Poema del periodista, escritor, y ensayista cubano Gastón Baquero quien murió exiliado en Madrid. de su libro ”Memorial de un testigo” 1966

Parece que estoy solo,/
diríase que soy una isla, un sordomudo, un estéril./
parece que estoy solo, viudo de amor, errante,/
pero llevo de la mano a un niño misterioso,/
que a veces crece de repente, y es un soldado aherrojado,/
es un hombre mayor meditabundo, un huésped del reino de los lúcidos,/
se encoge luego, se recoge hasta devolverse a la niñez,/
con sus ojos denominable arcano, con su látigo inútil con su estupor,/
y este niño retráctil me acompaña, y se llama Rainiero en ocasiones,/
y en otras el Presente, y el Caballero Huérfano, /
y el Soldado sin Dormir Posible,/
y comulga con el comunicado mundo de ultratumba,/
y conoce el lenguaje de los que abandonaron, condenados, el cuerpo,/
y pelean a alma limpia por convencer a Dios de que se ha equivocado./
Parece que estoy solo en medio de esta fría trampa del universo,/
donde el peso de las estrellas, el imponderable peso de Ariadna, /
es tan indiferente como el peso de la sangre,/
o como el ciego fluir de la médula entre los huesos;/
parece que estoy solo, viendo cómo a Dios le da lo mismo/
que la vida tome en préstamo la envoltura de un hombre o la /
concha de un crustáceo,/
viendo lleno de cólera que Pergolesi vive menos que la estólida tortuga, /
y que este rayo de luz no quiere iluminar nada,/
y el sol no sospecha siquiera que es nuestro segundo padre./
Parece que estoy solo, y este niño del látigo fláccido está junto a mí,/
derramando como compañía su mirada sagaz, temerosa porque /
ha reconocido /
el vacío futuro que le espera;/
parece que estoy solo, y golpeándome el hombro está este niño,/
este aislado de la multitud, lleno de piedad por ella,/
que se inclina sobre el centro del misterio, y golpea y maldice,/
y hace estremecerse al barro y al arcángel,/
porque es el Testimonio, el niño pródigo que trae la corona /
de espinas,/
la verdad asfixiante del sordo y ciego cielo./
Cuando yo mismo sueño que estoy solo,/
tiendo la mano para no ver el vacío,/
y esta mano real, este concreto universo de la mano,/
con destino en sí misma, inexorablemente creada para ser /
osamenta y ser polvo,/
me rompe la soledad, y se aferra a la mano del niño, y partimos/
hacía el bosque donde el Unicornio canta,/
donde la pobre doncella se peina infinitamente,/
mientras espera, y espera, y espera, y espera,/
acompañada por las rotas soledades de otros seres,/
conscientes del misterio, decididos a insistir en sus preguntas,/
reacios a morir sin haber encontrado la clave de esta trampa./
Parece que estoy solo,/
pero llevo en derredor un mundo de fantasmas,/
de realidades enigmáticas como el pan y la silla,/
y ya no siento asombro de llamarme Roberto o Antonio /
o Segismundo,/
o de ser quizá un árbol a cuyo pie descansa un peregrino/
en cuya mente vive como metáfora de su realidad la persona /
que soy;/
pues sé que estoy aquí, realmente aquí, destruible pero ya /
irrevocable,/
y si soy sueño, soy un sueño que ya no puede ser borrado;/
y una lejana voz confirma todas las anticipaciones,/
y alguien dice -¡no sé, no quiero oírlo!-/
que de esta trampa ni Dios mismo puede librarnos,/
que Dios también está cogido en la trampa, y no puede dejar /
de ser Dios./
porque la Creación cayó de sus manos al vacío,/
tan perfecta y completa que el Señor, satisfecho,/
se dedicó a crear otras creaciones,/
y va de jardín celeste en jardín celeste, dando cuerda al reloj, /
atizando los fuegos,/
y nadie sabe por dónde anda ahora Dios, a esta hora /
del día o de la noche,/
ni en cuál estrella se encuentra renovando su curioso experimento,/
ni por qué no deja que veamos la clave de esta trampa,/
la salida de este espejo sin marco,/
donde de tarde en tarde parece que va a reflejarse la /
imagen de Dios,/
y cuando nos acercamos trémulos, reconocemos el nítido /
rostro de la Nada/
Con este niño del látigo en la mano voy hacia el amanecer o /
hacia el morir./
Comprendo que todo está ya escrito, y borrado, y vuelto a escribir,/
porque la sucia piel del hombre es un palimpsesto donde emborrona /
y falla sus poemas el Demonio en persona;/
comprendo que todo ya está escrito, y rechazo esa lluvia sin cielo /
que es el llanto;/
comprendo que nacieron ya las mariposas /
que obligarán a palmotear de alegría a un niño que inexorablemente /
nacerá esta noche./
y siento que todo está escrito desde hace milenios y para milenios, /
y yo dentro de ello:/
escrita la desesperación de los desesperados y la conformidad de los /conformes,/
y echo a andar sin más, y me encojo de hombros, sin risa y sin llantos, /
sin lo inútil,/
llevando de la mano a este niño, silente compañero,/
o soñándole a Dios el sueño de llevar de la mano a un niño,/
antes de que deje de ser ángel,/
para que pueda con el arcano de sus ojos/
iluminarnos el jardín de la muerte./
Poeta, ensayista y periodista cubano nacido en Banes en 1918.Abandonó su profesión de Ingeniero Agrónomo y Doctor en Ciencias Naturales para dedicarse por completo a la literatura.
En la década de los años cuarenta trabajó como periodista en algunos diarios de La Habana, incursionó en el campo político, y tradujo algunos textos de poetas europeos y norteamericanos.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana, se exilió en Madrid hasta su muerte acaecida en 1997.