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Wilman y Malleza; Robles

Sunday, January 29th, 2012

Por Pedro Corzo

Miami. El experimento castro guevarista no solo se impuso cambiar el sistema socio político cubanos, sino modificar la naturaleza humana y por esa razón iniciaron un proceso enfocado al ciudadano que ellos identificaron como la creación del hombre nuevo.

Estatización de la enseñanza. Adoctrinamiento político en las escuelas desde los primeros grados. Creación de los pioneros. Escuelas al campo. Becas en el extranjero. Expediente político para cada estudiante. Depuración sistemática de los profesores. Disminución de la influencia de los padres y muchas medidas más que tenían como fin forjar un sujeto listo para acatar los mandatos que procedieran del Olimpo castrista.

La idea era forjar ciudadanos modelos. Hombres y mujeres que soportaran estoicamente todos los sacrificios en la instauración y defensa del socialismo. Pensaron en un ciudadano de mentalidad colectivista, trabajador, sin ambiciones personales y listo para dar la vida por los ideales que promovía la revolución triunfante.

Mientras fueron niños y todavía la utopía parecía posible, el gobierno y muchos padres impulsaron a sus hijos a formar parte del paraíso prometido. Obediencia, defensa de las consignas y silencio ante los atropellos del prójimo que no aceptaba el discurso oficial.

Aquellos niños crecieron y se convirtieron en hombres y mujeres sin contacto directo con la libertad y el derecho.

Con el paso de los años, los mandantes que ya envejecían creyeron encontrar el relevo en sujetos como Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, entre otros, que sirvieron más por oficio que por convicción, y de ahí la defenestración que padecieron, pero también hay, sin garantizar sus compromisos políticos futuros, gentes como Maidelys González, dirigente de la Unión de Jóvenes Comunista de Cuba, que planteó en un discurso que “la tibieza y la falta de identidad del militante son factores que ponen en peligro la continuidad histórica de la revolución”’.

Otros muchos callaron, sirvieron en silencio o simplemente rechazaron la cadena. Crecieron germinando dentro de ellos, quizás imperceptiblemente, hasta el día que un factor catalizador lo desencadenó, la convicción de que todo ciudadano es libre y soberano y con pleno derecho a decidir sobre su destino.

Por suerte para Cuba la decisión de actuar, echar andar y cambiar el país, la han tomado muchos de esos jóvenes, al extremo que mencionarlos a todos no es posible.

Orlando Zapata Tamayo, Wilman Villar Mendoza, Ivonne Malleza Galano y Sara Marta Fonseca, todos nacidos después del triunfo de la Revolución, educados en sus escuelas, formados en el despotismo pero conscientes de que tienen pleno derecho a ser libres no solo han puesto en juego su precaria libertad, sino que también han estado dispuestos a arriesgar la vida e inmolarse, como hicieron Zapata y Wilman.

La prisión de Malleza Galano, liberada el mismo día que sepultaban a Wilman, muerto como consecuencia de una huelga de hambre en protesta por los abusos del régimen, no es la primera vez, desgraciadamente tampoco será la última, que una mujer cubana va a la cárcel por defender su derecho a opinar y manifestarse.

Wilman Villar Mendoza tenía 31 años. Casado y con dos hijas. Su esposa Maritza Pelegrino, Dama de Blanco, no pudo verle antes de morir, y como si no fuera suficiente, la maquinaria propagandística del castrismo, con la asistencia de sus defensores en el exterior, inició una campaña de descrédito contra un joven que fue sancionado a cuatro años de cárcel por participar en una protesta contra la dictadura.

Los esbirros no soportan la entereza moral de sus cautivos. Cuando Wilman protestó con una huelga de hambre por la injusta sentencia, fue aislado, remitido a una celda de castigo sin ropas, desprovisto de todo, menos de su entereza moral.

