El régimen cubano impone la ley del silencio sobre los disidentes
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El sistema oculta las huelgas de hambre, pero no consigue impedir que, aunque con retraso, la información llegue a los ciudadanos
LA HABANA. (ELDIARIO)- Los tiempos y las nuevas tecnologías están cambiando en Cuba, una isla física e informativa que cada vez lo es menos. Las noticias llegan a todo el país a través de los medios oficiales.
Legalmente no existen otros, pero el desarrollo de la telefonía móvil, Internet y las antenas parabólicas está cambiando poco a poco el panorama.
El impacto no es masivo ni inmediato pero las noticias acaban filtrándose.
A veces, fuerzan reacciones del Gobierno, como ocurrió tras la muerte de Orlando Zapata Tamayo, pero sobre Guillermo Fariñas, disidente en su vigésimotercera huelga de hambre, aún no se habla.
Mientras gran parte del mundo hablaba de los 85 días de ayuno que mantuvo Zapata, Cuba mantenía silencio. Aunque esta vez duró poco. El presidente, Raúl Castro, se lamentó por su muerte ante periodistas brasileños.
El noticiero informaba de los esfuerzos de los médicos por salvarle la vida y acusaba a medios internacionales y gobiernos foráneos de manipulación, cargo que también vertían los opositores -sin voz en esos medios- contra el régimen. El comentario callejero se aviene al punto de vista oficial del régimen.
La oposición y los corresponsales extranjeros conocieron el fallecimiento del albañil y su entierro casi al mismo tiempo que la huelga de hambre de Fariñas, cuya evolución se sigue diez días después de comenzada.
Ayer, Fariñas explicó que «hermanos de la causa» le habían informado de que «Raúl Castro había dado las órdenes pertinentes para que se me dejara morir» y dijo que le respondió en una carta para agradecerle «el honor» de «permitirme morir» por «mis ideas prodemocráticas».
De Fariñas tampoco se habla oficialmente. Están al tanto quienes reciben la señal de cable por satélite o tienen acceso a Internet, pero ambas son ilegales en la isla salvo para extranjeros con permiso de trabajo y determinados funcionarios.
Pero, hecha la ley, hecha la trampa. A ojo de buen cubero, se calculan en decenas las antenas en el país, pese a las regulares campañas del régimen para localizarlas y decomisarlas.
El equipo cuesta unos 700 euros, más 30 mensuales. Hay quien crea ‘telas de araña’ de hasta 20 viviendas, que pagan unos 8 euros al mes. Otros graban series, películas o espacios de humor o informativos en un catálogo de DVD de alquiler a domicilio por entre 0,15 euros a 0,50 si son estrenos.
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