Cuba ¿Un futuro democrático es posible?
Por Jorge Hernández Fonseca

(CLD)-La reciente ola de estridente propaganda organizada por la policía política de la Habana, acusando como cómplices de ‘terroristas’ a los opositores pacíficos del interior de la isla, ha pasado sin penas ni glorias, “como si nada”. Para lo único que sirvió la puesta en escena raulista, fue para decirle al mundo (y a los norteamericanos en particular) que no era EUA quien financiaba la oposición interna (como ‘Castro el viejo’ dijo siempre) sino “La Mafia de Miami”.
El extraño guión ha tenido una continuación torpe. Diferente a lo que se espera de una ‘novela por capítulos’ como esta, el director de turno del “Granma” –libelo de la “política ficción” de los hermanos Castro– ha pedido al gobierno “leyes más duras y más represión”, en un intento oportunista por ‘ganar méritos’. La verdad es que ha quedado al descubierto –ya sin ambages– que el montaje sólo sirvió para eximir a EUA de las culpas que siempre Cuba le endilgó a Washington, con la secreta esperanza
(el objetivo real) de ser perdonada por la Casa Blanca.
La acción pudiera ser una señal de paz dirigida al candidato demócrata a la venidera elección presidencial norteamericana, que en lugar de prenunciar una nueva ola represiva –como teme la oposición interna– lo que lleva implícito es una bandera blanca travestida de “guapería barata”. ¿Habrá un futuro mejor para la isla detrás de la actual encrucijada raulista?
Los posibles nuevos derroteros a la disyuntiva de una Cuba que emite señales a EUA, se inscriben en un contexto complejo (pero esperanzador) para la democracia en Latinoamérica, un complejo panorama que se impondrá producto de las elecciones norteamericanas y las venideras medidas de “perdón” que
España promueve ante una Europa ajena al drama cubano.
En Colombia, los sucesivos golpes que Álvaro Uribe ha propinado a la cúpula guerrillera de las FARC, incluyendo finalmente la muerte –en condiciones como mínimo extrañas– de su máximo jefe, hace presumir un futuro de paz sin comunismo en el medio plazo previsible, lo que beneficiaría indirectamente un mejor tránsito de Cuba a la economía de mercado.
La proximidad de las elecciones venezolanas, inscritas en un ambiente ‘socialista y bolivariano’ de escasez, vicisitudes y evidencias del apoyo financiero y criminal chavista a los asesinatos de la guerrilla vecina, prenuncian un desastre electoral sin regreso para el payaso venezolano. La
debilidad de Chávez, si bien no afectaría directamente la economía de Cuba, terminaría decidiendo los generales de Raúl a probar caminos alternativos para la economía cubana.
El espíritu revanchista y de racismo resentido de Evo Morales en Bolivia, ha hecho irrespirable el ambiente democrático del país, que amenaza despedazarse en sus propias narices despóticas con la fuerza incontenible de sus opositores políticos. Será peor para todos y aunque no hay relación fuerte entre Cuba y Bolivia, ni política ni económicamente, una pérdida de la preponderancia de Morales en Bolivia, debilitaría la influencia cubana en Sudamérica.
La autosuficiencia rampante del inútil gobernante ecuatoriano, que ventila su insignificancia con poses de dictador de pacotilla, es amenazada ahora –después de negociar con los guerrilleros colombianos un refugio tranquilo en su país para los bandoleros– por las investigaciones que la oposición política ecuatoriana lleva a cabo en el Parlamento con los documentos acusatorios del computador de Raúl Reyes, lo que terminará probablemente en un desastre a medio plazo. Aunque no existen lazos estrechos de Cuba con Ecuador, el debilitamiento del poder de Correa dentro del país, terminaría disminuyendo el proclamado “ejemplo cubano” y su influencia mutua.
La miopía característica de los soberbios dirigentes de la izquierda montonera argentina en el poder, que en medio a una crisis mundial del precio de los alimentos, se empeñan en no dejar –como deberían– a sus agricultores hacer negocios internacionales, sólo porque no es el estado todo poderoso (que pregonan) el que saldrá ganando, hunde la Argentina en un pantano de difícil solución a corto plazo, mostrando así a sus ciudadanos el lado de la razón. Cuba y Argentina mantienen distancias económicas y políticas, pero una derrota de modelo estatista de los esposos Kirchner, sería un aliento adicional para el cambio económico dentro de Cuba.
Habrá en América Latina una caída de la preponderancia de la izquierda beligerante en el poder a corto plazo. O como mínimo, acontecerá una fuerte pérdida de sus posiciones predominantes actuales, desde las cuales actúan para apoyar la dictadura cubana, lo que le restará a la isla el soporte político de que han disfrutado sin merecerlo desde el Cono Sur del Continente, además de constituirse en incentivos adicionales para los que promueven movimientos dentro de Cuba.