La muerte de Wilman no es la primera, al menos otros trece prisioneros políticos cubanos, incluido Zapata, murieron por las mismas causas que él entregó la vida y puede que no sea el último, porque recurrir a la huelga de hambre como un gesto de supremo sacrificio ante el totalitarismo castrista, es una práctica a la que los prisioneros políticos cubanos recurren con mayor frecuencia.

La huelga de hambre se ha ido convirtiendo en la mente de la oposición cubana en una protesta suprema ante la voluntad criminal del régimen y también contra el egoísmo de quienes no quieren ver ni escuchar, ni en Cuba ni en el extranjero, la dura realidad del castrismo.

El fundamentalismo islámico en América Latina

Sunday, January 15th, 2012

Por Pedro Corzo

Miami. La proyección hacia el exterior del régimen fundamentalista de Irán no es nueva, como tampoco lo es el fortalecimiento de sus fuerzas armadas que amén de desarrollar constantemente nuevas tecnologías y estar intentando desarrollar un arma nuclear, tiene cerca de medio millón de efectivos en servicio activo.

Como todo régimen de fuerza Irán necesita un enemigo externo que le posibilite generar crisis internas que justifiquen las acciones represivas contra su propio pueblo, a la vez que establece alianzas con gobiernos afines con sus propósitos, como en este caso son los países que integran la alianza extremista que encabeza Hugo Chávez.

Históricamente la dictadura de los Guardianes de la Revolución se había circunscrito a respaldar los grupos terroristas de Hamas y Hezbolá, a tener una estrecha relación con la dinastía siria de los Al Asad y a generar una constante desestabilización usando a sus correligionarios chiitas que residen en los países árabes, pero en esta ocasión la proyección hegemónica trasciende el océano y arriba con extremo vigor a América Latina en un momento en que Teherán se apresta a presidir el Movimiento de los No Alineados, que aunque no tiene la influencia del pasado, continúa siendo un instrumento conveniente de penetración y propaganda.

Mahmud Ahmadinejad ha mostrado un gran interés en América Latina, visitándola desde el 2006 a la fecha varias ocasiones.

Su país cuenta con representaciones diplomáticas en numerosos países del hemisferio y trata de fortalecer las relaciones comerciales con todos, aunque es evidente que sus asociados más estrechos son los regímenes de Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia, sin excluir la dictadura cubana, que es sin duda su aliado más antiguo en el continente.

Ahmadinejad, que está retando a Estados Unidos en su zona de influencia más cercana y fortalece alianzas con los enemigos de Washington, tiene entre sus objetivos a la opinión pública latinoamericana, a la que espera influenciar a través de Hispan TV.

La Habana y Teherán, que han negociado para el intercambio de noticias, remarcaron el interés de ambos países de integrar los medios de comunicación en sus relaciones. En estas conversaciones está incluida la red de televisión Telesur radicada en Caracas, que es una herramienta de difusión chavista.

Ezatollah Zarghami, jefe de radiodifusión de la República Islámica de Irán, dijo que “esta nueva red en español tendrá un papel importante en la reflexión de la legitimidad ideológica de nuestro sistema para el mundo”, a la vez un comentario que es un instrumento para el proselitismo del islamismo más radical.

El gobierno iraní siempre mantuvo unas relaciones estrechas con la dictadura cubana. La alianza se remonta a 1979, cuando el gobierno de Cuba reconoció al régimen fundamentalista iraní y afirmó que no había contradicción entre religión y revolución, en el preciso momento que los religiosos cubanos eran perseguidos en la isla. Los ayatolas y los dictadores cubanos siempre han estado asociados por el profundo odio que sienten hacia Estados Unidos y hacia toda sociedad democrática.

Venezuela, por sus características geográficas, riquezas y la ambición de Chávez, es en la actualidad el aliado natural de los extremistas iraníes. Ambos países han firmado numerosos acuerdos y hasta firmaron un entendimiento sobre apoyo y cooperación militar.

