Quo Vadis Cuba

Por Rogelio Fabio Hurtado 

La Habana.  Al cabo de 50 años el caprichoso totalitarismo unipersonal que nos abruma ha generado un modelo de hombre diametralmente opuesto al deseado por el Máximo Individuo.

Muy pronto fue extirpada, casi a sangre fría y de raíz, la formación religiosa, en nombre de un sistema de enseñanza desaforadamente ateo, al que se le empegostó años después la imagen de un guerrillero como figura canónica exclusiva, para consumo obligatorio de todos los niños, sin distinción de ninguna naturaleza.

Los literatos de la época aportaron sus odas generosamente, obviando el desdén que no les ocultó dicho sujeto, sin parar mientes en nada que no fuese su propio beneficio inmediato. Por fin es que Praga o Moscú, las nuevas metrópolis, no estaban en la eternidad, sino al alcance de las alas de Aeroflot. Además, el futuro pertenecía al socialismo.

Al cercenarle la sensibilidad religiosa, se privaba al individuo de esa dimensión autónoma, para dejarlo encerrado en la jaula del materialismo, cuyas llaves pertenecían al Partido y al presidente del CDR – pupila insomne que te vigila.

Sin embargo, como pseudos-marxistas, también tenían que cancelarle toda posibilidad de sobrevivir económicamente al margen del sistema mono-propietario. La estatalización hipertrófica, a la que hoy llaman carga insoportable porque el grado de ineficiencia alcanzado ya es crítico, perseguía asfixiar a quienes no aceptasen convertirse en sumisos al Máximo Individuo.

Impedidos de ejercer responsabilidad absoluta respecto a sus vidas, la gente permanece en una minoría de edad perpetua, pues tampoco se les permite ejercer derechos políticos, mientras el aparato de propaganda los bombardea para que comprendan por las buenas la conveniencia de no obligarlos a explicárselos por las malas. Durante cierto tiempo esta fórmula (mucho más palo que zanahoria) pareció idónea para que el Máximo pudiera despreocuparse de la política interna.

El modelo de sociedad vertical, donde todo debe bajar y sólo pueden subir aplausos, se impone a sí mismo responsabilidades que no cumple ni puede cumplir. La educación cívica, al identificarse con el acatamiento obligatorio a todas las órdenes superiores, pierde su capacidad de penetrar en la conciencia del individuo y no va más allá de la realidad exterior. Tales normas sólo derivadas de la vigilancia exterior, carecen de peso. El sujeto no tarda en percatarse de que, si opera con astucia, puede burlarlas a su placer.

Tampoco la represión tosca funciona, porque genera mayor rechazo en quien la sufre y tampoco puede aplicarse ilimitadamente.

Cuando los héroes caen en cuenta del caos social, suele ser demasiado tarde. Lo peor es que el sistema impuesto por su propia voluntad no incluye mecanismos de escape de ningún tipo. Así, los regímenes militares que años atrás desgobernaron en América Latina pudieron dejarle el gobierno a los civiles para que lidiasen con los respectivos desastres. Aquí, donde impera una unidad de mando sorda a todo lo que no sea eco de sus propias ordenanzas, eso parece imposible.

Quienes seguimos la sección de cartas de los lectores que publica cada viernes el periódico Granma advertimos la contradicción entre dos frases: “Al imperialismo, ni tantico así”, enarbolada por los partidarios del continuismo a ultranza, y Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado, extraída esta del copioso discursar del Máximo por los fans de las reformas.

Nadie parece acordarse del texto ultraconservador que se les hizo firmar hace unos años, que decretó la perpetuidad eterna del sistema. Lo traigo a colación, porque me parece que se interpone y paraliza la mínima voluntad de cambiar algo.

La capacidad del sistema totalitario basado en el miedo ha terminado. No se trata de que los ciudadanos no se sientan partícipes ni mucho menos dueños, sino que cada vez se sienten más dispuestos a librarse de la pesada tiranía que se les impone. Es por eso que el régimen militarizado más que nunca, calla y vacila. Ahora mismo se hace cada vez más claro que el futuro pertenece por entero al verdadero pueblo de Cuba, ese que lucha y desobedece las ordenanzas de los nuevos Capitanes Generales.


the attachments to this post:

hurtado1
hurtado1


No Comments so far.

Leave a Reply