Archive for the ‘Opinion’ Category

Cuba: Wilman Villar, infierno cubano y silencio Vaticano

Monday, January 30th, 2012

Por Armando F. Valladares

Miami. El 19 de enero pp., a dos meses del viaje de S.S. Benedicto XVI a la isla-cárcel de Cuba, y 24 horas antes de la llegada de una delegación vaticana de alto nivel para ultimar detalles de la visita papal, a la manera de una macabra carcajada el régimen dejaba morir al joven preso político cubano Wilman Villar Mendoza, padre de las niñas Geormaris y Wilmari, de 7 y 5 años. Una muerte cruel que su esposa, Maritza Pelegrino, no dudó en calificar como un “asesinato”.

Wilman había sido condenado a prisión el 24 de noviembre de 2011 y en un acto de desesperación decidió protestar delante del mundo con lo único que creyó tener a mano contra su injusta condena y, sobre todo, contra la situación de esclavitud en que yace su querido pueblo cubano. Comenzó así una huelga de hambre, que no tenía como objetivo atentar contra su propia vida, sino de usarla, colocándola en serio riesgo, como el único medio de protesta que consiguió vislumbrar en su extremo abandono y aflicción en el fondo de las mazmorras castristas. A toda costa, con promesas mentirosas de liberación, intentaron hacer que renegase de sus ideas en favor de una Cuba libre, digna y próspera.

Lo aislaron desnudo en una húmeda y fría celda de castigo, donde contrajo neumonía. Le negaron la debida atención médica y le cortaron contra su voluntad la ingestión de agua, como ya habían hecho en 1972 con el también preso político y dirigente estudiantil Pedro Luis Boitel, por órdenes del propio Fidel Castro, así como recientemente hicieron en 2010 con Orlando Zapata Tamayo. Percibiendo los verdugos que no podían quebrar la resistencia de Wilman, el régimen castrista no solamente lo dejó morir sino que aceleró su muerte con la falta de atención médica adecuada, como lo hizo con Boitel y Orlando; y como el año pasado dejó morir en un hospital a Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco.

En Cuba, las Damas de Blanco, a las cuales pertenece la viuda de Wilman, y figuras opositoras de la estatura de Martha Beatriz Roque Cabello, fueron las primeras en denunciar al mundo la arbitraria prisión de Wilman, el 24 de noviembre.

Fueron también ellas las primeras en condenar la actitud criminal del régimen comunista, consumada el 19 de enero. En esto, se vieron secundadas por los gobiernos de España, Estados Unidos y Chile; y respaldadas por una emocionante solidaridad de cubanos de la isla, de desterrados y de amantes de la dignidad humana, de la libertad y del derecho en el mundo entero.

En sentido contrario, los silencios más clamorosos, que me conste, han sido los de la Secretaría de Estado de la Santa Sede; del Cardenal de La Habana, Jaime Lucas Ortega y Alamino; y de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.

El desesperado caso del joven Wilman era de público conocimiento desde hacía casi dos meses. Dos meses es mucho tiempo para aquellos Pastores que debían hablar; interceder por su libertad; darle asistencia espiritual en la cárcel, inclusive para advertir con caridad que la Iglesia se opone a las huelgas de hambre, así como presentar los motivos para esa oposición; exigir una asistencia médica adecuada; y dejar claro a los carceleros que ya no podían actuar impunemente. Pero hasta hoy, que me conste, permanecieron en un inexplicable silencio.

¿Será que no conocen o son indiferentes al oprobio e injusticia de que son víctimas los presos políticos en Cuba? ¿Será que no saben o son indiferentes a la violación institucionalizada de todos y de cada uno de los Mandamientos de la Ley de Dios? ¿No oyen estos gritos de desesperación y de angustia que brotan de las cárceles cubana? ¿Nada les dice ese drama inimaginable, y no les sugiere otra actitud fuera de este pesado silencio?