Aunque las relaciones entre Irán y el gobierno de Cristina Fernández, como consecuencia de los atentados terroristas en la embajada de Israel en Buenos Aires y a la Asociación Mutual Israelita Argentina, también en la capital, no son las mejores, están en proceso de renovarse por propia voluntad de la Casa Rosada.

Este no es el caso de Brasil. Mientras Lula da Silva respaldó a Ahmadinejad, la presidenta Dilma Rousseff aceptó la constitución de una Relatoría de Derechos Humanos para el país asiático, cosa a la que Da Silva se había opuesto en el pasado.

Ahmadinejad y Chávez están unidos por su odio a Estados Unidos. Hay muchas informaciones de que Irán tiene un especial interés en el uranio venezolano, lo que concuerda perfectamente con las ambiciones nucleares del país asiático, especialmente si se toma en cuenta que en lugares apartados de Venezuela se han instalado fábricas propiedad de iraníes o del gobierno de ese país.

El viaje de Ahmadinejad preocupa a Estados Unidos, y debería causar inquietud en todos los países democráticos de la región, no solo por las características políticas del régimen que representa, sino también por la intolerancia y el sectarismo religioso que personifica el máximo representante de un régimen teocrático.

Viajes y remesas

Friday, December 23rd, 2011

Por Pedro Corzo

Miami. Los viajes y el envío de remesas a Cuba son un tema polémico y con muchos aspectos a debatir.

Personas bien intencionadas defienden una u otra fórmula. Estar a favor de los viajes y las remesas no implica una aproximación al castrismo y estar en contra, no significa un rechazo a la familia o falta de sensibilidad ante las penurias que genera la dictadura.

La descalificación por la posición que se asuma ante ese debate impide arribar a acuerdos más importantes y trascendentes entre los que mas allá de las diferencias en este asunto, están comprometidos con el establecimiento en Cuba de una sociedad de derechos. Para esos, de una u otra vertiente, no está escrita esta columna.

Hay una incongruencia entre los que están a favor del fin de las restricciones, cuando no son capaces de exigirle al gobierno de Cuba terminar con las medidas abusivas que padecen las personas que ellos dicen defender.

Es también una realidad que entre los valedores de los viajes y remesas hay organizaciones e individuos que solo protegen sus intereses económicos, y otros que simpatizan abiertamente con el castrismo, pero también es verdad que entre ellos hay enemigos del totalitarismo que nunca han dejado de combatir la dictadura.

Ese sector de los que favorecen los viajes a Cuba, el envío de remesas, el fin del embargo, que exponen su compromiso con la reunificación familiar y la reconciliación nacional, deberían demandar del gobierno de los Castro medidas que favorezcan tanto la reunificación como la reconciliación de la nación y el fin de las disposiciones abusivas que limitan los derechos de los ciudadanos de la isla.

Estos activistas que critican al gobierno de Estados Unidos por las regulaciones que impone, y a las organizaciones de exiliados que apoyan las medidas, jamás cuestionan al de La Habana porque exige a los ciudadanos un pago de $150 para obtener un permiso de salida y una carta de invitación que cuesta $140.

Deberían pedir en base a su sensibilidad, que se suspenda la multa de $150 mensuales a los cubanos que permanecen más de 30 días fuera del país. Demandar que el boleto del viaje de regreso no caduque en el mismo momento en que se cumplen treinta días de la partida. Obvian que el individuo tiene que comprar un nuevo boleto de ida y vuelta, algo que no se practica en otro lugar del mundo.

A pesar de lo críticos que son de las decisiones de Washington nunca aluden a que el dólar que el trabajador cubano en el exterior envía a sus familiares a la isla es devaluado. Tampoco mencionan lo costoso de las remesas. Es fácil averiguar cuánto cuesta enviar $100 a cualquier país de América Latina y cuánto remitirlo a Cuba.

