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Las diablas universitarias

Saturday, July 18th, 2009

Por Guillermo Fariñas Hernández 

Lo interesante de la prostitución en el sistema castrista como fenómeno social, es que las hetairas pueden encontrarse en cualquier estamento de la sociedad cubana. Esto, aunque la propaganda mediática de los organismos informativos del totalitarismo trate de circunscribirla sólo a las llamadas jineteras.

El resquebrajamiento de las más mínimas normas morales en el seno de la sociedad cubana trajo como consecuencia que el ejercicio del meretricio, sea visto primordialmente desde el punto de vista económico. Se relegan otras aristas de la convivencia entre seres humanos que hacen que se pierda la vergüenza como valor social.

El pueblo cubano ha tenido que soportar unas dos décadas de crisis económica, escondidas bajo la denominación de ‘periodo especial en tiempos de paz’. Desde los años 1989-1991, a raíz de la caída del campo socialista, los nacionales de a pie, no conocen el significado práctico del término solvencia en sus vidas.

Ejercer el comercio de caricias sexuales se convirtió, para algunas familias en Cuba, en la única tabla de salvación. Lo esencial fue llenar la canasta básica en los paupérrimos hogares azotados por el hambre y las necesidades materiales. La esencia de la cuestión era y hoy también lo es, intentar acercarse a una calidad de vida material próspera.

Las mujeres que cursan estudios universitarios en los distintos planteles de la república, tienen ventajas en relación a sus condiscípulos del sexo opuesto. Ellas no se encuentran exentas de los males éticos que aquejan a todos los que habitan en la mayor de las Antillas.

Si las jóvenes alumnas no asimilan el currículo académico y se percatan que sus maduros educadores son proclives a ceder a las tentaciones de la carne, sin pensarlo, se aferran a este recurso desesperado. Como féminas determinadas a obtener el fin, se lanzan sin frenos morales a obtener lo que persiguen y para ello usan los atributos físicos con que Dios las proveyó. Con esto vencen a sus catedráticos, que no saben desmarcarse de los males endémicos de la Isla y sucumben a estos con placer.

En los centros de educación superior, universidades e institutos, bellas jóvenes negocian con sus cuerpos bien dotados las calificaciones que las proveerán del ansiado título universitario. Esto no se hace en el mejor espíritu helénico, por amor y respeto a la sabiduría representada por los docentes.

Varios han sido los escándalos que se han suscitado en este sentido. Aunque el control totalitario de la información ha impedido una amplia divulgación, muchos se han hecho públicos a través de vías alternativas. Se trata de preservar el prestigio de uno de los grandes mitos del sistema: el sistema nacional de educación, supuestamente gratuito.

Los escándalos sexuales en las universidades han trascendido en La Habana, Camagüey, Santa Clara, Matanzas, Santiago de Cuba, Holguín, etc. Según nuestras fuentes, existen tarifas para los intercambios sexuales.

Dos años de brindar servicios de sexo a un catedrático o a varios de ellos, compran un diploma de oro. Entre tres y cinco encuentros sexuales garantizan la buena calificación en un semestre. Dos ‘acostadas’ garantizan un examen semestral.

En algunas universidades y en algunos casos, las cosas se hacen a la vieja usanza. Las alumnas fingen enamorarse del profesor.

Aceptar carencias morales en Cuba, es nuestro pan de cada día. Técnicos y especialistas se asombran ante las lagunas cognitivas de las recién graduadas. Ignoran que quizás están ante las Diablas Universitarias.

El fin de algo

Saturday, July 18th, 2009

Por Juan González Febles

 

Cualquier empeño gubernamental en Cuba recibe el apelativo de Batalla. La reforma constitucional que surgió luego de la entrega de firmas para respaldar el Proyecto Varela, fue denominada Batalla por las autoridades de la Isla. Así se denominó la campaña política para lograr el regreso del niño balsero Elián y la actual campaña dirigida al regreso de los cinco espías convictos en los Estados Unidos.

Más allá en el tiempo, la campaña subversiva y de desestabilización de la democracia que tuvo lugar durante los años sesenta, setenta y ochenta en el siglo pasado en América, fue una ‘batalla’ dirigida en todas sus partes por Fidel Castro. Las diferencias tácticas entre aquella batalla dirigida por Fidel Castro y la que en la actualidad lidera el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, son sustanciales.

Los emisarios de Chávez, a diferencia del estilo castrista, no son en ningún caso experimentados agentes o paramilitares entrenados en tácticas de insurgencia y desestabilización política. Se trata de activistas políticos, en su mayoría jóvenes, dotados con una generosa chequera, entusiasmo y mucha creatividad.

