El regreso de los osos
Por Hipólito R. Robaina Guerra
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Córdoba, España. Después de varios decenios, China y Rusia vuelven a interesarse en Latinoamérica y especialmente en la Isla de Cuba. El régimen cubano aprovecha para cobijarse una vez más en el regazo de importantes miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y no depender únicamente del caudillo venezolano Hugo Chávez con menos respetabilidad en el concierto internacional y con el precio del crudo a la baja, lo que hace peligrar los apoyos financieros del chavismo. Los Castros quieren entrar de nuevo en el juego político de los grandes, saben que al comienzo de la era Obama, los Osos pondrán a prueba al nuevo mandatario norteamericano, sobre todo el Oso Misha. Esta vez, después de la experiencia de la Crisis de Octubre, Cuba prefiere que sea Venezuela quien se preste como plataforma principal para los intereses geopolíticos de Rusia en la zona en el ámbito militar. Si todo sale bien, la dictadura cubana sabrá mover las fichas para quedar en primer plano, si la historia se repite como comedia, intentará que Venezuela cargue la cruz.
Raúl Castro ve un filón para intentar reformas acercándose a los modelos chino y ruso, el primero lo comparte en el orden económico y por afinidad ideológica, un modelo de mercado con Partido Único y estricto control social; acercarse al segundo le permitirá tranquilizar a Fidel Castro, adicto a la conspiración y los análisis estratégicos y que sabe que Rusia es una seudodemocracia que aspira a retomar su papel en la repartición de intereses internacionales y a recuperar sus zonas de influencia cerca de las fronteras estadounidenses, como respuesta al escudo antimisil que los Estados Unidos negocian con Polonia y Republica Checa, así como su acercamiento a Ucrania y Georgia. Ello le daría a La Habana fortaleza como interlocutor llegado el momento de negociar con los Estados Unidos, asimismo la alianza les inyectará recursos para la supervivencia del régimen con donaciones y convenios multimillonarios.
Más aún, todo ello le permitirá a la dictadura cubana, llegado el caso, la nueva internacionalización del problema cubano bajo el paraguas de dos potencias que son miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.
Por ello, Raúl Castro no duda en cantar en chino ante el presidente Hu Jintao y ha de extrañar que no lo haya hecho en ruso ante el presidente Dmitry Medvedev. Como en aquellos desfiles militares en la Plaza de la Revolución donde se gritaba: ¡¡ Hurra!!, algo tan ajeno a la historia y tradición libertaria de los cubanos.
A Chávez, como antiestadounidense recalcitrante, el regreso de Moscú al área le permite entrar en el juego de la provocación respaldado por una potencia nuclear, a Castro igual, pero lo manifestará de manera más sinuosa como un perro viejo conocedor del terreno. Para Brasil y Perú, países igualmente visitados por el presidente ruso, la presencia del Oso Misha les sirve para atraer la mirada de Estados Unidos a la región mientras desarrollan alianzas más cautelosas. Por su parte, China fiel a la filosofía oriental, realiza movimientos suaves pero expansivos, dándole prioridad al mercado, pero tomando posiciones de importancia estratégica en la zona. Así las cosas, Washington debe evaluar con realismo los cambios que se intentan en la correlación de fuerza en la región y para ello debe llevar a planos prioritarios sus intereses en Latinoamérica pues antes los retos domésticos e internacionales que se avecinan es deseable tener el vecindario en calma y si es posible a favor.
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