Los cubanos en nuestro laberinto
Wednesday, June 30th, 2010Por Jorge Henández Fonseca
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Brasil. La nación cubana, no cabe dudas, se encuentra abocada a una transformación decisiva. La presión impostergable para los cambios sin embargo –aunque ahora la hizo decantar la disidencia política interna con sus valientes acciones– no viene ya de una oposición organizada y con un plan definido dentro y fuera de la isla; proviene del evidente fracaso económico, social, político y moral del sistema implantado, que ha convertido la vida dentro de Cuba en un infierno, motivo fundamental para defender un cambio radical en el gobierno dictatorial de la isla.
Para un análisis objetivo de lo que sucede hoy en Cuba -y del camino probable de los acontecimientos futuros– es importante constatar de inicio, que la única fuerza organizada, numerosa y estructurada para mantener el poder absoluto que detenta sin discusión en el plano político –y sobre todo– en el terreno de la fuerza represiva y militar, es el partido comunista de los hermanos Castro. Dicho lo anterior, tampoco hay por qué dudar que los acontecimientos de las últimas semanas se hayan ido realmente fuera del control de la dictadura castrista, lo que en el futuro pudiera repetirse de manera irreversible, como sucedió en la Europa Oriental comunista.
Es verdad que fue la oposición política de dentro de la isla la que propició el estado de alerta que encontramos ahora en las fuerzas represivas dictatoriales. La muerte del mártir cubano Orlando Zapata Tamayo fue un duro golpe -nacional e internacionalmente hablando– a la hegemonía castrista dentro del país, seguida de la heroica huelga de hambre del patriota Guillermo Fariñas y de las sucesivas marchas pacíficas de las Damas de Blanco. Estos sucesos inéditos, fuera (y contra) el control dictatorial, propiciaron ciertamente la estructuración de un plan de respuesta castrista, probablemente en marcha con el objetivo de retomar el mando.
Es verdad también que la Iglesia Católica cubana, cansada de tanta desidia y represión contra hombres y mujeres indefensas a las puertas de una iglesia habanera, presionó a la dictadura para bajar el tono de la confrontación pública contra las Damas de Blanco. De la respuesta a esta presión eclesiástica con objetivos humanitarios, probablemente vino el guión que aparentemente la dictadura está siguiendo para tratar de convertir este momento en una situación que tire de la oposición política cubana el control del curso de los acontecimientos.
La Iglesia Católica cubana no pidió la reunión con Raúl Castro. Fue la dictadura comunista la que organizó y difundió con bombos y platillos semejante contacto, haciéndolo anunciar como el inicio de un “proceso” que liberaría los presos políticos, origen de los adversos acontecimientos previos fuera del control dictatorial. A partir de esa reunión, ha sido la dictadura la que ha tratado de marcar la pauta de los acontecimientos dentro de la isla, más para mal que para bien de la oposición política que lucha hace medio siglo por democracia para la Nación cubana.
Para el sufrido pueblo cubano de dentro y fuera de Cuba, la reunión de Raúl Castro con la jerarquía católica ha propiciado avances en el terreno humanitario, materializando el traslado de un grupo de presos políticos a lugares menos inhóspitos y la liberación del caso más grave de salud entre los prisioneros de conciencia. Estos avances son palpables, pero pudieran estar inscritos en los planes raulistas de ganar el tiempo que necesita para retomar el control total.
Es en este contexto que aparece una Carta dirigida al Congreso norteamericano firmada por 74 opositores políticos a la dictadura del calibre de Guillermo Fariñas y Yoani Sánchez, que impactó directamente la dinámica de lo que sucedía dentro y fuera de la isla relacionado a la dictadura castrista, ocasionando un cisma entre los opositores de dentro y fuera de Cuba.
La llamada “Carta de los 74″ provocó la aparición de otra Carta al Congreso de EUA, pero de sentido contrario a la anterior, firmada esta vez por casi 500 opositores internos del calibre de Antúnez, la señora madre del Orlando Zapata y el recién liberado preso político Ariel Sigler.
Ambas cartas, si bien han sido consideradas como muestras de la saludable diversidad de opiniones en el seno de la oposición al castrismo (y lo son) también muestra, no sólo la división interna-externa, como la división interna de las fuerzas políticas opositoras que habían ganado ciertas posiciones en su enfrentamiento a la dictadura. En el lapso de tiempo entre estas cartas opositoras, apareció en el exilio una tercera Carta al Congreso de EUA (realmente fue la segunda Carta) de los expresos políticos pidiendo continuidad en las sanciones contra Castro.
No son las “cartas” las que resolverán la problemática cubana, como tampoco el análisis de las “culpas” –o las divisiones que las mismas implican– lo que resolverá la situación de desenfoque y separación existente entre los opositores de dentro y fuera del país. El objetivo debe ser las acciones contra la dictadura y para ello se impone un consenso real de tolerancia entre todos los actores, sean de derecha, centro, o izquierda, incluyendo a los extremos, también cubanos.