Ellos toman las calles, hacen fogatas y ponen barricadas. Son el grupo de choque que respaldará a los caudillos populistas y literalmente los elevará al poder. Luego, se encargarán de respaldarlos en los pasos sucesivos que emprendan para perpetuarse o al menos, retener las riendas el mayor tiempo posible.

La vida demostró que el estilo chavista de la chequera terminó por superar a la pistola castrista. Con petrodólares suficientes de respaldo, no hay urna que resista. Esos mismos petrodólares repartidos generosamente entre marginales, servirán para ganar tiempo extra en el poder.

Al comparar las fallidas campañas castristas, su abundante efusión de sangre y la caprichosa trasmutación alquímica de las derrotas en ‘victorias morales’, no caben dudas de que el hombre del momento para la izquierda, es el presidente Hugo Chávez. Los difuntos y las flores del panteón político castrista, cayeron en un anacronismo irredimible. Más allá de su ignorancia, su mal gusto y su insoportable falta de clase, Chávez creó un estilo e inauguró una época.

No obstante, los más recientes episodios en Honduras, parecen marcar la diferencia para un futuro. El ex presidente de Honduras, Manuel Zelaya, Mel para los suyos, con su aspecto de manengue o de caudillo clásico latinoamericano, populista y profundamente anti intelectual, aplicó la receta y le falló. Se le opuso la voluntad política articulada de una sociedad que puso barreras a la eclosión populista.

Hasta ahora, el caso hondureño ha visto fracasar los esfuerzos de Venezuela al frente de la llamada banda de los cuatro: Cuba, Ecuador, Nicaragua y Bolivia. Aunque las 32 naciones miembros de OEA han condenado de hecho a una de las partes en conflicto, el precedente pudiera marcar el fin de un estilo.

En Honduras se unieron para defender la democracia, movimientos políticos, religiosos y civiles. Para luchar contra ‘la cuarta urna’, que así se llamó a la opción de Zelaya, actuaron movimientos como Generación X y Y, Acción Civil Democrática y la Alianza Hondureña por la Paz y la Democracia. Instituciones como la Comisión de Derechos Humanos, la Iglesia Católica y otras iglesias evangélicas participan en la campaña pro democracia.

Las antiguas y fallidas batallas castristas nunca colocaron en la cima del poder político a ningún guerrillero. El único caso exitoso que se recuerda de ese estilo fue el de los sandinistas de Nicaragua en 1979. Estos perdieron el poder 11 años después. Daniel Ortega consiguió ser elegido nuevamente con el apoyo del dinero venezolano y de oscuras y lamentables componendas teñidas de corrupción en muchos niveles.

De vuelta con Honduras, parece ser que el error de las fuerzas democráticas fue no juzgar a Zelaya por las irregularidades en que incurrió. Lo que parece definir desde el punto de vista mediático la noción de golpe de estado, ha sido destituirlo y el acto generoso de enviarlo al exilio. A esto debemos sumar la participación de militares. Cuando no son de militancia izquierdista, lo que hagan puede ser satanizado de forma indefectible.

Si Honduras resiste la marea populista y a los petrodólares chavistas, quizás de veras estemos ante el fin de algo. Se perciben señales de que algo cambiará. Las señales son subjetivas, tanto como el dolor en los callos plantares para preludiar la lluvia. O el aroma que se percibe antes que amanezca. Una imagen ciertamente sesgada, sólo conocida para los que alguna vez han visto amanecer.

El borracho, el cantinero

Saturday, July 18th, 2009

Por Paulino Alfonso

 

 Hace unos meses, oía Radio Reloj y me llamaron la atención, los favorables comentarios de esta emisora, que por su alcance nacional refleja en vivo el punto de vista del castrismo primero que el Granma, sobre Barack Hussein Obama y las posibilidades que se abrían con una eventual mejora con las relaciones entre el régimen cubano y el gobierno de Obama.

Después, escuché en la “cumbrecita” de Isla Margarita, al general-presidente en un emotivo rasgar de vestiduras, exclamar que estaba dispuesto a discutir con el gobierno de Obama “todo” lo que se viola en Cuba en progresión mayor a la fluidez en su corriente sanguínea del whisky canadiense que el Sr. consume. Es decir, los derechos humanos, la libertad de 250 presos políticos, el acceso a Internet para todos y un etc. tan largo como la Muralla China. Pero, recuerden que en el castrismo siempre hay un pero, con respeto a la autodeterminación y soberanía del castrismo.