A través de conocidos motores de búsqueda de Internet, intenté localizar, de parte de alguna autoridad eclesiástica vaticana o cubana, siquiera una declaración de consuelo cristiano para la familia del preso político; o la narración de eventuales tratativas ante los carceleros; o una oración pidiendo misericordia divina para Wilman y aliento para el esclavizado pueblo cubano. Pero nada de eso encontré hasta este momento. También infructuosamente, intenté hallar al menos una referencia noticiosa a la muerte de Wilman en el Osservatore Romano, en la Radio Vaticano, en las dos mayores agencias católicas, Zenit y ACI, en el sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y en los sitios web Espacio Laical y Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana. Cuánto desearía ser desmentido por los hechos.

Ese silencio de Pastores llamados a dar la vida por sus ovejas, produce tanto o más sufrimiento que el propio asesinato de un joven miembro del rebaño.

Silencio más pesado por el hecho de que ha sido clamorosa la insistencia pública de S.S. Benedicto XVI y de la Santa Sede alegando la defensa de los derechos de la persona humana.

Silencio enigmático y desconcertante de la diplomacia vaticana, una de cuyas raíces históricas parece estar, según destacados analistas, en el propio silencio del Concilio Vaticano II con relación al comunismo, lo cual hizo que los Lobos se sintieran en total libertad para diezmar al Rebaño en Cuba, en los países del Este europeo, en Rusia, China, Vietnam, etc.

El régimen castrista, al parecer tan seguro de su impunidad, ni siquiera se tomó el trabajo de fusilar a Wilman, a Boitel y a Orlando. Los dejó morir de una manera como no se deja morir siquiera a alimañas salvajes.

El desamparo en que han quedado su joven viuda y sus dos niñas enfermas, una de ellas epiléptica y la otra con serios problemas respiratorios, es un reflejo dilacerante del actual drama del pueblo cubano. Según versión recibida de Cuba por mi compañero de presidio y hoy brillante periodista, Carlos Alberto Montaner, las dos niñas no entienden lo que ha pasado con su querido papi. Como la familia tiene influencia cristiana, la madre les ha explicado que el papi se ha ido al Cielo. “¿Y dónde está el Cielo, mami?”, preguntaron. “Muy lejos de Cuba. Muy lejos”, les respondió la joven viuda.

Es a los artífices, propulsores y mantenedores del Infierno cubano, tan, pero tan lejos del Cielo, a quienes favorece en primer lugar el silencio vaticano.

Sobre el viaje papal a la isla-cárcel, el 1o. de enero de 2011 di a conocer el artículo “El viaje de Benedicto XVI a Cuba: esperanzas y preocupaciones”, publicado por el Diario Las Américas, de Miami el 3 de enero de 2011, y difundido por centenas de blogs, sitios web y redes sociales de cubanos desterrados y defensores de la libertad en el mundo entero.

Armando Valladares, escritor, pintor y poeta. Pasó 22 años en las cárceles políticas de Cuba. Es autor del best-seller “Contra toda esperanza”, donde narra el horror de las prisiones castristas. Fue embajador de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU bajo las administraciones Reagan y Bush. Recibió la Medalla Presidencial del Ciudadano y el Superior Award del Departamento de Estado. Ha escrito numerosos artículos sobre la colaboración eclesiástica con el comunismo cubano y sobre la “ostpolitik” vaticana hacia Cuba.

Ideólogos y gerentes

Sunday, January 29th, 2012

Por Carlos Alberto Montaner

Es magnífico que se enfrenten Newt Gingrich y Mitt Romney por el liderazgo republicano. Los miembros de esa tribu deberán elegir entre dos tipos de políticos medularmente diferentes, cada uno con sus virtudes y con sus limitaciones. Gingrich es un buen ideólogo. Romney, un buen gerente. Algunos hablan de “los republicanos de Goldwater contra los republicanos de Rockefeller”.

