Sin seguro no es igual que sin empleo
Tuesday, December 1st, 2009
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MIAMI. (Agencias)- Este verano estuve en uno de esos foros públicos sobre servicios médicos de los que tanto se habla. Como buena republicana, era mi deber estar ahí.
En la reunión, el representante federal Pete Sessions pidió a todas las personas que tuvieran seguro médico que se pusieran de pie. Súbitamente me vi rodeada por un muro de gente.
Yo permanecí sentada, cosa que no muchos republicanos hicieron.
Sessions dijo algo así como “caray, qué comunidad tan afortunada en la que vivimos”, y yo estuve totalmente de acuerdo con él.
Los habitantes de mi sector son muy afortunados, aunque dudo que muchos de ellos lo sepan.
Ese momento de armonía fue roto por la voz de un hombre mayor, que gritó, “¿Por qué no pide que nos pongamos de pie los que no tenemos seguro médico?”.
Yo pensé lo mismo, pero preferí permanecer callada.
Aún antes de que el hombre volviera a sentarse, uno de mis compañeros republicanos le gritó: “Busque trabajo!”. Yo me quedé sorprendida. ¿De veras piensa que no tener seguro significa que esa persona es un holgazán y un vago sin trabajo?
Tal vez debió decirle eso a mi esposo, que sí tiene trabajo.
Mi marido trabajaba para una compañía de contratación que, debido a su reducido tamaño, no podía dar seguro a sus empleados; pero le daban un estipendio de $200 mensuales para pagar su seguro médico.
Después de analizar detalladamente nuestras opciones con un agente, nos decidimos por un plan que daría cobertura a mi esposo (el empleado) y a nuestros tres hijos por $256 mensuales. Incluirme a mí habría elevado al precio exponencialmente.
Los pagos conjuntos eran de $40 por visita, y teníamos un deducible de $1,000. Difícilmente era una buena compra, pero era lo que podíamos pagar en ese momento.
En los siguientes seis meses la prima aumentó tres veces. No tuvimos lesiones ni enfermedades, sólo una visita preventiva al pediatra y algunas vacunas.
Yo ya estaba harta, pero no me podía quitar de la mente una voz que me decía: “tus hijos podrían necesitar el seguro algún día, y entonces te alegrará tenerlo”.
Dos meses después uno de nuestros hijos se cayó y tuvieron que ponerle puntadas. Por supuesto, era viernes, y después de las 5 p.m. Por supuesto, era al final de un año en que gozamos de mucha salud y no habíamos tocado nuestro deducible.
Finalmente lo necesitamos. ¿Pero estuvo a la mano el seguro? Definitivamente no. Nuestro seguro cubre el cáncer y ataques cardiacos. Cubre enfermedades que ponen en peligro la vida, pero nada más.
A veces me pregunto si nuestro dinero no estaría mejor guardado en una lata de café.
Afortunadamente mi esposo tiene un nuevo empleo, y esperamos mejores opciones.
Pero mi generación -familias jóvenes, trabajadoras, de clase media- está recibiendo mucho menos de su seguro médico a pesar de que paga mucho más.
Mis compañeros conservadores, la mayoría de los cuales nacieron en una época diferente en cuanto a cobertura médica, no tienen idea.
Para ellos, no tener seguro es lo mismo que estar desempleado, porque eso es lo que les gusta pensar a los republicanos. Pero yo estoy aquí para decirles que no es así. Sé que la medicina socializada no es la solución, pero ignorar el creciente número de familias de clase media sin seguro tampoco es la solución.