Otro ejemplo son las oficinas de viajes o paquetes a Cuba. Nunca estas personas y organizaciones denuncian lo costoso de ese servicio.

Esta vertiente de ese heterogéneo grupo, que salvo excepciones, nunca menciona los abusos del castrismo, ni se refiere a los disidentes que se pudren en las cárceles, es fanática de los intercambios culturales.

Consideran importante que académicos de universidades americanas viajen a la isla sin restricciones, pero no abogan para que los intelectuales contrarios al oficialismo viajen a este país junto con los que representan el pensamiento oficial.

Tampoco cuestionan al gobierno de Cuba porque les exige a sus ciudadanos que viven en otros países solicitar visa de entrada, y que les obliga a sacar el pasaporte cubano, aunque tengan otra nacionalidad, dicho sea de paso, el pasaporte más caro del mundo.

Un aspecto relevante, que en justicia corresponde a quienes defienden los viajes a Cuba, es exigirle al régimen que permita la entrada a cualquier natural de la isla que quiera visitarla y que no guarden silencio cuando un viajero después de cumplir los trámites, incluida la infame visa, puede llegar a Cuba y ser devuelto al punto de partida sin explicación alguna.

Si se demanda viajar sin restricciones de Estados Unidos a Cuba, ¿por qué no le exigen al gobierno cubano que permita entrar a la isla a todo natural de ella que desee visitarla?

Lamentablemente jamás consideran que las llamadas telefónicas más costosas sean las que se hacen a Cuba y que todos los trámites de viaje en la isla se deban hacer en moneda extranjera, preferiblemente el dólar, y no en moneda nacional.

Ese sector es explícito en condenar las restricciones que determina Washington pero jamás alude a la situación de los derechos humanos en Cuba, ignoran olímpicamente los presos políticos y cualquier reclamo que ponga en entredicho a la dictadura.

La Cumbre de Caracas

Saturday, December 17th, 2011

Por Pedro Corzo

Miami. Una vez mas se evidenció en Caracas, Venezuela, que la mayoría de los dirigentes políticos del hemisferio no se sienten comprometidos a construir un destino común en el que la libertad y la democracia sea un bien compartido por todos los ciudadanos del continente.

Cierto que la primera obligación de un gobernante es defender los intereses del país que representa, pero a partir del momento en que un dirigente acepta compartir un foro con proyecciones integracionista, establece un compromiso, al menos moral, de trabajar y asistir a quienes no disfrutan plenamente de sus derechos.

En Caracas, se reiteró la doble moral y el oportunismo mostrado por la generalidad de los mandatarios legítimamente electo del hemisferio. Aceptaron de anfitrión a un déspota que ha establecido en su país una dictadura institucional, y como co-anfitrión a un gobernante que desprecia a todos lo que no piensan como él.

Hugo Chávez y Rafael Correa, presidentes de Venezuela y Ecuador respectivamente, fueron los principales gestores de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, Celac, porque ambos están convencidos que la flamante organización les va a ser muy útil en sus proyectos hegemónicos.

Los dos comparten la certeza que aunque la Organización de Estados Americanos está en un franco proceso de deterioro, esa entidad no es útil a sus intereses, porque su estructura, y en particular el Comité Jurídico Interamericano y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, son intransigentes defensores de los derechos que ellos como gobernantes conculcan.

A la Cumbre de Caracas asistieron 33 gobiernos de la región, un hecho importante si tenemos en cuenta que las reuniones de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y Gobierno son cada vez menos representativas, en lo que atañe a la presencia de jefes de Estado.

El Celac, más allá de los resultados que logre en el futuro, fue un éxito, porque conectó políticamente a personas tan disímiles en ideología y proyectos como Raúl Castro y el mandatario chileno Sebastián Piñera, quien en un gesto de continuidad política y asociación, que va muchos más allá de lo políticamente correcto, entregará el próximo año la presidencia de la organización al dictador cubano.