Le doy a la palabra “ideólogo” una connotación positiva que no tiene en inglés, al menos en Estados Unidos. Para mí, es alguien que posee una visión teórica de la sociedad en la que vive, de la historia que comparte con sus compatriotas, y del Estado libremente segregado para resolver conflictos comunes y darle sentido y forma a la convivencia. El ideólogo, en el mundo democrático, trata por medios pacíficos de acomodar la realidad a sus presupuestos intelectuales e intenta guiar a sus compatriotas en la dirección del país ideal que tiene en la cabeza. Jefferson era un ideólogo. John F. Kennedy y Ronald Reagan, con menor calado, también lo eran.

El gerente, en cambio, se nutre de la experiencia más que de los esquemas teóricos. Es un práctico solucionador de problemas. Ama el sentido común por encima de todas las cosas. No posee ni necesita una visión general de la historia ni una mirada profunda sobre los seres humanos. Tal vez hasta le estorban. Para él, son conceptualizaciones metafísicas que sirven para formular grandes teorías, pero no para aumentar la producción, proporcionar empleo y eludir dificultades. Para los gerentes, gobernar es mejorar incesantemente la calidad de vida de los electores. Franklin Delano Roosevelt era un gerente. George Bush (padre) y Bill Clinton, también.

Hay grandes presidentes norteamericanos que han sido ideólogos y otros, igualmente excelentes, que fueron gerentes. El republicano Teddy Roosevelt fue un extraordinario gobernante al que hay que calificar como ideólogo. Grover Cleveland, demócrata, fue un magnífico presidente dentro de la cuerda de los gerentes, hasta que la crisis de 1893 se le interpuso y tuvo que navegar con el viento en contra hasta 1897, cuando terminó su segundo mandato.

Tal vez la idoneidad de ideólogos o gerentes depende del momento. En 1933, cuando los norteamericanos eligen a F. D. Roosevelt, están a la búsqueda de un gran gerente que rescate al país de la recesión comenzada en 1929. En ese instante no hay otro peligro que el enorme descalabro económico. En 1981, cuando Reagan derrota a Jimmy Carter y llega a la Casa Blanca, el estado anímico de los norteamericanos es lamentable. El país ha perdido la guerra de Vietnam, los ayatolas iraníes han secuestrado impunemente a un puñado de norteamericanos, la inflación ronda el 20% y parece que la URSS está destinada a regir el planeta. Los norteamericanos eligen a un ideólogo para que los libere del pesimismo y la nación recupere el liderazgo perdido.

Naturalmente, la disputa por el poder en Estados Unidos no es sólo entre ideólogos y gerentes. Hay, por lo menos, otras dos categorías: los héroes y los operadores políticos. George Washington, Andrew Jackson, Zachary Taylor y Ulysses S. Grant alcanzaron la presidencia porque fueron guerreros muy diestros. Dos de ellos, Washington y Jackson, triunfaron como gobernantes y dejaron su huella positiva en la historia del país. Grant, en cambio, fue decepcionante, mientras el pobre Taylor murió de diarrea al poco tiempo de llegar a la Casa Blanca. Ike Eisenhower, el general victorioso de la II Guerra Mundial, fue un héroe que gobernó con el estilo de un gerente e hizo un magnífico trabajo.

Y queda el capítulo de los operadores políticos. Personas que llegan al poder como resultado de saber manejar gentes y situaciones complejas, pero sin que prevalezca en ellos un rasgo clave. Generalmente, son grandes maestros de la intriga. Algunos se convierten en excelentes presidentes, como Harry S Truman, y otros fallan terriblemente, como sucedió con Richard Nixon. Obama es un notable operador político.

Pero tal vez el caso más extraordinario es el de Abraham Lincoln, un habilísimo operador político al que le toca la tragedia de la Guerra Civil, se trasforma en un ideólogo obligado a definir el rumbo de la nación en su momento más amargo, no descuida sus responsabilidades gerenciales, y muere como un héroe adorado por millones de sus compatriotas. Por eso muchos historiadores norteamericanos lo consideran el mejor presidente de la historia del país: sintetiza y resume los rasgos y virtudes de los grandes líderes.

