La capoeira de Lula
Saturday, March 20th, 2010Por Luis Cino
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La Habana. El canciller brasileño Celso Amorim, al sacar la cara por el presidente Lula, aseguró que “Brasil está muy comprometido con ayudar a Cuba con inversiones, comercio e infraestructura” y que esa ayuda traerá “otros cambios que el pueblo cubano sabe que ocurrirán”.
Se me antoja, dado ese insospechado y gran ascendiente carioca sobre los gobernantes cubanos que supone Amorim, especular con la historia e imaginar cuán distinta pudo ser la revolución cubana si en su momento, en lugar del subsidio millonario y los misiles nucleares soviéticos hubiéramos tenido la ayuda brasileña.
¿Alguien duda que el socialismo verde olivo, si no más democrático (que es mucho pedir), hubiera sido al menos más divertido con la ayuda carioca que con el rudo abrazo con peste a grajo de oso de los camaradas soviéticos?
¿Imaginan que en el paraíso revolucionario en vez de polkas, balalaikas y Alla Pugachova hubiéramos tenido la samba, la bossa nova de Tom Jobin, los versos de Vinicio de Moraes y la guitarra de Toquinho? ¿Petrobrás en lugar de los tanqueros con el petróleo de Bakú? ¿No sería mucho mejor el bikini de la chica de Ipanema que el pañuelo rojo en la cabeza de la koljosiana de Mosfilm?
Pero la historia es como es. Sucede que en 1964, cuando aún no había milagro económico, en Brasil se instauró una dictadura militar de extrema derecha que gobernó el país sudamericano hasta 1985 y era enemiga jurada de la revolución de Fidel Castro.
A juzgar por el desprecio olímpico que muestra hacia los activistas prodemocráticos cubanos, Luiz Ignacio “Lula” da Silva olvidó pronto lo que es vivir bajo una dictadura. Claro que no hay comparación entre las dos dictaduras. La dictadura cubana, aunque no tortura con picana eléctrica, dura ya 51 años. Luego de tanto tiempo, Lula se adaptó a verla y admirarla como algo que siempre estuvo ahí. Como el río Amazonas, por ejemplo.
Durante su reciente visita a Cuba, Lula dijo de dientes para afuera lamentar la muerte de Orlando Zapata Tamayo, pero su principal preocupación era posar para lucir bien en la sesión de fotos con Fidel Castro. No todos los días se retrata uno con su ídolo de toda la vida. Me pongo en su lugar y me imagino en una foto con Bob Dylan, Mick Jagger o Eric Clapton. Casi disculpo a Lula, sólo que había, en el momento de las fotos, la trágica circunstancia de la muerte de un hombre que realizó una huelga de hambre de 85 días para reclamar ante la soberbia criminal de sus carceleros que le reconocieran su estatus de prisionero político.
Lo que ocurre en las cárceles cubanas no preocupa a Lula más que los negocios que proyecta en la isla y la posibilidad que Petrobrás, en reñida competencia con Pdvesa, se encargue de encontrar yacimientos petrolíferos en Cuba. La posibilidad de que Guillermo Fariñas muera por reclamar la libertad de 26 presos políticos enfermos, sólo le trae vagos recuerdos de cuando como líder sindical de los obreros metalúrgicos en tiempos de dictadura, hizo alguna huelga de hambre de la que desistió a tiempo. Errores de juventud que ahora lamenta tanto como sus problemas con el alcohol.
El caso es que Lula, no se sabe si por intereses económicos, por nostalgia ideológica por la revolución de Fidel Castro o por pura insensibilidad, para esquivar a los opositores cubanos, intentó un paso de capoeira pero le salió una torpe patada que habla muy mal de su condición humana. El presidente brasileño, tan preocupado por respetar las decisiones de la (in)justicia cubana, quedó con el taparrabo democrático rasgado de un desmañado luchador de sumo.
A propósito, se preguntaba Lula qué hacer si todos los bandidos en las cárceles de Sao Paulo se declararan en huelga de hambre. Espero no le dé por dejar morir a los presos o por crear escuadrones de la muerte para resolver el problema. Lo más aconsejable sería, primero que todo, mejorar siquiera un poco las condiciones de vida en dichas cárceles, aunque supongo sean algo mejores que las cubanas. Digo, eso si Lula considera que los bandidos de Sao Paulo y los activistas pro-democracia en Cuba son seres humanos.
Hace varios días, cuando en una conversación telefónica me preguntó el periodista brasileño Claudio Dantas si creía que los negocios con Brasil ayudarían a la democratización de Cuba, me mostré escéptico. De momento, aparte de las promesas de ayuda económica de Lula y Amorim, de Brasil sólo hay en Cuba las telenovelas de O Globo, las viejas canciones de Roberto Carlos y unos cuantos productos alimenticios en las tiendas por divisas, tan caros que muy pocos cubanos con cuc pueden comprar. Ah, y la complicidad de Lula con la dictadura y su desprecio absoluto por los presos políticos.