El mismo Piñera, que ha criticado la dictadura isleña en diversas ocasiones, aceptó a un dictador como relevo. La actitud del mandatario chileno, como la de otros jefes de Estado, es una vergonzosa falta de consecuencia en el respeto a los valores que dicen defender.

Los gobernantes latinoamericanos siguen actuando en contra de sus propios intereses y de los países que representan. Convienen alianzas sin entrar a considerar que están negociando con individuos que odian el sistema que ellos encarnan, y que en consecuencia, en el momento que les sea oportuno, actuarán en contra de los que circunstancialmente fueron sus aliados.

Un ejemplo de oportunismo y doble moral es el de José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, que mientras el mandatario venezolano afirmaba que esa organización era una institución estropeada e inservible y que el Celac la sustituiría como la corporación más importante de la región, Insulza daba la bienvenida a la entidad y decía confiar que enriquecería el dialogo a nivel interamericano.

Otro aspecto a destacar es que Chávez dijo que estaba pendiente la fórmula para la toma de decisiones, una advertencia de que el organismo puede acordar formas de votación en la que el disenso no exista y las decisiones sean de obligatorio acatamiento. Una condición muy favorable al mandatario venezolano, que cuenta con recursos suficientes para doblegar los principios de gobernantes que compran el presente empeñando el futuro.

Al igual que en la XX Cumbre de Río en Santo Domingo del 2008, en el encuentro de Caracas se demostró la falta de solidaridad hemisférica en lo que respecta a la defensa de los valores democráticos y el oportunismo en la conducta de los mandatarios de la mayoría de los países del continente.

Cuando Rafael Correa atacó a los medios de comunicación privados y propuso una regulación regional para los medios de información, ninguno de sus pares salió en defensa de una libertad de expresión plena y sin ataduras. Peor aún, los mandatarios de Panamá y Honduras, Ricardo Martinelli y Porfirio Lobo respectivamente, criticaron a los medios y se quejaron de estos.

La solidaridad y la convicción de un destino común de libertad y democracia entre los pueblo del hemisferio es un cuento de caminos que se confirma cada vez que gobernantes electos democráticamente se pliegan a la voluntad de caudillos que solo aspiran a perpetuarse en el poder, mientras ganan tiempo para imponer en otros países modelos de gobiernos similares a los suyos y así construir una cadena de la que no podamos escapar.

Reconciliación

Sunday, November 27th, 2011

Por Pedro Corzo

Miami. Con frecuencia y satisfacción se escucha la palabra “reconciliación’’ y es que es fundamental el ejercicio de una relación armónica, de una unión de voluntades que pueda disipar o extinguir los motivos que causaron un conflicto.

Hay que tener presente que la reconciliación solo se produce como consecuencia de la ruptura de un acuerdo.

Pero siempre uno puede preguntarse ¿es posible una reconciliación real, un reencuentro sincero más allá de los hechos que causaron la pugna? ¿Pueden sinceramente, la víctima y el abusador tolerarse, trabajar juntos, construir un futuro juntos? ¿La víctima tendrá capacidad de perdón?, (sin referencia a la comprensión u olvido) y en el victimario, ¿habrá desaparecido su inclinación al abuso, el desprecio a los derechos de su prójimo?

La víctima no responde a un patrón físico, pero sí de conducta y moral. Víctima puede ser cualquiera. Los derechos y la existencia misma de la víctima pueden ser anulados o extinguidos. Pero la víctima puede ser un vencedor moral, siempre y cuando su formación, su acción de vida, responda a patrones éticos y no circunstanciales.

Sin embargo, hay que tener presente que en toda sociedad de violencia política hay víctimas que se pueden calificar de condición activa. Los individuos que se oponen a la opresión de manera militante y recurren a la fuerza para lograr el cese de la opresión oficial. Estos individuos también pueden llegar a cometer crímenes, violar los derechos de sus victimarios. ¿Dejó este individuo de ser víctima por el hecho de su rebelión?.¿Su acción violatoria lo iguala con el victimario de oficio?.