Firmas Press

Wilman y Malleza; Robles

Sunday, January 29th, 2012

Por Pedro Corzo

Miami. El experimento castro guevarista no solo se impuso cambiar el sistema socio político cubanos, sino modificar la naturaleza humana y por esa razón iniciaron un proceso enfocado al ciudadano que ellos identificaron como la creación del hombre nuevo.

Estatización de la enseñanza. Adoctrinamiento político en las escuelas desde los primeros grados. Creación de los pioneros. Escuelas al campo. Becas en el extranjero. Expediente político para cada estudiante. Depuración sistemática de los profesores. Disminución de la influencia de los padres y muchas medidas más que tenían como fin forjar un sujeto listo para acatar los mandatos que procedieran del Olimpo castrista.

La idea era forjar ciudadanos modelos. Hombres y mujeres que soportaran estoicamente todos los sacrificios en la instauración y defensa del socialismo. Pensaron en un ciudadano de mentalidad colectivista, trabajador, sin ambiciones personales y listo para dar la vida por los ideales que promovía la revolución triunfante.

Mientras fueron niños y todavía la utopía parecía posible, el gobierno y muchos padres impulsaron a sus hijos a formar parte del paraíso prometido. Obediencia, defensa de las consignas y silencio ante los atropellos del prójimo que no aceptaba el discurso oficial.

Aquellos niños crecieron y se convirtieron en hombres y mujeres sin contacto directo con la libertad y el derecho.

Con el paso de los años, los mandantes que ya envejecían creyeron encontrar el relevo en sujetos como Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, entre otros, que sirvieron más por oficio que por convicción, y de ahí la defenestración que padecieron, pero también hay, sin garantizar sus compromisos políticos futuros, gentes como Maidelys González, dirigente de la Unión de Jóvenes Comunista de Cuba, que planteó en un discurso que “la tibieza y la falta de identidad del militante son factores que ponen en peligro la continuidad histórica de la revolución”’.

Otros muchos callaron, sirvieron en silencio o simplemente rechazaron la cadena. Crecieron germinando dentro de ellos, quizás imperceptiblemente, hasta el día que un factor catalizador lo desencadenó, la convicción de que todo ciudadano es libre y soberano y con pleno derecho a decidir sobre su destino.

Por suerte para Cuba la decisión de actuar, echar andar y cambiar el país, la han tomado muchos de esos jóvenes, al extremo que mencionarlos a todos no es posible.

Orlando Zapata Tamayo, Wilman Villar Mendoza, Ivonne Malleza Galano y Sara Marta Fonseca, todos nacidos después del triunfo de la Revolución, educados en sus escuelas, formados en el despotismo pero conscientes de que tienen pleno derecho a ser libres no solo han puesto en juego su precaria libertad, sino que también han estado dispuestos a arriesgar la vida e inmolarse, como hicieron Zapata y Wilman.

La prisión de Malleza Galano, liberada el mismo día que sepultaban a Wilman, muerto como consecuencia de una huelga de hambre en protesta por los abusos del régimen, no es la primera vez, desgraciadamente tampoco será la última, que una mujer cubana va a la cárcel por defender su derecho a opinar y manifestarse.

Wilman Villar Mendoza tenía 31 años. Casado y con dos hijas. Su esposa Maritza Pelegrino, Dama de Blanco, no pudo verle antes de morir, y como si no fuera suficiente, la maquinaria propagandística del castrismo, con la asistencia de sus defensores en el exterior, inició una campaña de descrédito contra un joven que fue sancionado a cuatro años de cárcel por participar en una protesta contra la dictadura.

