`Tres tristes tigres’: prohibido en Cuba
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MADRID. (ENH)- El libro Tres tristes tigres (TTT) de Guillermo Cabrera Infante se leyó mucho en Cuba, pero de modo clandestino.
Al autor “le gustaba contar que sus libros se cambiaban por latas de leche condensada en Cuba”, dijo Alejandro Ríos, del Miami Dade College, en la presentación de la nueva edición de Nivia Montenegro y Enrico Mario Santí, completa y comentada, de esa novela en Books & Books de Coral Gables.
Ríos trabajaba en el Instituto Cubano del Libro, donde su director Rolando Rodríguez “recibía libros que nadie podía leer”.
Pero de los dos o tres que llegaban a la oficina “algunos desaparecían”, dijo, “e iban a parar a manos de nosotros”. A una empleada anónima le dio las gracias por haber podido leer TTT en La Habana.
Relató cómo lo hizo circular encubierto entre sus amigos, que quedaron fascinados “porque a los diez y tantos o veinte y tantos las personas tienen mucho interés en el sexo, y este libro tiene mucho que ver con el erotismo del cubano”.
Lo considera también muy actual, porque trata de la picaresca cubana, que aún existe: los “mates” y el “apretar” en los cines, y otras cosas. Pero además, “es un libro contestatario”, afirmó, “en contra del puritanismo de hacernos eslavos, rusos o checos, pero no podíamos ser realmente de esa manera”.
Recordar al autor desde esta orilla del exilio le tocó a la profesora Isabel Alvarez-Borland (del Holy Cross College, Massachussets), quien alabó la nueva edición porque las referencias de la obra son inmensas, y eran necesarias las notas al pie de página.
También aclaró que será beneficioso que se le añadieran todos los cortes que le habían hecho a las anteriores ediciones, comentó la profesora, quien relató el cambio que ocasionó en su vida el leer TTT en la Universidad de Middlebury en Connecticut, en el año 72, en pleno boom latinoamericano, y entre otras famosas obras:
Pedro páramo, de Juan Rulfo, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa. “No soy de La Habana, ni vi nunca lo que él decía; pero la conexión era afectiva. El hablaba de algo perdido y esa pérdida se traducía en mi pérdida”, dijo Alvarez Borland con ojos humedecidos.
Ella se conectó prontamente con el autor para escribir una tesis doctoral sobre su obra, quien consintió en una entrevista en 1980 de la que nos relató una de las respuestas que nunca fueron publicadas con el resto, quizás por su contenido político. Era con respecto a su situación de marginado, no sólo en Cuba, sino también en el exterior.
Después de referirse en su respuesta electrónica al deterioro ideológico del régimen de Fidel Castro, su fracaso económico y su dependencia política, militar y económica de la Unión Soviética, que hizo que fuera mayor el desencanto de muchos intelectuales, se refirió también al éxodo de otros cubanos, desde Carlos Franqui, que hizo la revolución, hasta Reinaldo Arenas que era hijo de la revolución.
Poniéndose a sí mismo en ese contexto Cabrera Infante escribió: “Yo me considero como el ave rara que voló primero, el cuervo que se transformó en oveja negra, pero puedo hablar y decir never more al miedo y a la mentira de Fidel Castro y a su tiranía. Pero me sigo sintiendo marginado, si no solitario por elección, sí por voluntad”. •
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