El victimario al igual que su victima tampoco tiene señales que lo identifiquen. Su moral y conducta pueden estar integrados a una sociedad estable y confundirse con la víctima. Pero la condición de victimario emerge en cultivo favorable, en un medio que estimule su actuación. El victimario es un depredador y los límites de su depredación pueden ser ignorados por el mismo. El victimario puede actuar por su propia inclinación o responder a una institución o gobierno. El victimario oficial, el que medra en una sociedad sin derechos, disfruta de impunidad para sus crímenes. Una sociedad represiva incentiva a la organización de los ruines y al envilecimiento de la misma.

El victimario, como ente aislado en una sociedad de derecho, puede afectar al individuo o a una parte de la comunidad pero no al conjunto de ésta. El abuso institucionalizado, sistematizado, es el que crea la crisis y puede aterrorizar a una sociedad en su totalidad.

La reconciliación es una avenida de dos vías. Una voluntad de todas las partes. El torturador debe aceptar sus crímenes. El sectario admitir que persiguió, acosó y discriminó al que no pensaba y actuaba como él. La reconciliación no puede provenir solo de la víctima. No es un deseo unilateral del que fue sacrificado y que de nuevo, en virtud de su conciencia cívica, o por falta de memoria histórica, hace dejación de su derecho individual o colectivo a la justicia.

El victimario debe hacer conciencia de que sus crímenes estaban más allá de la idea misma que decía defender. Admitir sus excesos puede ser una garantía de que en el futuro no incurra en pasados abusos, aunque las ircunstancias para ello le fueran favorables.

Por su parte la reconciliación trasciende los conceptos de victoria o derrota. En ella no hay espacio para vencedores o vencidos. La reconciliación es una avenencia ético-moral, un sincero acto de contrición en el que pueda fundamentarse la nueva sociedad si las víctimas y victimarios hacen dejación de sus rencores los primeros, y de sus crueldades los últimos.

Pero dentro del concepto de reconciliación, no tiene que estar implícita la impunidad. La ausencia de sanción puede producir en la victima sentimientos de frustración y la impunidad hacer más agresivo al criminal que no acepta su responsabilidad. El cuestionamiento de si una reconciliación debe implicar “punto final” a la historia criminal de los victimarios más destacados, es un factor que inquieta a cualquiera que medite sobre el tema.

La señalización del fin o la continuidad del proceso, es parte fundamental de la idea de la reconciliación. Una sociedad que no sancione el crimen se encuentra cimentada en la arbitrariedad y por lo tanto propensa a nuevas crisis sociales o políticas. El nuevo Estado de derecho debe fundamentarse en el conocimiento mas profundo del pasado y en la aplicación de sanciones contra los que violentaron los derechos del individuo.

Los tiranos y sus cómplices

Saturday, November 5th, 2011

Por Pedro Corzo

Miami. Las demandas de varios organismos internacionales y gobiernos de que el asesinato y las torturas a que fue sometido Moammar Kadafi sean investigados, son válidas y pertinentes y han motivado al Consejo Nacional de Transición de Libia a iniciar una pesquisa y procesar a los responsables del crimen.

La muerte de Kadafi a manos de sus captores y los evidentes abusos de que fue objeto, se aprecian en los videos mostrados. El dictador sufrió abusos incalificables, que sitúan a sus torturadores en igual escala moral que el torturado.

Las razias, persecuciones y asesinatos en masa son acciones propias de dictadores y no de quienes se les oponen. No se deben repetir los crímenes de los déspotas y sus esbirros, ni justificar los excesos, esgrimiendo los abusos en los que ellos incurrieron.