Los esbirros no soportan la entereza moral de sus cautivos. Cuando Wilman protestó con una huelga de hambre por la injusta sentencia, fue aislado, remitido a una celda de castigo sin ropas, desprovisto de todo, menos de su entereza moral.

La muerte de Wilman no es la primera, al menos otros trece prisioneros políticos cubanos, incluido Zapata, murieron por las mismas causas que él entregó la vida y puede que no sea el último, porque recurrir a la huelga de hambre como un gesto de supremo sacrificio ante el totalitarismo castrista, es una práctica a la que los prisioneros políticos cubanos recurren con mayor frecuencia.

La huelga de hambre se ha ido convirtiendo en la mente de la oposición cubana en una protesta suprema ante la voluntad criminal del régimen y también contra el egoísmo de quienes no quieren ver ni escuchar, ni en Cuba ni en el extranjero, la dura realidad del castrismo.

Los cuarteles en escuelas y las casas en cuarteles

Thursday, January 26th, 2012

Por Juan Gonzalez Febles

La Habana. En 1959 Fidel Castro mostró a Cuba y al mundo como su revolución además de fusiladora, convertía cuarteles en escuelas.

Cinco décadas y más después, con un déficit habitacional de 600 000 viviendas, de acuerdo a muy conservadoras cifras oficiales, el heredero designado del poder absoluto en Cuba y presidente en funciones, el general Raúl Castro, está abocado a una crisis habitacional insalvable.

Una muy peculiar categoría arquitectónica se apoderó del paisaje urbano en Cuba. Se trata de la ‘estática milagrosa’, este tecnicismo quiere decir en la práctica, que un edificio se mantiene en pie gracias a la intervención divina y que por puro milagro no se viene al piso.

Sólo en la capital, una ciudad de poco más de dos millones de habitantes con una población flotante que crece a pesar de medidas restrictivas, discriminadoras y violadoras de derechos fundamentales, son miles los que viven bajo la amenaza de un derrumbe y no son pocas las tragedias de esta índole que ya se produjeron a lo largo de las últimas décadas.

La más reciente ocurrió en la noche del pasado martes 17 de enero en un edificio multifamiliar de tres plantas ubicado en intersección de las calles Infanta y Salud en el municipio Centro Habana en la capital del país. Que esta tragedia haya tenido más incidencia mediática que otras, quizás con mayor número de víctimas, se debió en gran medida a la presencia de las nuevas tecnologías de la información, a la participación de comunicadores informales, blogueros, y a una mayor profesionalidad de la prensa independiente, que con un trabajo mancomunado y muy solidario, se adelantaron en dar a conocer la noticia a los medios oficiales al servicio del gobierno militar.

La respuesta gubernamental al problema habitacional tipifica la relación desigual entre el gobierno elegido por sí mismo y el pueblo que lo sufre. Si se toma como punto de partida la cifra oficial del déficit de 600 000 viviendas (es mucho más) la entrega de mil y tantos subsidios para construcción de viviendas parece una burla y lo es básicamente.

Uno se pregunta, ¿a cuál de los paupérrimos vecinos de un edificio multifamiliar en Habana Vieja, le darán el subsidio para reparar su deteriorado edificio centenario? Con la historia mal contada de los subsidios, el general presidente y su incompetente y geriátrico equipo se lavaron las manos en relación con el desastre urbanístico del país y específicamente, de la capital de este.

Hubo una empresa estatal (inoperante como todas) que se dedicó o que fue oficialmente consagrada a dar mantenimiento a los inmuebles urbanos. Esta fue la extinta y difunta ENMIU o Empresa Nacional de Mantenimiento de Inmuebles Urbanos. La empresa cerró vaya usted a saber a partir de que reordenamiento o de que actualización. Su cierre ha puesto a los inquilinos de los edificios multifamiliares en mal estado constructivo, al arbitrio de la misericordia divina representada por la ‘estática milagrosa’. Aunque no tengo nada en contra de la voluntad divina, (al menos formalmente y cuando no me perjudica) esto me parece una burla muy cruel.

