Los nuevos protagonistas (Final)
Por Osmar Laffita Rojas
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LA HABANA. (AGENCIAS) - La oposición se encuentra en el momento de liberarse definitivamente de aquellos sentimientos perturbadores que han dado origen a una sucesión de hechos conflictivos.
Por ello, sólo demostrará que es capaz de asumir los nuevos retos, en la medida que se empine y comience la necesaria depuración espiritual de las impurezas que muchos todavía llevan dentro y que tanto daño le ocasionan a la inteligencia y al espíritu renovador reinante en los diversos grupos de la oposición y la sociedad civil.
Algunos de los viejos líderes de la oposición están marcados patológicamente por el inmovilismo, el sectarismo y un incurable integrismo político. Para aquellos opositores que han decidido asumir la reconciliación como nueva línea de actuación, tales ideas resultan satánicas y aterradoras.
Por ello, el camino no es otro que trabajar por la total trasformación de la sociedad y dejar a un lado estos viejos figurines.
Los que piensan en la solución de los graves problemas que hoy aquejan al pueblo cubano, saben que ha llegado el momento de eliminar todo aquello que obstruya los caminos para que se concreten nuevos escenarios en que florezcan la inteligencia y la probidad ética, siendo éstos la respuesta a los difíciles momentos que se viven.
Lo que hará más pragmáticos y menos ideológicos a los nuevos líderes de la oposición es que sus propuestas tendrán en cuenta las terribles realidades en que están sumidos segmentos significativos de la población cubana, además de denunciar que el pase de bastón en la dirección del Estado y el Gobierno cubano no ha significado el mínimo cambio; por el contrario, todo sigue igual o peor.
Si tomamos conciencia de esta realidad, la oposición debe reconocer que quedan aún muchas cosas pendientes por hacer.
Por ello está en la obligación de buscar las vías más transparentes para reunirse, conocerse, conversar y encontrar entre todos, sin previas alianzas y concertaciones, nuevas vías para el cambio. De esa manera se encontrarán las soluciones a los problemas que hoy aquejan a la nación. Dispersos y enfrentados los opositores pacíficos, esos problemas no se resolverán.
Para materializar lo anterior, urge dotar a la política de de elementos dinámicos, más pragmáticos que ideológicos para viabilizar el diálogo, a fin de llegar a acuerdos. La presente crisis, que lo abarca todo, ha puesto en evidencia que la polarización es perversamente fácil de mantener.
Pero si deseamos resolver de una vez por todas los problemas que aquejan a Cuba tenemos que, definitivamente, abandonar las barricadas.
La oposición no debe seguir alimentando los resentimientos y enfrentamientos. Se impone que aprenda a perdonar.
El totalitarismo ha hundido a la nación. Ante esta realidad, la oposición, que ya ha alcanzado la mayoría de edad, está decidida a convertirse en uno de los elementos conductores de las trasformaciones sociales que requiere el país.
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