Los acontecimientos descritos tienen un contexto importante de ser analizado y se suceden en el marco de cauces futuros para la isla que no debemos ignorar, porque la dictadura tiene su “plan perspectivo” bien trazado. No tener una estrategia opositora para el país que queremos, significa caminar a ciegas hacia el futuro, teniendo como enemigo un partido demostradamente reacio a compartir –no ya el poder– ni siquiera a dar libertades mínimas a su sociedad civil. En este sentido, estimamos prudente analizar los sucesos actuales con vistas al futuro:
Primero: La presencia de la Iglesia Católica (cubana, vaticana y estadounidense) en el contexto de los acontecimientos actuales y futuros a desarrollarse en la isla:
La parte más recalcitrante de la izquierda marxista mundial ya alerta sobre una supuesta “conspiración” contra la dictadura cubana, con vistas a propiciar una solución del “problema cubano” –con la participación de la Iglesia Católica– similar al “proceso” de cambios sucedidos en los regímenes comunistas de Polonia primero y Alemania Oriental después. Este particular sería altamente deseable, solo que en el caso cubano las circunstancias son bien diferentes.
Es altamente encomiable que la Iglesia Católica se disponga a jerarquizar la libertad de los presos políticos cubanos en el diálogo con la dictadura. Sin embargo, los objetivos de la Iglesia Católica no deben ser confundidos con los objetivos democráticos de los cubanos a través de las organizaciones políticas opositoras existentes, excluidas de ese diálogo. Esto es así porque la Iglesia persigue objetivos religiosos y confesionales, factibles de alcanzar -según ellos– con cualquier tipo de gobierno (incluyendo la dictadura, sin desmeritar –dicen– su labor religiosa) pero que es como mínimo “inadecuado” para los objetivos políticos de “democracia para Cuba”.
Esta “inadecuación” se ha visto corroborada rápidamente con la exclusión de dos líderes políticos opositores Oswaldo Payá y Dagoberto Valdés –católicos pública y notoriamente practicantes– de la recién celebrada “Semana Social de la Iglesia”. Una discusión “social” en el seno de la Iglesia Católica Cubana sin la participación de Payá y Valdés, es claramente parcial hacia otras líneas políticas opositoras y por eso inválida globalmente para la oposición cubana.
La participación –por invitación de la Iglesia cubana– de intelectuales cubanos de la sociedad civil, del exilio y la isla, que privilegian la opción por el diálogo político con la dictadura, junto a la exclusión de los que luchan por otras vías –también pacíficas– con similares objetivos, nos señala una peligrosa toma de posiciones de la Iglesia Católica en el conflicto político de la isla. No voy a valorizar esta decisión, pero basta decir que se hizo muy claro en la participación del académico cubano exiliado, Mesa Lago en el evento –en sentido de apoyar el argumento de la “Carta de los 74″– la presencia de una polarización que dista mucho de la deseada neutralidad.
Segundo: El tan deseado proceso de transición hacia la democracia en Cuba, está dando paso a un proceso de sucesión, de Raúl y sus generales, con el apoyo aparente de una buena parte de la oposición política dentro y fuera de la isla:
Es muy comprensible la extenuación del pueblo cubano del interior de la isla por los 51 anos de precariedades y represión. El reciente debate en torno a la “Carta de los 74″ (y su propio contenido) ha puesto de relieve la diferencia de óptica entre opositores de dentro y fuera de la isla en cuanto a sanciones económicas, y a la necesidad (o no) de encontrar una solución factible para la dictadura, mediante una negociación, a través de un proceso de presiones que lleven a los generales de Raúl a negociar (todavía no han dicho que desean negociar con los opositores cubanos de ninguna denominación) como lo están haciendo ahora con la Iglesia.
Nadie sabe cual será el proceso que conducirá a los cubanos a la retomada del control de su vida democrática. Después de la desaparición de Fidel Castro del escenario actuante, se hicieron diversos análisis sobre la conveniencia de un proceso de “transición”, por encima del de “sucesión”. Sin embargo ahora, a partir de la resistencia demostrada por Raúl y sus generales en dar paso a un proceso más democrático, una buena parte de la disidencia interna y externa se torna proclive a negociar un punto intermedio, con la esperanza de resolver el problema por partes. Ceder a la sucesión deseada por Raúl, para primero resolver la economía, implantando el capitalismo en esa área, y después “ver que se puede hacer” en el área política.
Hay, además, fuerzas externas privilegiando el proceso de sucesión raulista: por un lado, el gobierno socialista español, para privilegiar sus inversiones discriminatorias en Cuba, por un lado, y para mantener el espíritu demostradamente revanchista contra EUA, por otro. En esta misma dirección, el interés (no declarado) de EUA en mantener un gobierno de “mano dura” en Cuba (¿Raúl?) evitando el éxodo balsero desde la isla hacia la Florida, por un lado, y la probable influencia que el narcotráfico (que se ha enseñoreado en la región) caiga sobre Cuba si sobreviniera un vacio de poder al derrumbarse la dictadura de los hermanos Castro en la isla.
A partir de estos puntos, se constata que la problemática cubana es bastante compleja: por un lado hay que definir si el objetivo a corto plazo es paliar las vicisitudes de los hermanos que sufren carencias extremas en la isla, o jerarquizar la continuidad de un proceso de presiones con vistas a doblegar la dictadura para una negociación efectiva. Por otro lado y en función de la confluencia de objetivos entre España y EUA en Cuba (por razones diferentes, pero confluencia al fin) privilegiar una solución intermedia con Raúl y sus generales en el gobierno (aparentemente ya está siendo negociada bajo la mesa con la dictadura) para ir haciendo progresos “por partes”: primero comida, después democracia a medias y finalmente libertad.
De manera que, los cubanos tendremos que prepararnos para una lucha más larga, si es que queremos en algún momento de ese proceso ser realmente dueños de nuestros destinos.
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