Archive for November 21st, 2009

Neutralizar a la envidia

Saturday, November 21st, 2009

Por Guillermo Fariñas

Santa Clara, Cuba. Muchos observadores extranjeros conjeturan como el gobierno castrista ha podido mantenerse en el poder a pesar del alto grado de insatisfacción que se palpa a cada paso entre los ciudadanos de a pie, quienes realizan constantes críticas al estado de cosas en el país.

Es por todos sabidos que dos factores juegan un papel esencial en esta retención de las frustraciones de los cubanos. El primero de estos es el sofisticado aparato punitivo con que cuenta el régimen totalitario. El segundo es la manipulación ideológica que padecen los pobladores de la isla.

Varios son los científicos sociales que aseguran que el manejo de un sentimiento tan controvertido como la envidia, juega un rol fundamental en todo este entramado socio-político. Según el Real Diccionario de la Lengua Española, el concepto de Envidia es: “Tristeza o pesar por el bien ajeno”, “Emulación, deseo de algo que no se posee”.

Con la situación de pobreza material y espiritual en que están inmersos los cubanos, es algo natural que este sentimiento de rencor aparezca en sus almas, pues son pocos los compatriotas que en estas circunstancias obtienen solvencia económica en medio del caos social. Esos pocos tienen sobre sus espaldas los ojos vigilantes de sus vecinos o compañeros de trabajo y estudio. Las personas más cercanas en la cotidiana convivencia, a la vez son capaces de escrutar bien de cerca el nivel de abundancia o estrechez del prójimo.

En Cuba, afloran actitudes envidiosas que en otras latitudes del planeta serían consideradas ridículas. Aquí se envidia desde un par de zapatillas de marca hasta que la hija del conocido ejerza el jineterismo, debido a que la las prostitutas son sujetos sociales con un alto grado de poder financiero.

Esto es perfectamente conocido por los mecanismos represivos del sistema castrista, los cuales pescan en río revuelto, como única manera de mantener el status quo político. Los represores de oficio solo aplican la vieja máxima del Imperio Romano, que reza: “Divide y vencerás”.

Para eso encargan a los envidiosos que sean los delatores de sus prójimos con una economía personal más desenvuelta. A la vez, que informan a los envidiados y delatados de un modo indirecto, de la existencia de las confidencias de sus supuestos “amigos” o “compañeros”, según sea el caso. El objetivo es crear un rencor interpersonal entre los involucrados, para que se concentren en odiarse y hacerse daño mutuamente, cuestión que trae como consecuencia, que no exijan a los gobernantes respecto a las carestías e insuficiencias de todo tipo que tiene la sociedad nacional.

Esta es una planificada maniobra de manipulación social del aparato de control político desde hace varias décadas. Un recurso supremo para que no surja un sentimiento de unidad entre los cubanos avasallados, siquiera una precaria cohesión para protestar ante la nomenclatura fidelista.

Podrán hacerse constantes críticas contra los que detentan el poder político, pero mientras como masa de sujetos sociales no se unan, no obtendrán el necesario respeto por parte de los dirigentes comunistas. Para conseguirlo, primero hay que neutralizar a la envidia.

Calvert Casey

Saturday, November 21st, 2009

Por Luis Cino

 

La Habana. En mayo se cumplieron 40 años de la muerte de Calvert Casey, pero apenas se habló de él, en Cuba o la diáspora, en aniversario tan redondo. Apenas una entrevista en La Gaceta de Cuba al poco dado a revelaciones Antón Arrufat, que dice haberlo querido bien

No hay que extrañarse del silencio. Sigue siendo cómodo mantener discretamente oculto al raro Casey, un escritor que no se sabe a derechas si era cubano o norteamericano (nacido en Baltimore, se estableció en Cuba en 1957), fascinado por la muerte y que para colmo, tartamudeaba su homosexualidad a los cuatro vientos.

Por aceptado a regañadientes que fuera por los hacedores del canon literario, como no iba a ser demasiado perturbador alguien capaz de escribir algo como “En San Isidro” (¿cuento, poema en prosa, oratorio?): “En la última hora, madre mía, padre San Isidro, sublime maricón desdentado, deposítame tumefacto y podrido en las aguas que te han asignado en la vieja bahía, para poder lamer mucho tiempo tu viejo costado purulento, con los detritus y con los peces muertos.”

