaria y el desgastador trabajo en el campo no son capaces de reponer, o también quedan develadas, como hijas de las circunstancias, las relaciones furtivas de parejas, que amparadas por la noche, dan cuentas de sus hormonas en ebullición, en bordes cercanos a la insegura promiscuidad.
Tomando como base de la historia, sus experiencia personales en los años de permanencia en La Beca, Soto nos cuenta lo que fue su transcurrir diario y el de un grupo de amigos cercanos a él, como Danilo, Hadrian, Enello y otros incluidos en la obra, los cuales dejaron partes de su piel entre los avatares propios de la convivencia en común y lo que se debe pagar por ello en un grupo humano joven y diferente, en que las riñas, abusos entre alumnos y profesores, robos de pertenencias y avituallamientos, entre otros desafueros, marcan una norma de existencia, o mejor decir, de subsistencia.
Sin dudas, el autor hace catársis con esta obra, no por gusto se la dedica a sus “hermanos de la beca”, quienes al igual que Soto, sintieron la soledad o el desamparo o la indecisión ante situaciones determinadas en su vivir allí, absortos todavía en su innata obligación de convertirse en hombres y mujeres, y que en su conjunto, como bien se da cuenta en las narraciones, a medida que crecen y maduran, aprueban o descalifican los porqués y por cuántos de un sistema que no los deja crecer, que los atenaza y sujeta a valores falsos de colectivismos o truncas victorias.
Acerca de esa rebeldía, que lucha por romper ataduras, ejemplarizante lo que dice acerca de ellos mismos Danilo, uno de los personajes centrales (y reales) de la obra: “Es la edad en que estamos pensando en cosas nuevas, ‘inventando’ sin compromisos sociales, sin miedos a nada, ni a las broncas, ni a la libre expresión y envueltos en las luchas por un mundo más justo”
Un halo de simpatía y lirismo juvenil se desprende de seguro en este libro, que a nuestro juicio, da cuenta de un recóndito desarraigo de los hábitos sociales y familiares de sus protagonistas para poder así convivir ante una nueva situación impuesta, que ayer les fue ajena, pero que hoy se les convierte en realidad.
Los invito a leer esta pieza literaria por la simple y sencilla razón que incluye historias que no por crudas dejan de ser reales como las de Soto y sus carismáticos amigos, venturas y desventuras en las cuales se dan cuenta de hechos que pueden parecer inverosímiles antes ojos ajenos, pero que en definitiva , reflejan una suerte que los habitantes de una isla caribeña han tenido la obligación de transitar, por fortunas o por desgracias.
En el epílogo de La Beca, el doctor José Antonio Soto al referirse al destino actual de sus protagonistas escribe: ¨Muchos años han pasado ya desde que los muchachos dejaron la nueva escuela. El deseo de convertirse en ‘el hombre nuevo’ murió en cada uno de ellos como concepto social, pero el deseo de renovarse cada día todavía vive, muy a pesar de todo, en la mayoría de los que salieron de las becas, que todavía hoy, existen en Cuba”.
Perfectamente , este libro puede insertarse en la memoria histórica de los cubanos de allende y aquende a los mares. La Beca o la nueva escuela es un desacato abierto a las doctrinas impuestas, es una vigorosa respuesta a engaños y dobleces, es la fuerza de la razón ante la razón del poder, es en definitiva, el rescate de hechos trascedentales en la vida de aquellos que les pretendieron hurtar sus inocencias juveniles, lo más preciado, individual e irrepetible de la existencia humana. En definitiva, esta obra es una oda a la valentía ante la desesperanza impuesta, una multitud de emociones que se agolpan en el consciente colectivo de un grupo que no se dejó amedrentar por un decadente sistema.
