
SANTIAGO. (Reuters)- El bloque oficialista en Chile vive un fuerte remezón a 17 días de la segunda vuelta presidencial, tras la renuncia de algunos jefes de los partidos y la permanencia de otros, en lo que podría ser la antesala del quiebre de una coalición en el poder desde hace 20 años.
Tras la dimisión de algunos líderes de los partidos del pacto de centro-izquierda se busca dar un nuevo aire al presidenciable oficialista, Eduardo Frei, y cumplir así con la exigencia del ex candidato Marco Enríquez-Ominami, quien logró un tercer lugar en los sufragios del 13 de diciembre, para apoyar a la carta de Gobierno en un balotaje.
Pero el jefe del Partido Socialista (PS) -una de las alas del bloque oficialista- resolvió el jueves no dejar el cargo al menos hasta el 23 de enero, al igual que la Democracia Cristiana, en un reflejo de la falta de coordinación y división al interior de la coalición gobernante, Concertación.
“Esto es un quiebre en la forma en que cada partido de la Concertación apoya a Frei (…) evidencia una vez más la fragmentación de los grupos políticos de la coalición en los últimos años”, dijo Guillermo Holzmann, cientista político y académico de la Universidad de Valparaíso.
Desde el retorno a la democracia en 1990, cuatro gobiernos de la Concertación han manejado la economía de manera exitosa y reducido la pobreza, pero el desgaste de sus partidos, la falta de renovación de sus figuras y peleas internas han fragmentado a la coalición.
Frei, segundo en la elección presidencial de diciembre, se medirá en un balotaje con el multimillonario empresario de la derecha opositora, Sebastián Piñera, favorito en las encuestas y quien también ha intentado acercarse al 20 por ciento de los electores que consiguió Enríquez-Ominami en la primera vuelta.
CUENTA REGRESIVA
Enríquez-Ominami, un diputado y ex miembro de la Concertación, manifestó tras su derrota que no endosaría su votación a Frei o Piñera, pero esbozó que un recambio en las jefaturas de los partidos de la Concertación y la tramitación de algunas leyes de su campaña serían bien vistos.
El primero en escuchar al ex candidato fue Jose Antonio Gómez, presidente del partido oficialista Radical Social Demócrata, quien renunció en las últimas horas, al igual que el jefe del partido Por la Democracia, Pepe Auth.
“Quiero decirle (a Enríquez-Ominami) que llegó el momento de unirse a la candidatura de Frei. Aquí está mi renuncia, quedan pocas excusas, (para no adherirse)”, dijo a periodistas Auth.
Aunque Frei valoró el gesto de ambos políticos, el candidato dijo que respetará la autonomía de los partidos oficialistas, como espera que también así sea en su eventual Gobierno a la hora de designar cargos.
“Cada partido tiene su dinámica, tiene sus tiempos, tiene sus momentos. Yo estoy dedicado a mi campaña”, dijo Frei en el último día de campaña del 2009.
La decisión del presidente del PS, Camilo Escalona, de renunciar sólo después del balotaje y del timonel de la Democracia, Juan Carlos Latorre, de permanecer en su cargo es visto por analistas como algo muy arriesgado para Frei en la recta final de la campaña.
“Creo que el Latorre y Escalona se están preparando para el día después de la pérdida de la Concertación, el 17 de enero, en lugar de tratar de ganar la elección”, dijo Patricio Navia, cientista político de la Universidad Diego Portales.
Otros analistas ven en la decisión de los timoneles del Partido Socialista y de la Democracia Cristiana “la crónica de una muerte anunciada”, dijo Holzmann, al referirse que el pacto oficialista ha perdido la capacidad de representación y así quedó reflejado en la primera vuelta.
“Esta es una crisis en que la Concertación (si no gana Frei el balotaje) no sobrevive más allá del primer semestre del 2010″, agregó.