
LONDRES. (Reuters)- En medio de los crecientes triunfos y escándalos de mal gusto que opacaron la primera década del nuevo milenio, Usain Bolt le recordó al mundo por qué el deporte cautiva y exalta a tantas personas.
Una ola de incredulidad recibió al jamaiquino en el estadio Nido de Pájaro en Pekín el año pasado luego que rompió el récord mundial de los 100 metros y se convirtió en la primera persona en lograr menos de 9,7 segundos en la prueba.
La reacción fue provocada no sólo por el tiempo que logró sino por la forma en la que corrió y ganó. Bolt se burló de la plusmarca anterior y de los esfuerzos de sus desafortunados oponentes, pese a bajar la velocidad y mirar a izquierda y derecha antes de cruzar la meta.
Rompió otro récord mundial en la final de los 200 metros, esta vez mejorando la marca de 1996 de Michael Johnson que las estadísticas pronosticaban que duraría 25 años, y sumó un tercero cuando los jamaiquinos ganaron el relevo 4×100.
Este año, de nuevo sin parecer exigirse demasiado, Bolt logró menos de 9,6 segundos en los 100 metros y volvió a romper la marca de los 200 metros en el Mundial de Berlín.
Bolt en la pista, Michael Phelps en la piscina y Yelena Isinbayeva saltando en el aire demostraron que los deportes olímpicos más elementales pueden ser lo más satisfactorios.
Phelps ganó un récord de ocho medallas en nueve días en Pekín con siete récords mundiales mientras que Isinbayeva superó su propio récord en el salto con pértiga femenino a 5,05 metros, su marca mundial número 24.
La impresión por las extraordinarias hazañas de Bolt cerca del final de la década siguió a un amplio malestar provocado por eventos ocurridos al inicio.
En el 2000, Marion Jones era la atleta del momento tras anunciar que superaría a Jesse Owens y a Carl Lewis y ganaría cinco medallas de oro olímpico en la pista.
Jones, quien apareció en las portadas de Time, Newsweek y Vogue mientras obtenía contratos de multimillonarios, pasó los Juegos de Pekín en prisión tras admitir su sistemático uso de drogas antes de Sidney.
Bolt nunca ha dado positivo ni se ha perdido un control antidopaje y las gigantescas zancadas con la que recorre la pista más rápido que cualquiera de sus contemporáneos da una explicación genética plausible a sus asombrosas proezas.
Aún así, Bolt y sus contemporáneos deben vivir con la sospecha que afecta a gran parte del deporte en el siglo XXI ya que las enormes recompensas financieras que ahora hay disponibles hacen que la presión por tener éxito sea aún más fuerte.
Los escándalos de drogas han afectado al Tour de Francia y erosionado la credibilidad del atletismo y la halterofilia.
Este año el equipo Renault de la Fórmula Uno admitió que Nelson Piquet chocó deliberadamente en el Gran Premio de Singapur 2008 para ayudar a su compañero de equipo Fernando Alonso a ganar la carrera.
El Escándalo BALCO
Jones quedó expuesta como resultado del escándalo de Balco en la que investigadores federales descubrieron que había sido uno de los clientes de un laboratorio dedicado a fabricar drogas que mejoraban el rendimiento diseñadas para no ser detectadas por los controles antidopaje.
El bateador de los Gigantes de San Francisco Barry Bonds, quien afronta cargos de haber mentido a un gran jurado sobre su uso de esteroides tras alcanzar un récord de 762 jonrones, era otro cliente de Balco.
Pese a sus escándalos, el deporte prospera y parece que seguirá creciendo pese a la crisis financiera que afectó al mundo poco después de los Juegos de Pekín.
Los deportes se están extendiendo fuera de sus mercados tradicionales, con el circuito europeo de golf 2009, por ejemplo, comenzando en Shanghái y alcanzando su cúspide en Dubai.
La Fórmula Uno, dominada por el siete veces campeón Michael Schumacher en la primera parte de la década, demostró en Singapur cuán cautivante puede ser una carrera nocturna.
El Tour de Francia 2007 comenzó en Londres, dos años después de que Lance Armstrong ganara un séptimo título consecutivo. Armstrong, quien libró una exitosa batalla contra el cáncer que invadió sus pulmones y cerebro, se retiró en 2005 pero volvió en 2009 para finalizar la competencia en el tercer lugar.
Al finalizar la década, los dos mejores futbolistas en el mundo, el portugués Cristiano Ronaldo y el argentino Lionel Messi estaban jugando en la liga española de fútbol.
El dinero obtenido por la televisión financia a los deportes modernos y en particular al fútbol, que ahora más que nunca se ha afianzado firmemente como el deporte mundial.
Pese a la crisis económica se espera que el organismo mundial que rige el fútbol, la FIFA, meta en sus arcas 2 mil 500 millones de dólares en ganancias por televisión por el Mundial que se disputará el 2010 en Sudáfrica.
La selección de Brasil se convirtió en la gran dominadora de la década al sumar su quinto título mundial en 2002, ganó la Copa América en 2004 y 2007 y la Copa Confederaciones en 2005 y 2009. En tanto, Italia dejó atrás un escándalo de arreglo de partidos para ser campeona en el 2006.
Un exclusivo acuerdo de transmisión con el canal de televisión Sky de Rupert Murdoch ha convertido a la Liga Premier inglesa en la más popular y entretenida del mundo y la explosión en el negocio del deporte y la recreación genera enormes ingresos.
Revolucion en las comunicaciones
El atractivo mundial de los deportes ha sido un resultado directo de la revolución de las comunicaciones.
Los límites de tiempo y espacio desaparecen. Los hinchas pueden ver o seguir una vertiginosa sucesión de eventos a través de canales de televisión, páginas en internet y revistas especializadas.
Su recompensa en vivir en una época en la que los atletas nunca han sido tan uniformemente hábiles y fuertes y, en consecuencia, los deportes que juegan nunca han sido tan rápidos y llenos de acción.
Los aficionados al tenis pueden maravillarse de la maestría de Roger Federer en Wimbledon, vibrar con el vigor de Rafael Nadal en Roland Garros y saborear las hazañas de las hermanas Venus y Serena Williams sobre cualquier superficie.
Otros deportes se han alejado del primer plano, particularmente el boxeo de peso pesado que ha pasado a ser dominado por luchadores técnicamente muy competentes pero aburridos provenientes del antiguo bloque soviético.
En septiembre del 2009 la revista Forbes anunció que Tiger Woods, quien ha reemplazado a Michael Jordan como el atleta más reconocido del mundo, se había convertido en el primer deportista con un patrimonio de mil millones de dólares.
Woods se ha vuelto un fenómeno atlético y comercial desde que ganó el Masters de Estados Unidos en 1997 por 12 golpes. En el proceso logró la improbable hazaña de hacer que el golf, deporte de las clases medias suburbanas y country clubs, parezca glamoroso.
Sin embargo, la ambición de Woods de superar el récord de Jack Nicklaus de ganar 18 torneos major fue suspendida en el último mes cuando admitió haber engañado a su esposa y anunció que se tomaría un descanso indefinido del deporte.
Parte del encanto del deporte es su carácter impredecible. El caso de Woods, que demuestra que sin importar lo talentosos que sean los atletas éstos poseen las mismas debilidades humanas que los espectadores, es parte del atractivo.