No debe haber licencia para el crimen, pero tampoco es apropiado responsabilizar del asesinato del dictador al Consejo Nacional de Transición Libio y evaluar a esa entidad como incapaz de conducir al país al establecimiento de un estado de derecho.

Las severas críticas al Consejo Nacional de Transición no son objetivas porque más allá de las condiciones morales de sus dirigentes, sería un milagro que hubieran logrado imponer en plena guerra, cuando fue muerto Kadafi, su autoridad sobre facciones que a través de los meses del conflicto demostraron en muchas ocasiones que el denominador común que los identificaba era el asesino asesinado.

Militares estadounidenses capturaron a Saddam Hussein y le respetaron la vida. Fue enjuiciado y ajusticiado después de un debido proceso, pero no se puede asegurar que eso mismo hubiera ocurrido si facciones iraquíes contrarias a Hussein lo hubieran capturado.

Numerosos analistas y representantes de organismos internacionales rechazan con sólidos argumentos el asesinato de Kadafi y sus partidarios, que de victimarios pasaron a víctimas, porque al parecer consideran que las injusticias padecidas les facultaban convertirse en abusadores.

Esa conducta inicia una peligrosa espiral de violencia, porque el odio solo cosecha odio y la venganza genera nuevos vengadores.

Pero la conciencia de esta espiral de abusos debería alertar a la comunidad internacional a ser más responsable en sus relaciones con regímenes que violan sistemáticamente los derechos de sus ciudadanos.

Las personas con responsabilidades políticas, junto a los organismos internacionales y gobiernos, deberían darse cuenta de que la mejor manera de evitar crímenes es que no haya asesinos gobernando naciones.

Si los compromisos morales tuvieran más importancia en las relaciones entre los gobiernos que los intereses económicos o las conveniencias ideológicas, déspotas como fueron Saddam Hussein y Moammar Kadafi, o siguen siendo Mahmud Ahmadineyad, Bachar al Asad, Ali Abdullah Saleh, Hugo Chávez y los hermanos Castro, no estarían gobernando.

El asesinato de Kadafi está contra el derecho, pero cómo se sentirían los libios cuando leyeron en el informe del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas del año 2010 que decía en una de sus partes: “En el diálogo interactivo formularon declaraciones 46 delegaciones. Varias de ellas encomiaron a la Jamahiriya Árabe Libia por la preparación y presentación de su informe nacional, y destacaron el amplio proceso de consultas con los interesados en la fase de preparación. Varias delegaciones asimismo observaron con satisfacción el compromiso del país de respetar los derechos humanos”.

Un informe de Amnistía Internacional refiere que varios gobiernos europeos, entre ellos España, Alemania, Bélgica, Francia, Italia y el Reino Unido, concedieron licencias de suministro de armas, municiones y equipos al gobierno de Kadafi a partir del 2005. Entre ellas bombas de racimo. Otro importante suministrador de armas a Libia fue Rusia.

Occidente al parecer estuvo dispuesto a olvidar el atentado al avión de Pan Am sobre Lockerbie, los otros atentados que auspició Kadafi por haber renunciado al desarrollo de armas biológicas, químicas y nucleares, pero los libios nunca pudieron olvidar los numerosos asesinatos que ordenó ni las personas ahorcadas en plazas públicas.

El primer paso para evitar el asesinato de un dictador, es impedir que detenten el poder. Si los gobiernos, entidades financieras y organismos internacionales como Naciones Unidas se comprometieran a no callar, denunciar y no bendecir a cambio de favores los abusos de los déspotas, el mundo se vería libre del horror de que un grupo de ciudadanos se tome la justicia por su mano como ocurrió en Libia.

El mito del antiexilio

Sunday, September 25th, 2011

Por Pedro Corzo 

Miami. Este es el título de un ensayo del escritor Armando de Armas, es un trabajo que los que acusan al exilio militante deberían leer, para que aprecien que el denominado exilio duro es más solidario y comprometido con el bienestar de los cubanos de la isla, que la generalidad de los que se rasgan las vestiduras manifestando preocupación por los perjuicios que el pueblo de la isla enfrentaría si se ponen en vigor las restricciones que demandan los expatriados.

