Un juego para el olvido…

Por JF Reyes

Como lamentable puede calificarse, por la agresividad desmedida y la falta de ética deportiva, lo que aconteció el pasado miércoles en el Philips Arena, de Atlanta, cuando se escenificó allí uno de los juegos programados para la serie de playoff en la actual temporada de la NBA entre los equipos del Heat, de Miami, y los Hawks, de Atlanta.

A pesar de la opinión que reina entre directivos y propios jugadores de la Liga, que en la búsqueda del ansiado trofeo de campeón,  esas lides se desarrollan con repetidos contactos físicos y energía desbordada en ocasiones, al respecto deseamos indicar que la competitividad y la lucha por el galardón nunca podrá estar reñida con la profesionalidad o la caballerosidad debida dentro del terreno del juego.

Por respeto a los aficionados que asisten a dichas exhiciones, por respeto  a la organización, y por respeto a ellos mismos como jugadores, nunca existe justificación alguna para transgedir los límites establecidos por las propias reglas.

En el referido juego resultó incalificable la actitud de algunos jugadores, quienes impulsados por un desconocido afán de puro revanchismo, más que de competitividad, se mostraron excedidos en su accionar dentro del tabloncillo.

En el transcurso de la confrontación deslucieron algunas “bravuconadas de barrio” para impresionar a no sé quién, las cuales en definitiva condujeron a mi parecer a lamentables lesiones de los jugadores.

¿Qué razón  hubo de asistir a Salomón Jones, del banco de Atlanta, para que respondiera con una injustificable agresividad ante una de las tantas y repentinas jugadas de Wade bajo las cestas, lo cual provocó a un posterior incidente penoso entre miembros de ambos equipos?

Ese fue uno de otros incidentes que a mi parecer están originados por una falsa concepción o filosofía de juego, que entraña la idea de ganar a toda costa, olvidándose así que en suma lo que se está realizando es una competencia en que deben primar habilidades o estrategias deportivas de cada parte, por encima de ridículas jugadas con tintes de fútil exhibicionismo, con el fin de demeritar o burlarse del club contrario, cuando en definitiva, el burlador queda burlado ante la vista de todos.

Entretanto, el arbitraje en el juego no mostró sus mejores galas, lució muy mal, con decisiones discutibles que las propias imágenes televisivas dieron cuenta de sí. Creemos que los jueces no supieron desempeñar con la autoridad debida la disciplina que debía regir en la cancha.

Igual reclamo para los managers de los equipos y las autoridades de la organización que debieron hacer un llamado de atención a tiempo cuando observaron que las emociones sobrepasaban los bordes.

Dejando a un lado pasiones o favoritismos hacia deportistas o equipos locales, el público asistente a los juegos, el llamado respetable, no debe tampoco olvidar que las energías y apoyo necesario hacia su equipo predilecto, no pueden llevar al insulto o falta de cortesía hacia los atletas visitantes.

Se quiera o no, Dwyane Wade, por su entrega deportiva, amén de sus conocidas destrezas con el balón, es un ejemplo para nuestros niños y jóvenes de todo el país, quienes llevan con orgullo sus camisetas con el nombre de Wade, quien no es merecedor de abucheos o sornas injustificadas cuando se desempeña en predios ajenos al Miami Arena. Se puede perdonar el temor por la posible derrota ante el indiscutible talento, pero se hace impropio desconocer la valentía de quien juega con múltiples lesiones e inyecta de bríos al bisoño equipo que integra.

Recordemos que Estados Unidos puede vanagloriarse no solo de tener el mejor baloncesto del  mundo, sino también de ostentar una medalla de oro olímpica, gracias a Wade y otros valiosos y talentosos jugadores. La nación americana siempre le agradece por tal acción deportiva.


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mia122
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One Comment to “Un juego para el olvido…”

  1. Juliana says:

    Es cierto de que en los playoffs se juega duro,pero algunos atletas de Atlanta darian mas la talla en la NFL que en la NBA,son unos busca pleito y le tienen tremenda envidia a Wade,y el publico ni se diga,super groseros.

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