Los que lo conocieron recuerdan a Casey como un tipo muy inteligente, tímido, flaco, pálido, medio calvo, con gruesos espejuelos de miope y varios tics nerviosos. Según Cabrera Infante, algunos de sus amigos lo apodaban La Gaguita. Gustaba pasear por los cementerios y vivía en la calle Oficios, en La Habana Vieja, con un amante mulato que lo inició en la santería.

Fue a parar a la Casa de las Américas cuando cerraron Lunes de Revolución. La Habana sometida a la purificación revolucionaria era mal sitio para gente como Calvert Casey. Se fue al exilio a Europa en 1966, aterrado por la cruzada homofóbica y la instauración de los campamentos de trabajo forzado de las UMAP.

Su obra fue corta, pero intensa. Nunca se sintió seguro con los cuentos y ensayos que escribió. Sólo terminó a trancos una novela, “Notas de un simulador”. De “Gianni, Gianni” sólo quedó un capítulo, Piazza Morgana. Lanzó a la corriente del Tíber el manuscrito inconcluso de la novela tras una pelea pasional con Gianni, su atormentado efebo italiano.

Piazza Morgana (según Antón Arrufat, “uno de los grandes textos que un cubano ha escrito sobre el amor”) describe el viaje físico de Calvert Casey por el organismo de Gianni: “Pudiera escribir interminablemente acerca de mi paseo…las más extrañas criaturas, mitad animal, mitad vegetales, que se abren y se cierran, degeneran y regeneran, se destripan en suicidios masivos sólo para trocar sus fragmentos y reunirse segundos más tarde…Me dejo abrazar por el billón de criaturas que pululan a través de mí, que se aglomeran en el espeso jugo por el que nado en silencio. Escogí una al azar, tal vez la más atractiva, tal vez la más horrenda y dejé que me atrapara y me tragara, como un corpúsculo devorado por un glóbulo blanco. Qué infinita quietud, que paz…No hay otra palabra. La he encontrado en lo más hondo. Esto anula y borra años de exhaustiva e inútil búsqueda. Soy feliz. ¡Al fin!”

Pero Gianni, como Cuba y la revolución de Fidel Castro, fue otra decepción. Y Calvert Casey exigía demasiado de la vida. Lo encontraron muerto por una sobredosis de barbitúricos el sábado 17 de mayo de 1969 en su apartamento romano de la calle Gesú e María. Sus restos descansan en un osario de Campo Verano, en las afueras de la capital italiana. No sé si hubiera preferido lo enterraran en un cementerio habanero, el de Guanabacoa, por ejemplo.

Calvert Casey, además de sus libros (sólo uno publicado en Cuba por Ediciones R) y algunos bien escondidos números de Lunes de Revolución, dejó sus inquietantes cartas. Algunas de ellas fueron vendidas a la universidad de Princeton por escritores cubanos porque en los años más duros del Decenio Gris no tenían dinero para comer. ¿Quién iba a suponer que un día a los represaliados los rehabilitarían y hasta recibirían el Premio Nacional de Literatura? No importa, en definitiva las cartas de Calvert Casey eran demasiado tristes, comprometedoras y removían algunas malas conciencias. En Princeton están mejor guardadas.

Explosiva manera de ser patriota

Saturday, November 21st, 2009

Por José Antonio Fornaris

 

“Que farsante es el gobierno cubano. El jefe de Acción y Sabotaje de la Ciudad de La Habana, recibía órdenes directas de Fidel Castro, que eran provocar el pánico en las ciudades de manera que nadie se sintiera seguro, y lógicamente culparan al régimen de Batista por eso. Y para que hubiera tranquilidad, cooperaran con el Movimiento 26 de Julio, prometedor de la paz deseada y del rescate de los principios constitucionales violados por Batista. Mi nombre es Sergio González, soy el hijo de El Curita”.

La Habana. Sergio González López, El Curita, hubiera cumplido los 88 años el 29 de octubre. La prensa oficialista le rindió homenaje en su onomástico, calificándole de “un probado patriota”.