Habrá además un cambio de gobierno en EUA y esto implicará, en cualquier caso, cambio de su política hacia Cuba. El candidato demócrata, muy probablemente Barack Obama, tiene las mejores posibilidades para llevar la mejor parte y ya ha prometido un cambio sustancial de su política hacia la Habana. Su probable Secretario de Estado, Bill Richardson, (en cualquier caso será un importante formulador de la política exterior de Obama) ha hablado extensamente sobre la necesidad de tender na mano a Raúl, con vistas a promover los cambios en Cuba. A pesar de que la mayoría del exilio cubano de Miami apoya tradicionalmente candidatos republicanos, nada nos hace entender que esta vez esa alternativa será ‘la’ mejor para Cuba.
Europa a su vez se apresta, instada por España, a levantar las sanciones impuestas a la dictadura cubana por la “Primavera Negra”. Además del interés español por hacerle contrapunto la política estadounidense en Cuba (cobrando la cuenta pendiente durante la guerra de independencia cubana, donde EUA apoyó a los cubanos contra España) se argumenta la necesidad de incentivar los tibios cambios que Raúl ha promovido en la Habana, siguiendo un razonamiento muy similar al de Obama, que a pesar de resultar de difícil digestión para amplios sectores de la oposición cubana, contiene la lógica neutra de los que “observan desde fuera”.
Dentro de la isla por su parte, ya es un hecho aceptado por todos que la dictadura no caerá por la presión de una oposición beligerante, externa o interna. También es un hecho indiscutible que no existe fuerza interna capaz de desbalancear el poder político ‘revolucionario’, actualmente en manos de
los generales de Raúl. La fragmentada oposición interna es débil y enfrenta un grupo de poder bien organizado y disciplinado, dispuesto a destruir el país si se ve amenazado. “Tomamos el poder por la fuerza y hay que quitárnoslo por la fuerza”, dicen.
Externamente también hay consenso, cada vez más claro, de la imposibilidad de una potencial intervención militar norteamericana, hecho largamente esperado por sectores del exilio. Adicionalmente, la oposición externa beligerante está reducida a una expresión meramente simbólica. ¿Estamos derrotados? En absoluto, habrá democracia y libertad en Cuba y los elementos vertidos hasta aquí lo único que hacen es corroborar que habrá cambios, pero de una manera diferente a como eran concebidos hasta ahora por el exilio y la oposición interna y en una secuencia temporalmente extendida, carente de las grandes rupturas añoradas antes.
Ante el panorama descrito, hay muy poco contexto que anime a Raúl para la continuidad de la experiencia empobrecedora que a Fidel Castro siempre le satisfizo. Tampoco hay voluntad de cambios políticos radicales en el esquema raulista y es cada vez menos probable que una crisis de origen externo a la cúpula gobernante, debilite el monolítico poder dictatorial castrista.
¿Los cambios serán secuenciales, a medio plazo, comenzando por cambios económicos que derivarán en cambios políticos? ¿Qué ocurrirá a la muerte de Fidel Castro –y sobre todo– resistirá la cúpula gobernante el impacto de la muerte de Raúl, cuando ya falte Fidel? Creo que son las preguntas claves
de un futuro democrático para Cuba, ninguna de las cuales lleva implícita la preponderancia opositora en los cambios de la isla, sino más bien la interacción de la comunidad internacional (con participación o no de opositores) con el gobierno de Raúl.
El balance de poder militar interno y externo a Cuba, favorece a Raúl. El balance de poder político externo, tanto en EUA como en Europa y contando con la poca organización y pobre influencia política del exilio ante la comunidad internacional, también favorece a Raúl. Es de esperar que los generales de Raúl puedan anunciar la esperada muerte de Fidel Castro en un contexto totalmente controlado internamente por ellos, que serán los únicos beneficiados por el acontecimiento, después de lo cual se desatarán ordenadamente las fuerzas internas del raulato, prestas a ejecutar la parte creativa de sus planes, con muy poco condimento político.
La muerte de Raúl sin embargo (probablemente entonces tampoco habrá embargo) sí creará la conmoción que pudiera desbalancear el equilibrio de poder que ahora los generales de Raúl tienen. No hay un hombre en la segunda línea de Raúl que parezca capaz de contener las ansias de preponderancia del resto de la cúpula gobernante, que será excluida en las purgas que se sobrevendrán cuando falte el control de Raúl. Ese pudiera ser el momento de la escenificación de una lucha por el poder entre ‘revolucionarios’, que finalmente producirá el desmontaje definitivo de la estructura de mandos, y con ello, el fin de la dictadura. (Cuba Libre Digital)