Quizás una solución temporal que contribuiría entre otras cosas a salvar vidas, sería la restitución al patrimonio habitacional de toda una serie de edificios concebidos originalmente como viviendas y transformados por voluntad del régimen en cuarteles o dependencias de la administración central del estado.

Así como de forma manipulada y demagógica se convirtieron cuarteles en escuelas para adoctrinar y luego, de forma subrepticia se convirtieron las viviendas en cuarteles u oficinas, se trataría de revertir la ecuación y devolver el espacio habitacional a los ciudadanos. Los ejemplos para esto, sobran. Desde el edificio de la Industria Alimenticia en Habana Vieja, hasta los modernísimos edificios de Línea y A y O y 19 en El Vedado. Sería una forma de aliviar a la muy atareada voluntad divina en eso de la estática y los milagros.

Demasiado horror

Thursday, January 26th, 2012

Por Luis Cino Álvarez

La Habana. Ha muerto Wilman Villar Mendoza, un opositor preso que estaba en huelga de hambre. Como Orlando Zapata Tamayo, no hace todavía dos años.

Ambos murieron por culpa de carceleros demasiado crueles y soberbios para escuchar las demandas de un preso, que para ellos es menos que una alimaña. Máxime si está en la cárcel “por contrarrevolucionario”.

Pero a Wilman Villar no lo quieren reconocer como “un contrarrevolucionario”. Ni siquiera reconocen que murió luego de una huelga de hambre que duró 50 días. Granma, el más oficial de los periódicos oficiales, dijo el 20 de enero en una nota informativa que no firma nadie, que “no era preso político ni estaba en huelga de hambre”. Según la infame nota del órgano oficial del Comité Central del Partido Único, estaba preso porque golpeó a su esposa –la misma que ahora quedó viuda con dos niños pequeños- y agredió a un policía que intervino en la reyerta conyugal.

Sería ridícula la versión del Granma si no fuera sencillamente monstruoso constatar cuan poco vale la vida de una persona –especialmente si es un opositor al régimen- en una prisión cubana.

No hay dudas que los médicos hicieron lo posible por salvar la vida del preso en huelga de hambre, sólo que, como es habitual en estos casos, ya era demasiado tarde. Las autoridades esperan siempre poder doblegar al preso y hacerlo deponer la huelga. Si no lo consiguen, cuando está ya casi muerto, lo envían a un hospital civil. Y quedan satisfechos porque “no cedieron un ápice y no se dejaron chantajear”.

Continuamente llegan informaciones desde las cárceles de presos que ante su total indefensión, como recurso extremo para reclamar sus derechos, se declaran en huelga de hambre. Algunos se cosen la boca con alambres. Enseguida los encierran en celdas de castigo. Solamente a los 10 días es que los carceleros empiezan a reparar en que sus vidas peligran. Entonces, pueden decidir alimentarlos a la fuerza. O convencerlos a golpes de tonfa y palos de marabú para que abandonen la protesta. Si tienen la boca cosida, se la descosen a la fuerza, entre golpes y patadas.

Pero a veces, como sucedió con Zapata Tamayo y ahora con Villar Mendoza, los carceleros llegan hasta las últimas consecuencias, para que sea el preso el que ceda y quede escarmentado. O muera.

¿Qué resuelve Granma con sus descaradas mentiras? ¿Acaso no hay mejor modo de evitar el escándalo internacional que mentir? Si descriminalizar la disidencia es pedir demasiado a una dictadura, ¿no pudiera al menos humanizar el trato a los reclusos? Y cuando digo humanizar, no me refiero precisamente a llevar a las cárceles a Silvio Rodríguez y su troupé.