Primero. El exilio no es una identidad homogénea, conducida por un liderazgo único o colegiado. La conducta de los exiliados puede ser contradictoria y responder a las diferentes estrategias y tácticas que interpreten el compromiso político o ideológico de los grupos que lo integran.

No obstante, la mayoría de ese exilio ha expresado de manera constante una solidaridad hacia sus compatriotas que difícilmente encuentra paralelo en el mundo moderno.

El exilio no solo ha mantenido viva la causa política que lo llevó al destierro y fortalecido el concepto de nación a través de nuestras expresiones culturales, sino que la idea “familia” como pueblo y núcleo social, ha sobrevivido los largos años de separación, la distancia, las ideas políticas y hasta las ofensas e injurias que en no pocos casos sufrieron muchos exiliados antes de irse del país.

En los años de gloria, cuando el castrato y sus acólitos se creían poseedores del presente y del futuro, los funcionarios, militares y hasta simples ciudadanos eran coaccionados a “olvidar al amigo o pariente” que se marchaba. Cierto que muchos resistieron la presión y la represión subliminal que contrariar tal mandato implicaba, pero no pocos se prestaron gozosos para hacer público su repudio.

La dictadura penetró la casa. Dividió la familia, parte de ésta se prestó al juego, y es justo aclarar que en aquellos tiempos el juego no se practicaba para sobrevivir sino para vivir mejor.

No es difícil recordar a padres, hermanos y hasta hijos que proclamaban que sus allegados eran unos traidores por el solo hecho de haber salido de Cuba.

Eran tiempos en que comunicarse con un pariente en el extranjero no era políticamente conveniente.

Es bueno no olvidar, no para incriminar, sino como experiencia, que mientras unos envilecieron, otros hicieron del amor a la familia y a la amistad una peligrosa virtud. Mientras unos intentaban destruir la familia, otros atesoraban la raíz, allá y acá, sin importar tempestades, hasta lograr su presente fortalecimiento.

Por suerte, el concepto familia sobrevivió, al igual que la religiosidad. Los que nunca repudiaron el vínculo de sangre o la amistad y los que siempre hicieron de su fe religiosa un soporte para su existencia, han triunfado.

La solidaridad del exilio se ha expresado en estos 52 años en forma diversa: casa de asistencia a cubanos en España, Estados Unidos, Venezuela, etc. En la Florida funcionó por varios años un Hogar de Tránsito en Cayo Hueso y la Casa del Balsero en Miami. Actuaron varias agrupaciones de detección aérea, aunque la más conocida es Hermanos al Rescate, que lamentablemente cuenta con cuatro mártires por la información suministrada por agentes de la Red Avispa a la dictadura de los Castro.

También funcionaron unidades de rescate naval. La ayuda económica y refugio a cubanos en Venezuela, Santo Domingo, México, Jamaica y otros países fue un éxito.

Pero hay otra más íntima y sentimental que es la ayuda a la familia en la isla. Durante años, a pesar de saber que la dictadura explota sus sentimientos, el exiliado ha enviado paquetes de ropa, alimentos, medicinas, y dinero. Las restricciones las impone la dictadura con los altos costos de los servicios de pasaje, remesas y envíos de paquetes.

Muchos de esos exiliados están conscientes que indirectamente ayudan al régimen pero consideran que la familia es parte esencial de la Patria.

Tal vez en el futuro se cuestione la efectividad política de los exiliados, es posible que cuando reposen los tiempos se vean mejor nuestros errores en el proyecto de derrocar la dictadura y en otras actividades, pero en algo sí podemos estar tranquilos, y es que nunca hemos negado nuestras raíces y que la familia sigue siendo nuestra, aunque estemos en tierra ajena.