No obstante, ser esta cantinela tan vieja como el Anciano, ipso facto se levantaron voces y plumas de todo tipo y colores “Urbi et Orbi”, unos aprensivos, otros expectantes, ora esperanzados y hasta algún descreído, entre los que me cuento, luego de emplear cincuenta años de mi vida en capear la construcción del socialismo.

Los afros del Black Caucus, los “honorables” Delahunt, Dodd, y Flake, empezaron con los viajes de approach y las declaraciones optimistas y lisonjeras sobre los racistas Castro. Hicieron más lobby que los republicanos cubanos americanos a Bush Jr, para que les aprobaran el presupuesto del 2008 de Radio y TV Martí.

Brian Latell escribió sagaz y pitoniso, sobre lo bueno que era tratar con Raúl y no con el Tiranosaurio y hasta Charlie Rose le hizo su mención. Menos mal que Don Francisco no lo incluyó en su show de los miércoles.

El asunto es serio, pero ante tanta candidez o idiotez, prefiero reírme. No concibo que hoy a 50 años de dictadura, exilio, separación, ahogados y fusilados, (incluyo los niños del remolcador 13 de Marzo), haya alguien que desde una cómoda poltrona, deguste un Glenlivet con un Cohíba, después de una opípara cena y se ponga a perorar sobre Cuba, sin siquiera saber donde está el hospital Calixto García en La Habana.

Para esos “despistados”, traigo una anécdota. En mayo de 1995 trabajaba junto con 76 cubanos en la reconstrucción de la SINA (Sección de Intereses de Norteamérica en la Habana). Gracias al contrato de una firma norteamericana, la Dilligham Parsons Construction Company, y Cubalse (firma que representa al Consejo de Estado de la República de Cuba). Allí presencié, cuando 47 optimistas empresarios yanquis, llegaron a esta ciudad “enemiga” a negociar con Castro. Parece que todo iba bien, porque los supervisores norteamericanos, me comentaron y cito: “Al, si el embargo se levanta, por favor, diles a los demás cubanos que firmen con nosotros, para empezar a trabajar en Cuba. Uds. forman un team excelente”.

En ese año llegaron a trabajar, entre funcionarios y familiares, cerca de 170 norteamericanos. Estos fueron, cada fin de semana, visitas muy bien vistas en Habana Vieja, Tropicana, Papa Hemingway, Varadero y otros lugares. Reconozco, para beneficio de tirios y troyanos.

Los “yumas”, como los conoce mi pueblo, empezaron a ser parte del paisaje habanero. Hasta los policías, compartían amigablemente con ellos (de esto ultimo puedo dar fe con fechas y lugares). De pronto, en febrero de 1996, son derribadas las avionetas de Hermanos al Rescate, se arresta a los miembros de Concilio Cubano y se interrumpen todas las negociaciones con los odiados imperialistas.

Lo mismo pasará con los fellow travellers que hoy están en la Casa Blanca. En el 96 estaban Bill Clinton, el ambientalista Gore y la señora Janet Reno. ¿Por qué? Muy fácil. Restaurar relaciones implica, ¡horror! pagar cerca de 3 billones de USD por expropiaciones ilegales, aceptar la oposición interna, liberar presos políticos y entre otras cosas, se pierde la primogenitura de la revolución latinoamericana- africana, bolivariana y no sé cuantas “anas” más…

Al final, la sempiterna falta de confianza entre los EE.UU. y los Castro, es y será el obs­táculo mayor para lograr unas relaciones estables. Nada de lo que ocurrió en la Cumbre de Trinidad, ni lo que digan o hagan el Presidente Obama, Bárbara Lee, Richard Lugar, Pepe Serrano y otros wishfull thinkers, traerá algún acercamiento entre los dos bandos.
Esté quien esté en Washington, la corte geriátrica no cederá un ápice el poder que tiene hace 50 años. Por eso, ambos, como de costumbre, desde extremos opuestos, se mirarán como el borracho y el cantinero.

Graduados

Saturday, July 18th, 2009

Por José Antonio Fornaris

El año lectivo ha concluido en todo el país. La Universidad de La Habana graduó a otros 2 250 nuevos profesionales, del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría (ISPJAE) egresaron otros 1 171 ingenieros y arquitectos, y en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) se entregaron otros 1 617 diplomas de profesionales.