En el caso de Orlando Zapata Tamayo, el régimen trató de presentarlo como un delincuente devenido en disidente. Con Wilman Villar también quieren hacerlo. Pretenden hacer ver que “los contrarrevolucionarios” lo captaron con sus promesas dentro de la cárcel. Y cualquiera con dos dedos de frente se pregunta qué poder secreto tendrá “la contrarrevolución” para lograr conversos dispuestos a convertirse en mártires. ¿Qué les ofrecerá la contrarrevolución a cambio de ofrendar sus vidas? ¿Huríes?

¿O será que para un hombre digno y convencido de sus ideas es más fácil morir en una huelga de hambre que soportar las humillaciones y los abusos de los esbirros de ese infierno que son las cárceles cubanas?

Dos presos políticos muertos en huelgas de hambre es demasiado para cualquier persona con un mínimo de decencia. Es hora de que el gobierno cubano haga algo más que inventar mentiras y coartadas absurdas. Ojala, por el bien de todos, que no vayamos mas lejos en el horror.

El candidato unitario

Monday, January 23rd, 2012

Por Alexis Márquez Rodríguez

Venazuela. Pese al reiterado empeño de algunos chavistas, entre ellos el propio Chávez, en asegurar que no habrá elecciones primarias, y que el candidato unitario de la oposición –calificado de antemano de “majunche”– se escogerá finalmente por consenso –mediante, además, la imposición del imperio–, el proceso electoral del 12 de febrero ha seguido su curso con plena normalidad. Incluso el propio chavismo se ha encargado de hacerle propaganda gratuita, ocupándose de él mucho más de lo que se supone debería ser, si se tratase, como dicen, de algo sin importancia y predestinado al fracaso.

Sigo creyendo, como lo señalé tiempo atrás en uno de estos artículos, que seis son demasiados precandidatos, y que estos no debieron pasar de dos o tres, a fin de que el ganador fuese electo por el mayor número de votos posible. Pero se impusieron los factores determinantes de que fuesen más, incluidos intereses partidistas y ambiciones personales, entre otros.

A estas alturas, en lo que hay que insistir es en la necesidad de mantener la unidad, más allá del 12 de febrero. Se sabe que existe el compromiso de los seis aspirantes de apoyar todos al que resulte ganador, y en expresar ese apoyo en trabajo intenso en la campaña electoral para el 7 de octubre. El conocimiento que se tiene de cada uno de los precandidatos avala la confianza en que será así, y en que esa unidad electoral se mantendrá aun después de las elecciones, pues el nuevo gobierno que se espera iniciará sus funciones en enero de 2013 requerirá de ella, y aun más allá, hasta que se consolide y normalice el régimen democrático en nuestro país. Incluso en el supuesto de que en noviembre Chávez triunfe de nuevo y sea reelecto para otro período, la unidad de la oposición seguirá siendo necesaria, hasta el definitivo despertar de la pesadilla chavista.

Afortunadamente los seis precandidatos son excelentes, cada uno con las diferencias naturales frente a los otros, por supuesto. Ninguno es perfecto, desde luego. Y es inevitable que muchos votantes no vean triunfar el suyo. Se trata de un experimento nuevo, cónsono con la situación absolutamente anormal, desde el punto de vista político, en la que se realizarán estas elecciones. De modo que quienes no vean triunfar a su candidato no deberán sentirse derrotados, sino dispuestos sin reservas a votar en las elecciones presidenciales por el que resulte escogido en las primarias, no sólo aunque no haya sido el suyo, sino incluso aunque no le guste.

Hoy, más que nunca, es posible confiar en la madurez del pueblo venezolano.

En mi cuerpo mando yo

Sunday, January 22nd, 2012

 Por Carlos Alberto Montaner

El general guatemalteco Otto Pérez Molina comenzó su presidencia con una propuesta audaz e inteligente: hay que examinar la posibilidad de despenalizar totalmente el consumo de drogas. No afirma que se debe seguir ese camino, pero sí recomienda estudiarlo. Guatemala es uno de los países más violentos del mundo y el consumo y distribución de drogas es parte de ese fenómeno. Él fue elegido para restaurar la seguridad pública y es su responsabilidad arbitrar soluciones.

