Por Jorge Hernández Fonseca

El reciente pedido norteamericano a Cuba para re-abrir conversaciones inmigratorias pudiera ser un indicador de la desesperación cubana actual, a pesar de las bravuconerías del anciano dictador isleño oponiéndose a estrechar lazos con EUA. El pedido estadounidense viene después de conversaciones entre representantes cubanos y norteamericanos en Washington, calificadas en su momento como siendo “contactos normales” entre ambos países. ¿Será?
Las cosas pudieran entenderse mejor si se nos dijera que tanto EUA como Cuba han decido finalmente iniciar las conversaciones que Obama desea, pero que para no sufrir las presiones de la prensa, se anunciará como la reanudación de las “conversaciones migratorias”. Como fueron suspendidas por EUA en la época de Bush, ahora se reanudarían a pedidos lógicamente del país que las cortó en su momento. Las cosas dichas así se entenderían un poco mejor.
No es noticia que ya la situación en la isla ha llegado al fondo del pozo. La nomenclatura ha hecho llamados desesperados a la ciudadanía para el ahorro (o muerte) y por todos lados suenan las alarmas del inminente colapso de la economía cubana. Una debacle. En paralelo, todos los países desarrollados y en desarrollo sufren de la más profunda crisis financiera y económica, de la que no ha escapado ninguna nación en un planeta globalizado.
Como se sabe, Cuba depende básicamente de la ayuda económica venezolana, materializada en los 100 mil barriles diarios que Chávez casi le regala para mantener la dictadura en la isla. Actualmente, el petróleo cubano-chavista no es posible revenderlo en un mercado mundial que sufre el exceso de producción en un ambiente de bajos precios del crudo. Sin la entrada por la re-exportación de volúmenes de crudo desde la isla, se hace imposible el balance financiero dentro de reino de los hermanos Castro. Por otro lado, hay pocos países en el mundo capaces de sustituir a Venezuela cuando de mantener a flote el barco fidelista en bancarrota se trata.
Hugo Chávez, que hasta hace poco tiempo nadaba en dólares derivados de su petróleo, acaba de concluir su visita a Brasil con vistas nada menos que a pedirle dinero a Lula da Silva. Venezuela quiere que Brasil apruebe un crédito por valor entre 4,000 y 8,000 mil millones de dólares para mantener la economía venezolana a flote, después del vendaval que derrumbó los precios del petróleo y que puso a Chávez a casi pedir limosnas a su vecino sudamericano.
La situación, un tanto absurda, ha colocado a Lula da Silva como principal financiador del petróleo que Chávez repasa a la dictadura y al chavismo beligerante y grosero que intenta imponer en Latinoamérica con la fuerza del dinero. En este contexto se produce una entrevista con un ex alto funcionario de PDVSA venezolana, en la que declara que habrá reducciones de los envíos de petróleo venezolano a la isla, porque Chávez no puede mantener los volúmenes actuales porque sus producciones petroleras bajan junto con los precios. Cuba por su parte ya ha anunciado medidas para reducir el consumo, amortiguando la disminución de los envíos.
Aparentemente la dictadura cubana no entendió el recado brasileño de “querer ser el principal socio comercial cubano”. En lugar de dar créditos a Chávez para que los repase en forma de petróleo a Cuba, Lula da Silva pretende darlos directamente, a cambio de posiciones estratégicas en una isla fértil, que próximamente establecerá relaciones comerciales con Estados Unidos, para cuyo momento Brasil quiere estar posicionado adecuadamente.
Claro que el “cambio de batón” –si es que se produce– entre Venezuela y Brasil por Cuba, tiene implicaciones políticas. Lula da Silva no es Chávez, ni Brasil es el desastre económico y social que Venezuela representa hoy día. Por otro lado, una condición que Lula impuso a Chávez para prestarle dinero es mejorar sus relaciones con EUA. En este sentido, no dejará de ser una recomendación que hará a los hermanos Castro (si fuera necesario, porque el acercamiento Cuba-EUA se acelera) cuando finalmente Chávez “se dé por vencido” en la isla.
Así las cosas, se entiende mejor la estrategia cubana de reanudar conversaciones con el “imperialismo” usando el subterfugio de la “inmigración”, porque ya le quedan muy pocas cartas. Su vecino del norte, como mínimo, pudiera ofrecerle alimentos y algo de garantías a cambio de la represión que la isla necesita (y los hermanos Castro son especialistas en suministrar) para mantener la estampida balsera bajo control, que es un objetivo común en estos momentos.
Una posibilidad sería la continuación de flujos menores de petróleo a Cuba desde Venezuela, con complementos desde Brasil, que suministraría también alimentos y productos de todo tipo, a cambio de establecer en la isla una plataforma productiva –sobre todo agroindustrial– para exportar desde Cuba hacia EUA, etanol, soya, granos y algunos productos industrializados.
En esta estrategia los Estados Unidos de Barack Obama pudieran pactar con los hermanos Castro un estatus mínimo de convivencia, quedándose Brasil (menos peligroso que Chávez) con la responsabilidad de “torear” al castrismo, que en el cambio generacional (piensa EUA) pudiera incluso ir a la democracia. Es para este momento que Brasil (igual que España hizo antes) prepara su potencial productivo para invadir a EUA desde Cuba con sus producciones.
Una isla amenazada con regresar a los peores tiempos del “período especial” no tiene alternativas a prostituirse. Como lo hizo antes con la URSS y ahora con Venezuela, aceptará a Brasil como nuevo “socio-mantenedor” en sustitución (no total) de Hugo Chávez y su beligerancia verbal, con un subterfugio de “solidaridad sudamericana”. Todo se hará bajo la mirada estratégica de EUA, dispuesto a permitir el turismo norteamericano en Cuba, siempre que la dictadura muestre capacidad e interés real de mantener a los balseros a buen recaudo.
Tal y como se ven los aspectos de contexto del problema cubano, la dictadura en la isla conserva reservas valiosas en momentos tan difíciles para el sufrido pueblo cubano, al borde del estallido. Nunca antes EUA se había mostrado tan proclive a negociar sus diferencias con los hermanos Castro, deseoso de mantenerlos en el poder por considerar que son una garantía de contención de un probable desborde balsero; tampoco antes un país como Brasil se había mostrado proclive a “sacarle las castañas del fuego” a una dictadura represiva e impopular.
Para todos estos enfoques, la opresión de los cubanos de la isla es secundaria. Únicamente la solidaridad del exilio criollo pudiera –con alguna Institución representativa de los intereses de los cubanos demócratas de dentro y fuera de la Nación cubana– después de un esfuerzo por su reconocimiento internacional (trabajo demorado y difícil, pero no imposible), hacer escuchar una voz sensata en el concierto internacional en pro de la libertad y la democracia para la isla, como bien merece el país que más ha sufrido en Latinoamérica a manos de una dictadura.
Cuba Libre Digital