HRW: Un nuevo Castro, la misma Cuba
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Kenneth Roth director ejecutivo de Human Rights Watch.
EEUU. (MN)- El más reciente informe de una prestigiosa organización internacional ha puesto el dedo en la llaga de los derechos humanos en Cuba.
El Informe Mundial 2010 de Human Rights Watch (HRW) reiteró una vez más las denuncias a las violaciones de los derechos humanos en Cuba.
Aunque los señalamientos reflejan un patrón habitual de las últimas cinco décadas en la isla, esta vez la organización internacional de derechos humanos, con sede en New York, destaca que la novedad, es precisamente, la ausencia de cambios en el panorama cubano.
“El cambio en la titularidad del gobierno producido en 2006 -cuando Fidel Castro transfirió el control a su hermano Raúl- ha tenido un impacto muy limitado en la deficiente situación de los derechos humanos en Cuba.
Cuba sigue siendo el único país de América Latina donde se reprimen casi todas las formas de disenso político.
El gobierno continúa imponiendo el consenso político a través de procesos penales, detenciones breves y a largo plazo, hostigamiento, denegación de empleo y restricciones de viaje”, señaló el informe de HRW en el capítulo dedicado a Cuba.
“Raúl Castro ha mantenido plenamente activas las estructuras jurídicas e institucionales represivas de Cuba”, subrayó HRW.
El informe de 612 páginas, que constituye el vigésimo examen anual de la organización sobre las prácticas globales de derechos humanos, contiene un pormenorizado resumen de la situación de derechos humanos por regiones y algunos países en partícular, además de tres capítulos temáticos titulados: Maltrato a los pacientes.
En la trampa de la migración y Protección de la población civil y los grupos armados de Oriente Medio.
Además de estos contenidos, el informe de HRW fue presentando con un análisis introductorio en el cual su director ejecutivo, Kenneth Roth, argumenta que la capacidad del movimiento de derechos humanos para ejercer presión en nombre de las víctimas, ha crecido enormemente durante los últimos años, y que este desarrollo ha generado una reacción por parte de los gobiernos abusivos que se intensificó particularmente en 2009.
“Los ataques contra defensores de los derechos pueden ser vistos como un homenaje perverso al movimiento de derechos humanos, pero eso no atenúa el peligro”, señaló Roth. “Bajo diversos pretextos, los gobiernos abusivos están atacando las bases mismas del movimiento de derechos humanos”.
HRW dijo que los ataques contra los observadores de derechos humanos no se limitan a los gobiernos autoritarios, ya que existen también en países con gobiernos electos enfrentados a insurgencias armada.
Roth dijo que la única manera en que los gobiernos abusivos terminarán su asalto contra los defensores de derechos es si los otros gobiernos que apoyan los derechos humanos convierten a los derechos en una parte central de sus relaciones bilaterales.
“Los gobiernos que apoyan los derechos humanos necesitan levantar su voz, convertir el respeto a los derechos humanos en la base fundamental de su diplomacia – y de sus propias prácticas”, señaló Roth. “Necesitan demandar un cambio real por parte de los gobiernos abusivos”.
Human Rights Watch también afirmó en la introducción de su informe que un nuevo sistema de justicia internacional, que incluye a la Corte Penal Internacional (CPI), ha sido el foco de ataque. El asalto se desarrolló después de que la Corte emitiera en marzo una orden de arresto contra el presidente de Sudán Omar al-Bashir por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad cometidos por las fuerzas sudanesas y las milicias aliadas en contra la población civil de Darfur.
Después de que la Corte emitió la orden, muchas democracias africanas eligieron inicialmente la comodidad de la solidaridad regional en lugar de tomar una posición de principios en apoyo a la justicia internacional, afirma la introducción del informe.
En lugar de aplaudir a la Corte Penal Internacional por tomar medidas para desagraviar el asesinato en masa y el desplazamiento forzado de tantos africanos en Darfur, la Unión Africana decidió en julio no cooperar con la ejecución de la orden de detención. Algunos de los dirigentes africanos fueron más allá al decidir proteger a Bashir en lugar de a las víctimas de los abusos de Darfur.
Human Rights Watch dijo que a pesar del crecimiento del movimiento de derechos humanos, los defensores de derechos humanos siguen siendo vulnerables y necesitan grandemente el apoyo de los gobiernos que respetan los derechos.
“Los gobiernos que se consideran defensores de los derechos humanos suelen guardar silencio frente a estos abusos por parte de aliados, argumentando prioridades diplomáticas o económicas”, señaló Roth. “Pero ese silencio los hace cómplices en los abusos. La única respuesta adecuada a las violaciones graves de los derechos humanos es ejercer presión sobre los autores”.
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