Durante sus 45 años de creado, el ISPJAE ha graduado 49 775 estudiantes. La UCI es un centro joven, sólo ha realizado tres graduaciones a 4 623 egresados. Y la Universidad de La Habana, que es bicentenaria, ha graduado en los últimos cincuenta años a 105 403 estudiantes.

De acuerdo con datos oficiales, en el último medio siglo cerca de un millón de hombres y mujeres se han graduado en los distintos centros de educación superior existentes en el país.

La cifra, para una nación pequeña como Cuba que sólo tiene dentro de sus fronteras a un poquito más de once millones de habitantes, es muy significativa. Ese es un gran capital humano. Pero, ¿dónde están esos profesionales que su aporte al PIB del país y a su engrandecimiento espiritual no se nota?

Ana Iris es ingeniera mecánica y se dedica a vender yogur a domicilio. Maida es psicóloga y optó por ser ama de casa. Su esposo trabaja la herrería por cuenta propia y gana en dos días lo que ella devengaba en un mes de trabajo. Sonia es socióloga y también vende yogur a domicilio. Norma es ingeniera industrial y comercia frutas y tubérculos en un pequeño kiosco de una cooperativa agrícola.

Una colega que hasta hace poco fue la vicepresidenta de la Sociedad de Amistad Cuba-Haití me comentó, triste y alarmada, que el número de profesionales que iban a verla para indagar sobre la posibilidad de conseguir algún tipo de contrato de trabajo en Haití era enorme.

Del casi millón de graduados universitarios, 344 mil son pedagogos. Pero la crisis que está afrontando el sistema de instrucción en Cuba es por falta de profesores y maestros.
Hubo que “preparar” a la carrera a miles de maestros emergentes. Y el Estado se ha visto precisado a pedirle a los docentes retirados que regresen a las aulas.

Como eso no ha sido suficiente, se decretó un aumento salarial a partir del próximo curso escolar para todos los docentes. Dentro de dos meses, por ejemplo, un profesor general integral de Secundaria Básica, graduado de nivel superior con cuatro años de servicio y evaluado de bien que ahora gana 376 pesos mensuales, comenzará a devengar 600 (un dólar estadounidense al cambio oficial son 20 pesos) Un kilogramo de pollo vale algo más de tres dólares y una colcha para limpiar el piso, un dólar.

Un amigo pediatra asegura que con lo que ganaba su padre que era obrero en la compañía eléctrica antes del triunfo de la revolución, en casa había hasta auto. Ahora él se traslada en una bicicleta china marca “Forever” destartalada. Y todos los días de este mundo se lamenta de haber estudiado tanto para ahora vivir gracias a la benevolencia de unos familiares que residen en Estados Unidos, porque su salario de 625 pesos mensuales prácticamente no le representa nada.

¿Cuánto le habrá costado al país tener tantos graduados universitarios? El gasto valdría la pena si todos ellos se sintieran triunfadores y el resultado de esa gran inversión pudiera aunque sea verse.

Pero graduar para como máximo objetivo engrosar una estadística, crea más problemas que los que hipotéticamente esas personas pudieran resolver. La Unión Soviética se ufanaba de tener muchos más graduados universitarios que Estados Unidos.

¿Donde están los bitongos?

Saturday, July 18th, 2009

Por Luis Cino

 

Refiere mi amigo el escritor Ramón Díaz Marzo que supo por un adolescente que la juventud cubana actual se divide en dos grupos, cuyos nombres en inglés olvidó porque no llevaba consigo la grabadora ni su libreta de apuntes. Supongo que se refería a mickeys y repas (diminutivo de “repartero”, que no es precisamente una palabra inglesa). En todo caso, faltan las otras tribus urbanas que han proliferado en Cuba como pulgas en un perro, porque muy a pesar de los mandarines, en la isla crece la diversidad.

Cuando leí la crónica “Guapos y Bitongos” (aunque me cause angustia, no puedo resistir la tentación de leer todo lo que escribe Díaz Marzo), me asaltó una duda: ¿aún quedan bitongos? Creía el término extinguido, si acaso limitado a casos de muchachos excepcionalmente mimados.

En mi niñez, llamaban bitongos a los hijos de los burgueses. La mayoría se fueron del país con sus padres. Eran tiempos de aguda confrontación clasista. Recuerdo que se hablaba de una pandilla juveníl que llamaban Los Jackets Negros a quienes culpaban (incluso el Máximo Líder) de sabotajes y todo tipo de fechorías. En realidad, eran muchachos que amaban las Harley Davidson, los tupés a lo James Dean, la música de Elvis y bailar el twits. Sólo por eso, muchos fueron a parar a la cárcel, varios años antes de la creación de las UMAP.