El Curita fue durante varios meses jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana. Entre sus hazañas se encuentran el sabotaje a los tanques de combustible de la refinería estadounidense Esso Estándar Oil, la voladura de parte de una conductora de agua, la destrucción de documentos financieros en la Cámara de Compensaciones, el sabotaje a unidades de la Compañía Eléctrica y la detonación de 100 artefactos explosivos en una sola noche a finales de 1957.

Al mismo tiempo que narran, en alguna que otra ocasión, las actividades revolucionarias de González López, los medios, todos de propiedad estatal, aseguran que El Curita no era un terrorista. Dicen, entre otras cosas, que ese es un calificativo que utilizan en Miami contra El Curita, los batistianos y lacayos, que usan el término para calificar a todo el que lucha por sus derechos conculcados.

El 11 de octubre de 2007, el embajador de Cuba en la Organización de Naciones Unidas, Rodrigo Malmierca, hablando en nombre del Movimiento de Países No Alineados (NOAL), afirmó: “Todos los actos de terrorismo son injustificables y constituyen las violaciones más manifiestas del derecho internacional, incluido el humanitario”

Malmierca, actual ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, dijo además en esa ocasión que el NOAL rechazaba el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, y lo condenaba “enérgica e inequívocamente por constituir un delito”.

Lo que hizo El Curita, y otros como él durante la etapa insurreccional armada del último lustro de la década de los años 50 del siglo XX, era un delito. Qué noble justificación podría tener, y esto son sólo pocos ejemplos, hacer estallar bombas en sitios públicos de ciudades donde viven pacíficos ciudadanos y sabotear redes de acueductos públicos y del servicio eléctrico en zonas donde residen personas que para nada se ocupaban de cuestiones políticas.

Pero sobre el terrorismo, La Habana tiene un discurso para el exterior y otro muy diferente para consumo doméstico.

El 8 de agosto de 2007, como comentario a un artículo que publiqué sobre el tema, recibí el siguiente correo electrónico:

“Que farsante es el gobierno cubano. El jefe de Acción y Sabotaje de la Ciudad de La Habana, recibía órdenes directas de Fidel Castro, que eran provocar el pánico en las ciudades de manera que nadie se sintiera seguro, y lógicamente culparan al régimen de Batista por eso. Y para que hubiera tranquilidad, cooperaran con el Movimiento 26 de Julio, prometedor de la paz deseada y del rescate de los principios constitucionales violados por Batista. Mi nombre es Sergio González, soy el hijo de El Curita”.

Una sola cara de la moneda

Saturday, November 21st, 2009

Por Laritza Diversent

 

La Habana. Félix López es un periodista del Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Odia a los que intentan convertir “un medio estatal” en “propiedad privada”, al que se corrompe para autoincrementarse el salario y a los ineficientes que en vez de prestar un servicio por el que cobran, actúan como si nos hicieran un favor. Aborrece a los taxistas que apagan el taxímetro y arreglan el precio de la carrera, a los funcionarios que por dinero agilizan los trámites, al técnico de refrigeración que no atiende los reportes de roturas de los equipos de la población.

En otras palabras, no soporta la ilegalidad, la corrupción y la ineficiencia en la prestación de los servicios.

Para el periodista, estos males, florecieron bajo la nueva significación que adquirió el término “lucha” en el Período Especial. ¿Será que ese tiempo terminó? Recuerdo bien, aunque yo tenía solo nueva años, que la dirigencia histórica decretó su comienzo. Luego de dos décadas, aun no lo declara por terminado.

Según López, hay cosas que andan mal a nuestro alrededor por obra y gracia de la impunidad, la permisividad y la tolerancia. Opina que la crítica situación económica no justifica que se ensanche la ilegalidad. Moraleja: los problemas sociales que afectan a la población se resuelven con mano dura.

Se niega a pensar que es difícil recuperar los valores, el amor por el trabajo, “el respeto sagrado a los recursos del Estado” y la calidad en la prestación de servicios.
Tal vez a este periodista, el salario le alcance para pagar la electricidad, los equipos, el precio del transporte público, etc. Quizás los productos racionados de la libreta de abastecimiento le sean suficientes para alimentarse él y su familia, si la tiene. Me imagino que puede prescindir perfectamente de las demandas del mercado negro. Posiblemente, de su sueldo le quede para vestirse.