Los dos argumentos en contra de la despenalización tienen mucho peso. Parece probado, dado el caso de la marihuana en Holanda, que, cuando se permite, aumenta el consumo. Muchos de quienes contraen el hábito de consumir drogas son literalmente destruidos por ellas. Es muy difícil abandonarlo. Tampoco es cierto que la legalización del comercio de drogas disminuirá la violencia. Sencillamente, los delincuentes, cuando se les acaba el negocio, migran hacia otras tres actividades ilícitas: la extorsión, la prostitución y los asaltos a mano armada.

Los argumentos prácticos a favor de la despenalización son también válidos. Si se legitiman el comercio y utilización de la droga, y se trata como al alcohol y el tabaco, acompañados por grandes campañas publicitarias en contra de los daños que genera, al margen de que habría una ganancia fiscal para el Estado, sucederá lo que hoy ocurre con las bebidas y los cigarrillos: disminuirá lentamente el consumo entre los más jóvenes.

En los países del Mercosur, alegan, donde las cajetillas traen fotos nauseabundas de pulmones deshechos por la nicotina, y en las que se menciona el mal aliento o la peste en la ropa que dejan los cigarrillos, fumar ya no contiene ningún aspecto glamoroso y los adolescentes, aparentemente, comienzan a alejarse de ese vicio.

Pero hay más: es verdad que los matarifes de los cárteles, si pierden el negocio, se entregarán a otro género de crímenes, pero, aunque es más fácil combatir a media docena de organizaciones nacionalmente estructuradas que a centenares de diminutas bandas de criminales, lo cierto es que las grandes mafias poseen una capacidad corruptora que no está al alcance de las pequeñas bandas aisladas de delincuentes.

Los cárteles poseen y utilizan sus enormes recursos económicos para penetrar y corromper a políticos y funcionarios. Compran legisladores, jueces, militares y policías. A veces llegan al Parlamento, como el colombiano Pablo Escobar. Cuando eso ocurre, comienza a hablarse de “estados fallidos”, o de “narcopaíses”, como le sucedió a Panamá en tiempos de Manuel Antonio Noriega.

Y luego queda el debate moral: ¿qué derecho tiene el Estado a decidir lo que un adulto en la plenitud de sus facultades mentales hace con su cuerpo si sólo se perjudica a sí mismo? Si esa persona decide fumar marihuana, oler cocaína o inyectarse heroína, ha elegido hacerse daño, porque le satisface, y no le corresponde a nadie tratar de impedirlo por la fuerza.

Se trata de comportamientos nocivos, libremente escogidos, parecidos a los de quienes optan por comer hasta alcanzar obesidad mórbida, conducta que pone en riesgo sus vidas, emborracharse hasta caer desmayados o vomitar constantemente los alimentos para mantener una delgadez esquelética que los complace estéticamente, la temible bulimia que afecta a tantas muchachas jóvenes.

La función del Estado no es protegernos de nosotros mismos. Ésa es una tarea de los padres, de la familia, quienes, en el proceso de educación de sus hijos, en la medida de lo posible, y siempre percatados de que existe una zona innata de muy difícil ponderación, deben dotarlos de sentido común, prudencia y los valores adecuados, para que utilicen la libertad sensatamente cuando lleguen a la edad adulta.

Para mí, francamente, este último es el argumento de más peso en esta difícil cuestión. Es obvio que el consumo de drogas psicotrópicas que afectan la percepción y nos esclavizan fisiológicamente es una enorme tragedia, pero yo no quiero que el Estado decida lo que puedo y debo hacer con mi cuerpo. Al Estado le corresponde informarme puntual y seriamente de las consecuencias de consumir esas sustancias. La responsabilidad de decidir si quiero o no utilizarlas es mía.

Firmas Press