Nuestra adolescencia discurrió en un país con forma de campamento militar donde todo cambiaba a la velocidad de los caprichos, apuntados a un futuro que nunca llegó, de voluntariosos guerrilleros barbudos que vestían de verde olivo. Nos debatimos en opciones riesgosas para nuestros destinos, entre los manuales de marxismo-leninismo, los carteles del Che Guevara, las canciones de los Beatles y Silvio, el pato Donald, los muñequitos rusos, el ataque yanqui que nunca se produjo y el idioma inglés aprendido a través de las emisoras de radio de la Florida.

A duras penas sobrevivimos al asedio de profesores, policías y responsables de vigilancia de los CDR que velaban por nuestra albura ideológica. Por si fuera poco, había entre nosotros una perenne lucha entre gatos y perros, callejeros, mal nutridos e indóciles. Una guerra enfrentaba a guapos y pepillos, al ambiente contra la onda. Y la policía contra todos.

Los bandos estaban delimitados. Los guapos de Párraga, Mantilla y San Miguel del Padrón, con motas y flat top, casquillos de oro y platino en los dientes, pantalones batahola y zapatos apaches contra los pepillos de La Víbora, Santos Suárez, Alta Habana y El Vedado, con melenas y pantalones acampanados. Unos bailaban casino con Revé, los Van Van y la Monumental. Los otros se contorsionaban sicodélicamente con el rock de Led Zeppelin, Deep Purple, Grand Funk Railroad o durante los 17 minutos que duraba Get ready.

Las broncas estallaban por cualquier motivo en fiestas o campamentos de escuela al campo. Las armas eran, además de los puños, botellas, navajas o cinturones anchos de enormes y contundentes hebillas.

El clímax de los enfrentamientos fueron los carnavales de julio de 1970. El gobierno los organizó para celebrar la zafra de los 10 millones que no fueron. Antes de dedicarnos a convertir, una vez más, el revés en victoria, nos merecíamos un poco de diversión. Mientras lloraba el perico y se meneaba el agua en la batea, (oh Marilú, american woman, mama let me be) llovían las bengalas, los navajazos y los palos y cascazos de la policía (que por entonces usaba cascos blancos para cuidar las fiestas públicas).

En 1980, el Mariel mostró a guapos, pepillos y gays, que tenían un enemigo común que los calificaba de escorias y los echaba a patadas de la patria socialista. Daba igual como bailaran, vistieran o llevaran el pelo. Habían defraudado las expectativas del Máximo Líder.

Quedó claro que la construcción del comunismo era tarea para hombres libres de elegir entre la universidad sólo para revolucionarios, la guerra de Angola, los domingos rojos en la agricultura, las microbrigadas o las rejas del Combinado del Este.

En sus laboratorios, los mandarines no obtuvieron exactamente el hombre nuevo que planificaron sino raros (a)seres. Hablan a gritos en jerga extraña, beben chispa de tren, bailan reggaeton, medran en la ilegalidad, se obsesionan con la sociedad de consumo y tienen una incurable tendencia a emigrar a donde quiera en cuanto objeto flote sobre el mar.

Los adolescentes cubanos del nuevo siglo (freakies, rastas, emos, mickeys o repas), todos son nietos de la desilusión. Amorales, materialistas, cínicos, violentos y hedonistas. No son felices y no lo ocultan. Los que no saben rechazar de plano al sistema, lo ignoran olímpicamente.

¿Y quienes son hoy los bitongos que dice Ramón Díaz Marzo? ¿Acaso los hijos de papá? No lo creo. Son hijos de comunistas, pero no bobos. Porque muchachos bien siempre hubo, desde que tengo uso de razón. Sólo que no con tantos lujos y privilegios como ahora.

Conocí a muchos (eran mayoría) que sin ser hijos de la elite usaban el pelo corto, participaban con más o menos entusiasmo en las tareas políticas orientadas, estaban conformes con el pop español que permitían en la radio y habían pedido la mano de novias que por añadidura eran vírgenes. A pesar de tanta corrección, no pasaron de ser simples cheos municipales.

Sin embargo, conocí en los 70 a un melenudo hijo de papá que estudiaba en la Escuela de Letras, tenía amigos hippies y se volvía loco por la música de Janis Joplin. No estoy seguro si es él, porque pasó mucho tiempo y ha cambiado mucho, pero creo que hoy es ministro de algo…Y entonces, Ramón, ¿dónde están los bitongos?