Se me olvidaba, los periodistas oficiales constituyen uno de los sectores que tiene la posibilidad de viajar al extranjero. Privilegio que no tenemos el resto de los cubanos. Lo único que tienen que hacer es taparse los ojos y los oídos, para no pensar y repetir como papagayos las consignas de los dirigentes, dueños del diario en el que escriben.

Para nadie es un secreto que esos viajecitos reportan ingresos adicionales y muchas otras ventajas económicas. Seguramente por eso se da el lujo de afirmar que su opinión es una reproducción del debate social entre los vecinos, la pesquisa de un cubano decente que sentencia al ladrón, el indolente o el burócrata.

En esas condiciones, pueden darse el lujo de juzgar y sentenciar a ese taxista, a ese funcionario estatal, a ese técnico en refrigeración, de inescrupulosos, oportunistas y delincuentes, sin analizar las condiciones que los rodean y los motivos que los llevan a esas conductas. Tal vez sus vecinos no tengan que transgredir la ley para vivir el día a día y sostener a su familia.

Tal vez Félix no se ha puesto a pensar que el aumento de la ilegalidad es por el exceso de prohibiciones que ha impuesto un Estado, que aún teniendo todos los medios a su alcance, y exigiendo el respeto sagrado a los recursos que una vez dijo eran del pueblo, es completamente incapaz de solventar las necesidades sociales.

Es fácil mirar solo una cara de la moneda. Desconocer los instintos básicos de los seres humanos y calificar de depredadores, y ahora también de “pichones que esperan con la boca abierta la comida de Papá Estado”, a los que sudan a diario e inventan de todo, para subsistir en medio de la perpetua crisis económica cubana.

Palabras de mujer

Saturday, November 21st, 2009

Por Juan González Febles

 

La Habana. Merecen que un compilador acucioso las prepare y les de forma adecuada para descansar en cualquier mesa de noche. Digo que con estas cartas, podría hacerse un excelente libro.

He leído algunas dirigidas por Damas de Blanco, a diferentes instancias y personalidades del gobierno de Fidel Castro. Algunas de ellas, al propio Fidel Castro. Las cartas a que pude acceder son más o menos breves. Leí del tipo lacónico, expresivo, humorístico, emotivo, etc., en todos los casos rezuman valor y sinceridad.

Algunas están calzadas por la firma de la Sra. Laura Pollán. En otras, firma cualquiera de estas valerosas mujeres o la autoría es colectiva. Son cartas que nunca fueron respondidas. En algunos casos, las recepciones de las instituciones donde debieron ser entregadas, se negaron a recibirlas. Los porteros y las recepcionistas temían quemarse las manos.

Estas mujeres tocaron duro la hombría de los cubanos que las vieron desfilar y desafiar los pilares del terror constituido en autoridad y ley prostituida. Sus cartas son parte de la expresión escrita que quedará para el día que nuestra actualidad sea historia.

El fino toque humorístico de una de ellas, conmueve por su elegante y delicada ironía. Se trata de una solicitud para entrevista con Fidel Castro, firmada por “Esposas y familiares de periodistas y disidentes presos” y está fechada en 22 de junio de 2004. En la postdata, expresan: “Perdone que la carta sea manuscrita, pues confiscaron nuestra máquina de escribir”. ¿No es delicioso?

Está la carta dirigida a Tubal Páez, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, (UPEC) pontífice de los amanuenses de la palabra cercenada y representante entre otros, de los ‘periodistas’ sobornados con manillas de gratuidades en los lugares selectos de la Cosa Nostra Verdeolivo. Una verdadera joyita.

Imaginen la cara de este Sr. Páez, cuando leyó que estas mujeres pedían nada menos que veracidad e imparcialidad. Piden que retome esos peligrosos elementos diversionistas de los que se desembarazó, el día que recibió su manillita de gratuidades y se le perdió aquella vergüenza, que aún no ha recuperado.

Estas palabras de mujer, con toda la carga de amor y de ira contenida, flotan en el espacio limpio que corona el sacrificio de nuestra mejor gente: Nuestros presos políticos y de conciencia. Sacrificados en la plenitud de sus vidas. Condenados al secuestro en antros donde el minucioso espanto de carceleros, no ha expulsado el amor de sus corazones y no ha borrado de sus labios la denuncia y la sonrisa.